Guatemala, 29 de junio de 2009

CATALEJOZelaya, la OEA y la democraciaMario Antonio Sandoval

EL QUINTO PATIOFuncionarios de lujoCarolina Vásquez Araya

ARCA DE ESPEJOSEcos de columnasCarlos Aquiles Pinto Flores

ECLIPSECrisis y reforma fiscalIleana Alamilla

TASSOLILOQUIOSMario Benedetti en la Tierra del Quetzal (2)Tasso Hadjidodou

LO QUE EXPRESOJosé Miguel ArguetaLas ideas no se matan
Domingo Faustino Sarmiento,político, pedagogo, escritor, periodista y militar argentino, murió el 11 de septiembre de 1888. En conmemoración se celebra en esa fecha el día panamericano del maestro. Fundó escuelas agrícolas, militares, navales y primarias, trajo a la América importantes colecciones de historia natural del viejo mundo. Promovió los observatorios astronómicos. Quizá su frase célebre “las ideas no se matan” sirve de base para hablar del día del maestro, que en Guatemala se conmemora el 25 de junio.
Los maestros siempre han desempeñado por su vocación, por sus conocimientos, por su deseo de transformar las mentes de sus estudiantes, en gestores de cambio social. Quizá el proceso de voz del pueblo frente a las arbitrariedades ha sido denunciado públicamente por la labor del profesor.
Con los procesos de transformación social, Guatemala se ha convertido en un país pujante en la educación universitaria. La participación que a nivel social tiene en una aldea el profesor egresado de las escuelas normales ha sido paulatinamente reconocida en la función de la universidad cuyos profesores se han convertido con sus ciencias en artífices del cambio social.
La universidad tiene propósitos definidos en la vida social. La universidad está concebida para ser socialmente responsable, sin fines de lucro, apolíticas, procurando que sus egresados satisfagan las necesidades de mercado y no lo sobresaturen.
En las crisis actuales de la sociedad en Guatemala, en todos los ámbitos el papel de las universidades se ha visto envilecido por las actitudes de muchos de las que la dirigen que se han vuelto pillos, soeces, bribones, sinvergüenzas, interesados y alejados de todo propósito de verdadera transformación social.
La medicina no ha alzado la voz propositiva sobre las investigaciones de las enfermedades que vulneran a los ciudadanos. “Infiel a su misión”, como diría Ortega, quiere ser ciencia pura y no una profesión al servicio de la sociedad. Las facultades de Ciencias Jurídicas se han convertido en entes cuya existencia “va en carreta” cuando la delincuencia y el envilecimiento de los abogados va en “potentes automóviles”.
Contra la acción de los que la dirigen, de sus profesores, olvidados en el círculo de la materia que imparten, de muchos de sus rectores y decanos que no comprenden la verdadera misión de la universidad de educar al ser humano, de como dice Ortega “enseñarle la cultura de su tiempo, de descubrirle con claridad el gigantesco mundo presente”.
En junio, que se recuerda la labor del mentor como propulsor de cambio, debe tomarse en cuenta que una sociedad envilecida no puede progresar. Si los académicos son débiles en sus propuestas, en sus investigaciones y sus directores están preocupados por subterfugios con la autoridad, es mejor que se pierda de una vez por toda la confianza en esos entes que pretenden ser los baluartes de la cultura y progreso de Guatemala.
Si la universidad en el país se politiza, si se vende por medio de sus cabildeos en campañas de postulación, que busca por primera vez en la historia de Guatemala la “maliciosa reelección” de magistrados de la Suprema Corte. La universidad hay que vitalizarla, hay que limpiarla de vejestorios envilecidos. La universidad debe enseñar a sus estudiantes a ser hombres cultos y buenos profesionales.
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