Guatemala, 4 de noviembre de 2009
Por María del Rosario Molina
10:09 | 03/11/2009
Un amigo acaba de leer El silencio de los justos, la última novela histórica de Francisco Pérez de Antón, y la narración le encantó.
Pero -los peros nunca faltan- me comentó que le parecía “raro” que hubiera un tintero de “peltre” entre los enseres de escritorio de una señora. Y, claro está, mi amigo es chapín y cree, como todos mis conterráneos, amén de los mexicanos y me parece que los centroamericanos, que peltre es el esmalte vidriado y generalmente celeste con puntos blancos, aunque ahora se usa blanco con diseños de frutas o verduras para que se vea “más artístico”, que recubre las ollas, sartenes y demás utensilios de cocina fabricados de hierro (enamelware). Y no, qué va: Ese recubrimiento que con el tiempo se descascara y saca a relucir el metal no es peltre. En verdad, no tengo ni una mínima idea de cuándo entraron tales utensilios esmaltados a nuestros países (su uso se extendió en el siglo XIX en EE. UU.) ni de dónde salió el bautizo equivocado, pero sí sé que incluso algún conocido historiador guatemalteco lo ha confundido con el auténtico peltre.
El verdadero peltre ya se usaba en la antigua Roma. Es una aleación de estaño, cinc y plomo que equivale a “pewter” en inglés, “peltro” en italiano (término que dio origen al viejo francés “peautre”), “peltre” en portugués, “spelter” en alemán y “etain” en francés. Tiene un color plateado levemente más oscuro que la alpaca (llamada también metal blanco y plata alemana) y es menos brillante que la plata. El antiguo sirve únicamente de adorno, aunque actualmente se hacen aleaciones sin plomo. Tiempos hubo, no obstante, en que se usó en los servicios de té y vajillas, y no pocas personas sufrieron de envenenamiento saturnino por lo que se le exilió de las cocinas y comedores. En las postrimerías del siglo XIX era común que los tinteros fueran de peltre, plata o alpaca.
Hace ya años descubrí a fuerza de romper las ollas, las sartenes (sartén tiene género femenino) y demás “trastes” de la cocina, cuyo uso para mí es indescifrable, la adecuada utilización de “peltre” y de “hierro esmaltado” (enameled iron), y después la publiqué en una columna pero como explicar el buen uso de las palabras es “arar en el mar”, aquí sigue confundiéndose uno con otro. Por si fuera poco, el “descubrimiento” me costó ser una ignorante del arte culinario, pues mamá, más pragmática que amante del bien decir, encolerizada al ver los desaguisados que hice por mera curiosidad científica, me largó de la cocina de mala manera y para siempre. Por eso cuando me casé no sabía ni siquiera hacer huevos fritos, aquí “estrellados”.
Francisco, español de pura cepa y guatemalteco de corazón, se ha dedicado con ahínco a estudiar nuestra historia, lo que incluye costumbres, habla, y mucho más de las épocas que retrata. Lo raro sería que incurriera en un error. Y utilizó el término “peltre” como Dios manda que lo usen los buenos escritores.
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