Esa época fue dura. No teníamos
pizarrones, cuadernos, ni lapiceros. Buscábamos un pedazo de
tierra plano y los patojos hacían una rueda. Con los dedos escribíamos
palabras y números sobre el piso. A veces era bajo los árboles.
Cuando llovía, nos protegíamos con un nylon. Esto fue
en 1982 y 1983, señala el profesor Juan Pascual.
|
Juan Pascual educó en Ixcán y en los campamentos
de México.
|
Dispersos entre las montañas del país,
unos 600 maestros, cumplen con un oficio que aprendieron en la selva.
Sus primeros pizarrones fueron la tierra, troncos y hojas de árboles,
y sus alumnos los hijos de los desplazados de las Comunidades de Población
en Resistencia, CPR, y los refugiados en los campamentos en México.
El conflicto armado interno obligó a miles
de familias a huir a las montañas del país y a los estados
del sur de México a inicios de la década de 1980. Uno
de los primeros dilemas de esas comunidades fue: ¿Qué
hacemos con la educación de nuestros hijos, señala
Pascual, quien en 1982 inició su apostolado en las CPR de Ixcán.
Pascual recuerda que las familias realizaron asambleas
en el corazón de las montañas, para nombrar a sus maestros.
En éstas seleccionaron a los adultos que habían logrado
mayor grado de escolaridad. Durante 1982 y 1983 enseñaron a los
niños a leer y escribir, y a los que ya sabían, trataron
de educarlos sin tener programas de estudio, ni pénsum definidos.
Sin nada
Eran escuelas móviles porque íbamos
de un lado a otro. Todo dependía de los movimientos del Ejército.
En nuestros ratos libres compartíamos nuestras experiencias y
planificábamos lo que podíamos enseñar a los niños
el siguiente día. Tratábamos de recordar lo que habíamos
aprendido en ese grado, agrega Pascual.
Se hacía lo que se podía,
dice. El envés de las hojas de maxán (que es blanco) le
servía como pizarrón. En ellas escribía con un
palillo con punta. Otras veces, utilizaba la corteza lisa de algunos
árboles. En sus mejores días, Pascual escribió
sobre las tablas que se salvaban de los ranchos incendiados y en lugar
de yeso, empleaba carbón. Cuando la lección había
terminado, borraba con un trapo mojado.
Nicolás Escalante Lucas fue testigo de esta
historia, como padre de familia. Fue terrible. No tenían
materiales. Para matemáticas utilizaban piedras, frutas o semillas.
Los maestros escribían sobre un tronco de Palo de San Juan y
apuntaban con palillos. Fue hasta 1988 cuando principiaron a llegar
útiles escolares, señala.
En el sur de México
Los que se refugiaron en los campamentos de Chiapas,
Quintana Roo y Campeche vivieron una experiencia similar, aunque menos
dramática. El proceso para nombrar a los maestros fue el mismo
que utilizaron los desplazados de las CPR.
Durante 1982 y 1983 impartieron clases sin apegarse
a programas de estudios. Sin embargo, tuvieron el apoyo de varios organismos
estatales mexicanos e internacionales, así como del obispo de
Chiapas, monseñor Samuel Ruíz.
De pizarrón utilizaban tablas pintadas
con carbón de batería de carro y de yeso barras de cal,
dice Luis Zapata, administrador financiero de la Asociación de
Maestros de Educación Rural de Guatemala, AMERG, organización
que en México se conocía como Unión de Maestros
Educativos Guatemaltecos Refugiados en México, UMEGREM.
|
Adelaida Alcántara fue educada por promotores en los campamentos
de México, actualmente imparte clases en la comunidad de
retornados Nuevo México, San Vicente Pacaya, Escuintla.
|
La cantidad de menores en edad escolar obligó
a los promotores educativos a dedicarse de lleno a la enseñanza.
Para poder sobrevivir, los padres de familia se organizaron y periódicamente
entregaban raciones de víveres a los educadores. Otras veces,
los padres trabajan las parcelas que el gobierno mexicano le había
dado a los docentes.
Historia viviente
A partir de 1984 la educación fue sistematizándose.
Los promotores educativos integraron sus propios contenidos. Estudios
Sociales era la materia que más discusión causaba en las
clases, debido a la temática. Según Pascual, en este curso
se estudiaba la historia real del refugio. Los niños se
preguntaban: ¿Por qué estamos, y qué hacemos aquí?,
entonces nosotros les explicábamos las masacres que vivíamos
en carne propia, relata.
