Entrevista

José Ramos Horta: “Independencia es mejorar el nivel de vida de la gente”
En 1996, José Ramos Horta recibió el Premio Nobel de la Paz por las acciones emprendidas en la búsqueda de la libertad de Timor Oriental, una pequeña isla asiática cercana a Australia que estuvo en manos de portugueses, japoneses y, recientemente, bajo el dominio de Indonesia.

Por: Nancy Avendaño
Fotografía: Gustavo Montenegro

Durante más de 30 años Ramos Horta concienció y recordó permanentemente a la comunidad internacional el atropello y la violación sistemática que sufría su pueblo.

Actualmente, Timor Oriental es un país independiente y Ramos Horta es el Canciller de esa nación, la cual será desde el 27 de septiembre un miembro más de la Organización de Naciones Unidas, ONU.

Por más de 30 años, José Ramos Horta luchó por la independencia de Timor Oriental.

En esta entrevista, el Premio Nobel explica el rumbo que su país sigue para consolidar la paz y comenta el proceso emprendido por Guatemala para alcanzar ese mismo fin.

—¿Cómo analiza la situación de discriminación y exclusión que vive el pueblo maya?

—Lo acontecido a los indígenas de todo el mundo —Canadá, Estados Unidos, Australia y otros países de América Latina— toca profundamente nuestra condición de ser humano. No es posible aceptar que la discriminación y violencia sigan presentes en muchas comunidades indígenas del mundo. Sin embargo, en el caso de Guatemala el pueblo maya tiene una lideresa muy importante: Rigoberta Menchú, a quien yo admiro profundamente. A través de ella he conocido la situación de los derechos humanos y la lucha por la democracia en Guatemala.

—¿Y cuál es su opinión al respecto?

—Sé que hubo un período muy optimista entre 1996 y 1999, luego de la firma de los Acuerdos de Paz, y que ahora existe un aparente retroceso e interrupción a ese proceso. Sin embargo, estoy optimista, pues Guatemala cuenta con buenas voluntades. Dejar las armas no es fácil y resulta complejo transformar completamente todas las estructuras de seguridad, así como acabar con la pobreza. Por eso se necesita coraje, determinación y optimismo para continuar en la construcción de la paz. Para Guatemala es positivo haber puesto fin a los regímenes militares y haber entrado a otros democráticos. En este país aún hay fallas, pero es necesario tener optimismo. Con gente como Menchú que sigue planteando la situación a nivel mundial y con el apoyo de la comunidad internacional es posible hacer las reformas necesarias, poner fin a la violencia e ir anulando gradualmente el poder de los militares.

—¿Qué lo motivó a luchar durante más de 30 años por la independencia de su país?

—Nunca he creído en ideologías, ni de derecha ni de izquierda, pues aseguran tener la respuesta para todos los males de la humanidad y la verdad en sus manos. Tampoco me guío por dogmas. Para mí, lo más importante, lo que me llevó a luchar con convicción por la independencia es el anhelo de justicia, el poner fin a la violencia, a la impunidad, el decir no a los violadores de derechos humanos, y sí a la vida y la dignidad.

—¿Cómo puede hacerse realidad esa visión de nación?

—Nunca he querido un Estado utópico socialista o que Timor sea un paraíso capitalista. Yo soy pragmático y realista. Sé que la lucha contra la pobreza es dura y difícil, pero posible de ganar. Para ello, debemos movilizar buenas voluntades y obtener recursos de países amigos. No hay que considerar a todos los ricos como enemigos, sino hacerles ver que ellos no pueden ser ricos si no tienen la generosidad y el pragmatismo necesario para saber que si hay mucha pobreza, habrá inseguridad y violencia. Lo que quiero decir es que debe existir alianzas entre todas las fuerzas de un país, entre los que tienen y los que no tienen nada, para mejorar en conjunto la vida de todos y encontrar los caminos y medios para la paz.

—¿Qué significa para usted y para su pueblo que dentro de cinco días Timor Oriental ingrese oficialmente a la ONU como un país independiente y autónomo?

—Es la conclusión de un proceso histórico que empezó con la colonización portuguesa, siguió con la ocupación japonesa, durante la Segunda Guerra Mundial, y, más recientemente, con la invasión de Indonesia. Por eso nuestro ingreso a la ONU es un logro del que nos enorgullecemos, pues finalmente conquistamos un lugar en la comunidad mundial de las naciones.

