Chanel es quizá la marca francesa más
famosa del mundo. Coco Chanel, su fundadora, sigue siendo un icono de
la moda y el perfume No. 5 es la fragancia más vendida que haya
existido. Karl Lagerfeld, el diseñador de Chanel desde hace 19
años, es la personalidad más citada y fotografiada de
la alta costura.
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La moda y perfumería, de Chanel se exhiben en las mejores
tiendas y pasarelas.
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Pero a pesar de tanta celebridad, es poco lo que
se comenta y se sabe de los dueños de esta compañía,
la familia Wertheimer, que controla la mayoría de acciones de
Perfumes Chanel desde 1924.
"Somos discretos", le dijo Gérard
Wertheimer, uno de los dos hermanos que ahora llevan las riendas de
la empresa a la editora de cultura del New York Times. "Aquí
se trata de Coco Chanel, de Karl, de la gente que trabaja y crea Chanel.
No de los Wertheimers".
Esa actitud contrasta con la de los empresarios
de la moda, que han querido robarle cámara a los diseñadores.
Pero los Wertheimer no caen en ese juego. No revelan sus números
de ventas y no asisten a los lanzamientos de tiendas o productos Chanel.
Si mucho, van a los shows de moda, pero suelen llegar de sorpresa, manejando
ellos mismos un discreto Renault y se sientan en tercera o cuarta fila.
Tampoco conceden entrevistas, ni a los medios más
importates, para hablar acerca de Channel.
Los Wertheimers le huyen a la fama, pero los negocios los atraen. Bajo
el mando de Gérard y Alain, el imperio Chanel se ha puesto al
día y se ha expandido hasta recuperar un lugar que está
a la altura de la leyenda de su fundadora.
Lujos en silencio
Según la revista Forbes, el patrimonio de
la familia Wertheimer es de cinco billones de dólares. Gérard
y Alain poseen una valiosa colección de arte con piezas de Picasso,
Matisse, Rousseau y otras obras de Asia que engalanan sus ocho casas
y sus oficinas ejecutivas. Hasta hoy, nunca han permitido que las obras
sean fotografiadas.
Alain es esbelto y más bien cínico.
Vive en un amplio apartamento en la Quinta Avenida de Nueva York junto
a su esposa Brigitte y sus tres hijos. Tiene una casa de campo en Connecticut
y a pesar de que nada en dinero, no duda en subirse al metro para recorrer
Manhattan.
Gérard, en cambio, es menudo, callado y
más amigable. Con su esposa Valérie y dos hijos adolescentes,
llevan un tren de vida similar. Residen en la exclusiva zona de Vandoeuvres,
en Ginebra, y son celsosos de su privacidad. A la pareja no se le ve
en restaurantes o en las reuniones de la alta sociedad.
Cuando los herederos de Chanel van a París,
se abstienen de ir a la ópera, a pesar de ser grandes fanáticos
de la música. "Cada año los veo en el Arco del Triunfo,
durante las carreras de caballos, pero no salen mucho, aún cuando
se trata de asuntos relacionados con Chanel. Es un poco extraño",
dice el editor de la revista Vogue en París.
A los Wertheimer les gusta vivir como los viejos
aristócratas, con lujos pero en silencio. Su círculo de
amigos es reducido. Sus grandes pasiones son el tiro, los caballos,
los vinos finos, coleccionar arte y esquiar en su chalet en los Alpes
Suizos.
Cuando están en Nueva York, suelen almorzar
en el comedor de la empresa. Prefieren los menús livianos: sopa
en el invierno, mariscos en el verano.
Silenciosos pero diligentes, Alain en Nueva York
y Gérard en Ginebra, manejan el imperio familiar. Durante 28
años, Alain ha hecho crecer la industria de la moda, creando
otras empresas para ampliar su emporio: pistolas, salones de belleza,
fábricas de trajes de baño y lencería, relojes.
Más allá de fabricar carteras de mano, Alain dice "nuestro
negocio es vender placer. Vendemos sueños".
Y su silencio también es parte de una estrategia comercial. Prefieren
ser anónimos y que las estrellas sean sus marcas. Esa es la forma
en que las empresas Chanel se han manejado desde el tiempo de su abuelo
Pierre.
El fundador
Los Wertheimers tienen sus raíces en la
Alemania medieval. Ernest, el padre de Pierre, llegó a París
en 1870. Su primer negocio fue una compañía que fabricaba
maquillaje para teatro. Para 1920, sus hijos Pierre y Paul, lo habían
convertido en la mayor compañía de maquillajes y fragancias
en Francia.
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Los hermanos Wertheimer en uno de los desfiles de Chanel. Alain,
al fondo y Gérard, en el centro, han convertido en un imperio
la empresa que heredaron.
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Pierre era aficionado a los caballos, un gusto
que heredó Gérard, quien actualmente se encarga de la
crianza de la familia, que en 1995 era de 120 especímenes pura
raza repartidos en diferentes ciudades del mundo.
Los caballos son parte importante de la historia
familiar, pues fue en una carrera en donde Pierre conoció a Coco
Chanel.
Chanel nació en un hogar pobre y creció
en un orfanato. Se convirtió en la propietaria de las tiendas
Mondaine y en 1922 creó junto a Ernest Beaux, la fragancia No.
5, llamada así por ser el número de la suerte de Chanel.
El perfume fue un éxito, pero la producción
era limitada. Théophile Bader, propietario de la cadena de tiendas
Galéries Lafayette, estaba interesado en vender el perfume y
fue así como reunió a Chanel con Pierre Wertheimer.
Los tres hicieron una negociación en donde
Wertheimer fabricaría la fragancia en sus laboratorios y recibiría
a cambio el 70 por ciento de las ventas. El dueño de las tiendas
se quedaba con el 20 por ciento y Chanel se conformaría solamente
con un 10 por ciento.
