Prensa Libre - Edición Electrónica

Guatemala, 26 de junio de 2009

Tipo de cambio

US$1 - Q8.1512
Fuente: BANGUAT

Búsqueda

  

Archivo digital

Tema de dia
Publicidad
Opinión

CATALEJO
Sobre la consulta
de los rectores
Mario Antonio Sandoval

IMAGEN ES PERCEPCIÓNHistoria y honorBrenda Sanchinelli Izeppi

DE MIS NOTASPréstamos macondianosAlfred Kaltschmitt

SIEMPRE VERDELa ola de la muerteMagalí Rey Rosa

VENTANAUna hora históricaRita María Roesch



Especiales
Publicidad

COLABORACIÓNFrancis Wurmser (*)San Josemaría Escrivá

Enviar por e-mail Formato de impresión

La Iglesia Católica celebra hoy la fiesta litúrgica de San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, fallecido en Roma el 26 de junio de 1975. El Papa Juan Pablo II le canonizó en la Plaza de San Pedro, el 6 de octubre de 2002. Asistía un buen número de guatemaltecos a agradecer a Dios lo que ha significado en sus propias vidas, también a través de las diversas iniciativas puestas en marcha en nuestro país, gracias al impulso y aliento constante de San Josemaría. Basta reseñar, entre otras, la labor de promoción social y formación cristiana que realizan Kinal, Junkabal, el Centro Universitario Ciudad Vieja y la Residencia Verapaz.

San Josemaría ha dejado un mensaje de gran riqueza teológica y espiritual. Su predicación encuentra cada vez más eco —explícito e implícito— en documentos del Magisterio de la Iglesia, así como en las obras de muchos teólogos y otros autores. Este mensaje, además, ha calado en innumerables personas de toda condición, provocando una profunda renovación de la vida cristiana. Así lo ha reconocido la Iglesia: «El servicio eclesial de Josemaría Escrivá ha suscitado un impulso ascendente hacia Dios en hombres inmersos en las realidades temporales, de todos los ambientes y profesiones» (decreto pontificio sobre las virtudes heroicas de Mons. Escrivá). Éstos son algunos de los puntos fundamentales del mensaje de San Josemaría Escrivá: amor apasionado al mundo, santificación del trabajo, llamada universal a la santidad, vocación del cristiano corriente al apostolado y unidad de vida.

El mundo es bueno, repetía; todas las realidades creadas, salidas de la mano de Dios, tienen inmenso valor a los ojos de un cristiano. El Fundador del Opus Dei insistió siempre en la necesidad de impregnar los quehaceres y las realidades temporales con el espíritu del Evangelio.

Entre las realidades seculares, que el discípulo de Cristo eleva y dignifica con su vida auténticamente cristiana, San Josemaría destaca especialmente el trabajo profesional. Es con el trabajo y a través del trabajo como el hombre y la mujer se insertan en el mundo, contribuyendo a la evolución y desarrollo de la sociedad. Es, pues, con el trabajo y a través del trabajo como el cristiano corriente puede llevar al mundo el espíritu de Cristo. La profesión, el oficio, es camino de santidad. Por eso, San Josemaría solía condensar el espíritu del Opus Dei —el mensaje de su predicación— en esta breve fórmula: «Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar a los demás con el trabajo».

En íntima conexión con la llamada universal a la santidad, San Josemaría destacó siempre otro principio: todos los cristianos corrientes tienen derecho y deber de hacer apostolado. Para el fiel que vive en medio del mundo descubrir que Dios le invita a ser santo en y por medio de las ocupaciones diarias es a la vez saberse llamado a manifestar a los demás, precisamente a través de la vida ordinaria, que también ellos son objeto de la predilección divina.

Para finalizar quiero glosar brevemente ese gran aporte a la tarea auténtica del cristiano: la unidad de vida. En el cristianismo, amistad con Dios, trabajo, apostolado y el cumplimiento de los propios deberes se funden armónicamente en unidad de vida, expresión con la que el Fundador del Opus Dei resumía gran parte de su mensaje. La propia vida espiritual y el empeño de dar a conocer a Cristo a los demás no se ejercitarán, en el fiel corriente, mediante una dedicación aparte de los deberes ordinarios. La unidad de vida deriva del saberse llamado por Dios precisamente en los quehaceres normales y a través de ellos, que se presentan así como realidades que forman parte de los planes divinos.

*Mons Francis Wurmser, Vicario Regional del Opus Dei en Guatemala

Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos

© Copyright 2009 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio