Guatemala, 7 de mayo de 2009
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Estamos ya a escasos días del Día de la Madre, oportunidad que los comercios vienen recordándolo desde hace algunas semanas. Licuadoras, vajillas, promociones especiales en salones de belleza y clínicas de reducción de peso, ropa, zapatos, ¡hasta “impermeabilizado de techos para que la madrecita del hogar no sufra de goteras”! Dios mío, ¡estamos siendo alienados con la publicidad y el consumismo!
Y en medio de estos anuncios superfluos, que nada tienen que ver con celebrar el verdadero valor de las madres, sino únicamente con alimentar el consumismo, encuentro este mensaje de una madre, que, en Guatemala, no es una madre especial, ni excepcional, ni fuera de serie, porque representa la forma de vida de miles de mujeres en nuestro país.
No es una madre especial, pues bien podría ser cualquiera de las madres y padres a la vez. No es una madre excepcional, pues en la mitad de los hogares de nuestro país, la mujer es la cabeza del hogar ante la ausencia de los padres, por violencia, por búsqueda de mejores oportunidades en otros países, o simplemente por irresponsabilidad. No es una madre “fuera de serie”, pues representa a la mujer guatemalteca con escasas oportunidades de educación; que, aunque nunca pusieron un pie en las aulas, están convencidas que la educación de sus hijos es el mejor legado para ellos.
Sin embargo, al igual que la mayoría de madres, diariamente da la vida por sus hijos. Es una madre luchadora. Y eso la hace un ser singular y único. Éste, queridos amigos, es el verdadero valor de una madre.
“Tengo 47 años, soy madre de siete hijos, de los cuales tres ya se casaron, y les estoy dando estudio a mis otros hijos. Mi esposo nos abandonó desde hace 11 años, y yo siempre trabajo de lavar y planchar en casas ajenas, con tal de darles estudio, que es la mejor herencia que les puedo dejar. Tengo a un hijo que este año se gradúa y me siento feliz, porque soy una madre luchadora siempre.
Mis manos están llenas de bolas por tanto lavar y planchar en casas ajenas: cargo los zapatos rotos, pero no me importa con tal de llevarles alimentación y educación a mis hijos.
Vivo en una casita de lámina y cartón, y estoy segura que este invierno ya no va a aguantar, porque la madera y el nylon están podridos. Con la ayuda de Dios mi casa está levantada, pero con el aire fuerte se mueve. Por eso quisiera que nos ayuden para mejorar la casa y que aguante las lluvias. También pedimos a las personas de buen corazón que nos puedan ayudar con algunos víveres y ropa usada”.
¿Qué tal si en este Día de la Madre realmente celebramos a una mujer luchadora? ¿Qué tal si, por una vez en su vida, alguien reconoce todo su esfuerzo?
Si usted quiere ayudarla, y celebrarla en este día tan especial, por favor llame al teléfono 2412-5600 de la Redacción de Prensa Libre, donde se le proporcionarán sus datos personales y la dirección. Lo que se pueda compartir con ella será de bendición, y Dios se lo compensará grandemente.
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