Guatemala, 30 de junio de 2009
Opine acerca de una investigación que encontró que presidente Álvaro Colom es uno de los mejor pagados de América, solo detrás del de EE. UU.
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MIRADORLa olaPedro Trujillo

HOMO ECONOMICUSLa dimensión inmoral de la deudaJosé Raúl González Merlo

PUNTO DE ENCUENTROGolpe de EstadoMarielos Monzón

WACHIK’AJHondurasMartín Rodríguez

SIEMBRALa ley es la leyCarlos Enrique Zúñiga Fumagalli

DE MIS NOTASAlfred KaltschmittGorilandia
Con la vista hacia un mar de profundos esmeraldas en Playa del Carmen, en donde me encuentro de vacaciones desde el viernes pasado, escribo esta columna.
Muy temprano me twitearon que se había desatado un golpe de estado en Honduras. Decidí encender la televisión, para enterarme de los acontecimientos que habían culminado con el secuestro del presidente Manuel Zelaya y posterior traslado por la vía aérea a Costa Rica.
El medio noticioso CNN tuvo la primicia de la primera declaración del depuesto presidente. En tono tranquilo y parsimonioso, Zelaya inició su impecable manejo mediático. Con esta acción de ser el primero en salir públicamente a brindar su versión, el presidente Zelaya les ganó la partida diplomática a sus opositores.
Fue evidente que ya había sido instruido por Chávez y Fidel: colocarse como víctima de un golpe de Estado y mencionar en forma superficial que la causa era el haber insistido en seguir adelante con una “simple” consulta popular que no tenía poder vinculante.
Al manejo mediático y diplomático lo coronaron las declaraciones de los embajadores de Honduras y Venezuela en la OEA. Sus discursos fueron determinantes para promover la condena al golpe y el respaldo unánime de toda la Asamblea.
El embajador de Venezuela Roy Chaderton llegó al extremo de acusar al ex diplomático estadounidense ultraderechista Otto Reich de estar involucrado en el golpe en Honduras.
A los pocos minutos pidió la palabra para informar que los embajadores de Nicaragua y Venezuela en Honduras habían sido secuestrados también.
Esta información fue la gota que derramó el vaso y logró transmitir al mundo que los golpistas eran militares retrógrados que habían retrocedido la historia medio siglo a las épocas de los gorilas golpistas.
Logrado el respaldo de la OEA, Zelaya promovió una conferencia de prensa a la cual asistió el presidente Arias, de Costa Rica. A partir de ese momento Honduras se convierte en un Estado paria sin reconocimiento internacional.
Me llamó la atención el poco entendimiento político de los periodistas presentes en esa conferencia. Sus preguntas denotaban una ignorancia absoluta de las causas detonantes de la crisis.
Solo una periodista tica le preguntó a Zelaya en forma un tanto confusa las razones de no haber acatado las órdenes del Tribunal Supremo Electoral y del propio Congreso hondureño de no llevar a cabo la consulta.
Zelaya evadió la pregunta y se fue por la tangente diciendo que la consulta no era vinculante y “nadie podía coartar el derecho del pueblo de pronunciarse si aceptaban una cuarta urna en las próximas elecciones. No hubo un solo periodista que disputase esta respuesta.
La crisis se veía venir desde hacía meses. Zelaya estaba tratando de hacer un “copy paste” de lo que ya han hecho Chávez, Correa y Morales en sus países para perpetuarse en el poder vía las enmiendas constitucionales que permitan su reelección y el manejo de su base populista.
La oposición cometió errores de manejo absurdos. No había necesidad de llevar a cabo el golpe de Estado. No había necesidad de secuestrarlo y sacarlo del país.
Podrían haber logrado la destitución de Zelaya acusándolo de desacato constitucional, con el respaldo del Congreso, y la posterior elección de un sucesor. Esta situación habría evitado la involucración de la OEA.
Golpes de Estado a estas alturas, un absurdo que sienta un precedente peligroso.
alfredkalt@gmail.com
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