Guatemala, 29 de junio de 2009

CATALEJOZelaya, la OEA y la democraciaMario Antonio Sandoval

EL QUINTO PATIOFuncionarios de lujoCarolina Vásquez Araya

ARCA DE ESPEJOSEcos de columnasCarlos Aquiles Pinto Flores

ECLIPSECrisis y reforma fiscalIleana Alamilla

LO QUE EXPRESOLas ideas no se matanJosé Miguel Argueta

TASSOLILOQUIOSTasso HadjidodouMario Benedetti en la Tierra del Quetzal (2)
Mario Benedetti nació en 1920 en Paso de Toros, en Tacuarembó, Uruguay. Al atravesar una difícil situación económica, su familia se traslada a Montevideo y vende gran parte de objetos de valor de su propiedad. Mario estudia en un colegio alemán. A los 13 años empieza a trabajar en contabilidad. Es también vendedor. Un año después le nace “su brutal pasión” por la lectura. En aquella época se vuelve lector compulsivo de libros de edición de bolsillo. En 1939 se va a Buenos Aires, donde hace de todo.
Con el poeta Baldomero Fernández Moreno supo que él podía ser poeta. Dirige sus versos a su gran amor: Luz Lopez Alegre, su futura esposa. Consigue un puesto de funcionario en la Contaduría general de Uruguay, compartiendo otros trabajos para completar su sueldo. Fue victima de tifus, siendo el primer funcionario en caer enfermo.
Agrega su biógrafo: “En 1946, Mario Brenno Benedetti (Yo me llamo Brenno, también mi padre y mi abuelo tenían ese nombre, tengo tíos que se llaman Brenno, en fin, este nombre parece ser nuestro distintivo, como la marca de fábrica) se casa con Luz (Es que casarse con alguien que lleva la luz y la alegría en su nombre parece una buena inversión), a la que había conocido cuando eran niños (Tardé seis años en decírselo y ella, un minuto y medio, en aceptarlo). Benedetti viaja con sus suegros a Europa. Escribe La víspera indeleble. En 1949 escribe su primer libro de cuentos, Esta mañana. En 1953 escribe ¿Quién de nosotros?, su primera novela.
Tendrá que esperar la primera edición de La Tregua (de la que llevan publicadas ciento cuarenta ediciones), obra leída con atención. De momento pasará de puntillas con la crítica”.
Colabora con la revista Marcha. Entonces, sus Poemas de la oficina tienen éxito. Llega 1959 con la Revolución de Cuba. Hoy vive períodos en España y períodos en Uruguay “escribiendo de una forma emocionalmente compulsiva, dando a los lectores verdaderas obras maestras”. Impresionante es el abanico de sus obras que abarca novelas, cuentos, poesía, canciones, crítica literaria, ensayo, teatro y periodismo. Citaré algunas al azar:
NOVELAS: Gracias por el fuego —Primavera con una esquina rota— El porvenir de mi pasado. CUENTOS: Montevideanos —Datos para el viudo. —Con o sin nostalgia. POESÍA: La víspera indeleble —Poemas de otros— El amor, las mujeres y la vida. CANCIÓN: Canciones del Más Acá —A dos voces.
CRÍTICA LITERARIA: Marcel Proust y otros ensayos —El recurso del supremo patriarca— Poetas de cercanías. PERIODISMO: El desexilio y otras conjeturas —Articulario— Los poetas comunicantes.
Por ejemplo, Pedro y el capitán es un libro político, crítico y de eterna actualidad que narra el tenso y dramático diálogo desarrollado en la sala de torturas entre la victima (un detenido político) y el verdugo (un alto responsable de la represión). (Continuará.)
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