Tras el éxito de la fragancia, Chanel se
sintió estafada y puso varias demandas legales para recuperar
el control de su perfume, al punto que los Wertheimer contrataron a
un abogado para que se ocupara específicamente de los reclamos
de Mademoiselle.
En tiempo de los nazis
Cuando los nazis invadieron París, en 1940,
Pierre y su hermano Paul se trasladaron a Nueva York. Enviaron a un
emisario, Gregory Thomas, con una misión especial: obtener la
fórmula original de Chanel No. 5 y sus ingredientes principales.
Mientras, las tiendas de Chanel cerraron. Su fundadora
siguió viviendo frente al Hotel Ritz, que se convirtió
en el cuartel del Reich. La diseñadora no tardó en iniciar
un romance con un oficial nazi. Creyendo que podría recuperar
el control de su compañía, Chanel declaró que sus
empresas habían sido abandonadas.
Pero los Wertheimer fueron más astutos.
Adquirieron el cincuenta por ciento de una compañía que
se dedicaba a la venta de aviones alemanes, asociándose con un
proveedor de armas. Con ello, se libraron del acoso de los nazis. Chanel
perdió la batalla, fue arrestada por la resistencia y se salvó
de morir ejecutada. Más tarde se trasladó a Suiza, en
donde prosiguió su lucha contra los Wertheimer, amenazando con
que sacaría al mercado su propia fragancia: Mademoiselle Chanel
No. 5.
En 1953, cuando Chanel tenía 70 años,
se reencontró con Pierre Wertheimer y llegaron a una nueva negociación:
en lugar del 10 por ciento que recibía por las ventas en Francia,
le ofrecieron el 2 por ciento de las ventas a nivel mundial y los derechos
para producir sus propias fragancias, pero sin el No. 5.
En 1953 las ventas del No. 5 comenzaron a bajar
. Otra vez, el arreglo entre Pierre Wertheimer y Chanel cambió.
Decidieron que: la familia pagaría la casa, los gastos y los
impuestos de Chanel por el resto de su vida; a cambio ella cedía
los derechos de su nombre para los perfumes y la moda.
Altas y bajas
Grandes personalidades le dieron fama a la marca
Chanel. Marylin Monroe dijo que lo único que se llevaba a la
cama eran unas gotas del No. 5 y Jacqueline Kennedy sobrevivió
al atentado contra su esposo en un traje sastre rosado de la marca Chanel.
Pero a pesar de la popularidad de la casa de modas, las finanzas se
mantenían estáticas. La razón sin duda era Jacques
Wertheimer, el hijo de Pierre que tomó el control de las empresas
cuando éste murió en 1963.
Jaques no estaba muy interesado en los negocios:
él prefería hacerse cargo de los caballos .
La situación se tornó más difcíl cuando
Jaques perdió lentamente sus capacidades mentales. En 1974, cuando
la empresa atravesaba una de sus peores crisis, Alain, el hijo de Jaques,
de 25 años, pidió el control de la compañía
familiar.
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El diseñador Karl Lagerfeld ha sido el cerebro creativo
de Chanel desde 1980. Los Wertheimer nunca han interferido en
su trabajo y diseña con plena libertad.
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Tenía poca experiencia en los negocios,
pero pronto visualizó cuáles eran las medidas más
urgentes que debía tomar. Comenzó por rediseñar
la distribución, quitando el Chanel No. 5 de los escaparates
de las farmacias y asegurándose de que se vendería sólo
en tiendas de lujo con una nueva línea de cosméticos Chanel.
En 1978, Chanel introdujo su primera colección
masiva de pret á porter, diseñada por Phlippe Guibourgé.
En 1980, Alain contrató a la publicista
Kitty D'Alessio para que manejara la rama norteamericana de Chanel.
La ejecutiva entendió lo que la empresa necesitaba para mantenerse
actualizada en un mundo tan cambiante como el de la moda. La solución
era un nuevo diseñador, y no dudó en elegir a Karl Lagerfeld,
un profesional de la moda brillante y con gran sentido de la modernidad.
La misión de Lagerfeld era resucitar la
alta costura de Chanel , y con ella a Coco Chanel. Para lograrlo, basó
sus diseños en fotos famosas de la diseñadora. Temporada
tras temporada, continúa diseñando ropa contemporánea,
pero la base de toda la línea Chanel sigue siendo la chaqueta
de lana inventada por su fundadora en 1925.
El mismo Lagerfeld ha dicho que en el negocio de
Chanel, hay una persona divina: Alain Wertheimer. "Si no fuera
por él, esto nunca habría funcionado", asegura el
diseñador. Ambos hicieron un pacto que le permite al diseñador
hacer lo que quiere, aún cuando las ideas políticas o
comerciales sean opuestas. Un aspecto que refleja la estrategia de negocios
de los Wertheimer.
Buenos tiempos
En la última decada, Chanel ha seguido creciendo.
En 1996, introdujo el perfume Allure, una colección deportiva,
una línea de relojes y y una línea de joyería fina
que se vende en las 200 butiques de Chanel y otras tiendas.
A pesar de que la línea de cosméticos
y perfumes tienen una extraordinaria demanda, el crecimiento de las
ventas ha bajado en los últimos años, mientras Prada y
Gucci dominan el mercado.
Los Wertheimer buscan ahora a un coordinador corporativo
que reclute talentosos diseñadores para suceder a Lagerfeld cuando
este decida dejar la compañía.
Como dice el presidente de la federación
francesa de moda, Didier Gambach: "Diseñadores vendrán
y se irán, pero Chanel siempre será Chanel y los Wertheimers
siempre estarán detrás de ella".