En Matemática utilizaban los recursos didácticos
que tenían a la mano: palillos, granos de maíz y frijol,
frutas. En Ciencias Naturales se estudiaban las plantas, la reproducción
humana, los sistemas y aparatos, y los climas.
En preprimaria, castellanizaban (los alumnos hablaban
idiomas mayas de diferentes regiones) usando como método la música.
Les enseñábamos los cantos que sabíamos y
a la vez aprendíamos los que ellos conocían, explica
Pascual.
La jornada era de 8 a 12 horas, y de 13 a 17 horas.
Los grupos en cada grado eran de 70 a 130 estudiantes. A raíz
de esto tuvieron que hacer dos jornadas. Después de las 17 horas
se reunían para planificar nuevos contenidos. No conocíamos
métodos de enseñanza, pero estas reuniones nos ayudaron
mucho, señala.
Capacitación
La vocación docente motivó en estos
educadores el interés de capacitarse. Este proceso se inició
en 1984 y terminó en 1986, cuando egresó la primera promoción
de Promotores de Educación. El proyecto se llevó a cabo
con el apoyo de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, Comar.
Los talleres y seminarios que les impartieron los pedagogos mexicanos
les dieron la oportunidad de aprender planificación, metodología
y evaluación educativa. También los dotaron de libros
de texto de autores guatemaltecos y mexicanos.
| Por necesidad |
|
Para atender a la población en edad
escolar, las comunidades nombraron a sus propios maestros. Fue
así como nacieron los promotores de educación.
La historia de los promotores educativos
tiene como punto de partida las CPR y los campamentos de refugiados
en México, en 1982 y 1983, cuando estas poblaciones se
organizaron para dar educación a sus hijos.
Los educadores iniciaron su capacitación
en México, con el apoyo de entidades como la Comisión
Mexicana de Ayuda a Refugiados, Comar; Secretaría de Educación
Pública, SEP; Instituto Nacional de Educación de
Adultos, INEA; Iglesia Católica de San Cristóbal
Las Casas, Chiapas y ONGs que funcionaban en México.
En la Comisión Permanente
de Educación, de la Asamblea Consultiva de Población
Desarraigada, ACPD, se encuentran agremiados 1,296 maestros rurales.
De ellos, solamente 500 se formaron en las montañas.
La mayoría de los ahora maestros
rurales pertenecen a las etnias q'eqchí, q'anjobal, mam,
poptí, quiché, chuj, ixil; el 25 por ciento del
personal docente está integrado por mujeres.
|
Después de varios años de gestiones,
los docentes lograron obtener financiamiento de la Unión Europea,
UE, para llevar a cabo el Programa de Profesionalización de Promotores
de Educación. En el 2000 se graduaron los primeros 72, y el año
pasado lo hicieron aproximadamente 132.
"Adicionalmente, la Fundación Rigoberta
Menchú y el Programa de Desarrollo Santiago, han formado otros
promotores", indica Pascual. En la actualidad,
estos educadores se encuentran impartiendo clases en varios departamentos,
como Huehuetenango, Quiché, Chimaltenango, Petén, Alta
Verapaz, Escuintla, Suchitepéquez y San Marcos.
Semillas
El trabajo educativo de estos mentores cayó
en buena tierra. Varios de sus discípulos siguieron sus pasos.
Moisés Pablo es uno de ellos. Actualmente imparte sus conocimientos
en la escuela de la comunidad de retornados Nuevo México, en
San Vicente Pacaya, Escuintla.
No olvida a sus formadores en los campamentos de
San Isidro La Laguna, Quintana Roo, México. En segundo
primaria me dio clases Juan Recinos, en tercero, Pedro Ramírez...
en sexto Alberto Cristóbal. Eran promotores que no tenían
título, pero nos sacaron adelante, relata.
Adelaida Alcántara es compañera de
trabajo de Pablo. Ella concluyó sus estudios primarios en 1992,
en la escuela del campamento Los Laureles, Campeche, México.
Cuenta que desde 1996 imparte clases. Principié a trabajar
sin tener título debido a la necesidad que existía,
dice.
Tanto Pablo como Alcántara terminaron los
estudios de Nivel Básico a través del Instituto Guatemalteco
de Educación Radiofónica, IGER, (educación abierta).
En el 2000 ingresaron al Programa de Profesionalización y en
noviembre del 2001 se graduaron.
El proyecto que se inició en México
ha funcionado en las comunidades de retornados. Helmer Velásquez,
coordinador del Foro de ONGs, opina que este modelo debería implementarse
en otras partes del país. Las comunidades deben elegir
a sus maestros, apunta.
Lea también:
El ciclo vicioso del monocultivo