—Alcanzado ese objetivo, ¿qué queda por hacer en su país?

—Nuestra independencia es sólo un capítulo más en la búsqueda de la paz. Ahora tenemos que empezar una ardua lucha contra la pobreza, el analfabetismo y en favor de la justicia social, porque independencia no es solamente lograr el ingreso a la ONU o tener una bandera, un himno nacional y una constitución. Es también, y sobre todo, corresponder a las expectativas de los habitantes y mejorar su nivel de vida.

—¿Pero eso no ha sucedido en muchos países que se dicen independientes?

—Si se hace un balance de lo vivido por la mayoría de las naciones latinoamericanas y las excolonias africanas, se podría decir que únicamente ha habido una sustitución de un árbitro por otro; de una elite por otra. En general, los pueblos indígenas siguen oprimidos, aunque eso lo pueden decir con más propiedad los guatemaltecos. Sin embargo, en Timor sólo llevamos tres meses de estar en libertad. No obstante, estamos decididos a promover la distribución equitativa de la riqueza. Pedimos la generosidad de nuestro pueblo y del mundo entero para que nos den cinco años de plazo. Luego, haremos un balance y entonces sabremos si valió la pena el sacrificio para obtener la independencia de nuestro pueblo.

—¿Vale la pena alcanzar la independencia a base de muerte y destrucción?

—Para mí no hay causa política, ideológica o religiosa que pueda justificar intelectualmente una sola muerte. No creo en la posibilidad de hacer valer un derecho matando a la gente. Sin embargo, más que dar una respuesta definitiva a esa interrogante puedo asegurar que quienes sobrevivimos a la tragedia tenemos la obligación de sacar adelante a nuestro pueblo.

—¿Cómo?

—Si en diez años no hay hambre en Timor, si hemos forjado un estado de Derecho, si gozamos de tribunales independientes, de libertad de prensa y ausencia de corrupción, entonces podremos asegurar que no traicionamos a quienes murieron, perdieron a sus padres o a las mujeres violadas. Si en ese tiempo no hemos terminado con esos males, yo también diré que perdimos y que desperdicié muchos años de mi vida haciendo campaña para hacer de mi pueblo un país libre.

Dos Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú y José Ramos Horta, se reunieron en Guatemala durante un encuentro juvenil.

—¿Qué podría marcar la diferencia entre Timor y otras naciones que no han podido revertir situaciones de opresión y exclusión?

—Que nosotros tenemos un compromiso profundo —moral y ético— para resolver los problemas de pobreza existentes en Timor. También, determinación para hacerlo. De hecho, ya hemos adoptado una estrategia nacional de desarrollo sostenible, la cual está basada en miles de consultas a diferentes sectores del país. La estrategia cuenta, además, con la simpatía de la comunidad de donadores, quienes nos apoyarán durante tres años con más de 300 millones de dólares para echarla a andar.

—¿Es eso suficiente?

—No. Otra de nuestras ventajas es que somos pocos —800 mil habitantes— y que contamos con riquezas potenciales como el petróleo y el gas natural. En dos años, ambos productos estarán generándonos cientos de millones de dólares anuales, los cuales destinaremos al presupuesto nacional. Además, con la política en favor de los pobres vamos a generar empleo y al mismo tiempo a consolidar las instituciones democráticas del país.

—¿Qué opinión le merecen las acciones de Estados Unidos en contra del terrorismo?

—A esa interrogante responderé planteando algunas preguntas que yo me he hecho muchas veces. En portugués hay un dicho que dice: “Preso por tener un perro y preso por no tener un perro”. ¿Qué significa esto?, pues que los Estados Unidos siempre han sido señalados por lo que hacen. Por ejemplo, fueron criticados cuando Clinton se negaba a intervenir Bosnia y también cuando lo hizo. Lo mismo sucedió en el caso de Kosovo y otros más. ¿Era moral o inmoral la intervención americana durante la Segunda Guerra Mundial que terminó con el holocausto judío? ¿Era ético no intervenir Afganistán mientras los rostros de miles de mujeres eran desfigurados con ácidos por negarse a usar la burca.

—Yo prefiero no aceptar lo que es convencional para las ONG's y para los grupos de izquierda, quienes aseguran que todo lo que hace los Estados Unidos es incorrecto. Yo estoy contra la violencia, pero reconozco que en Timor aceptamos la intervención con uso de fuerza para acabar con el genocidio de nuestro pueblo. Si no hubiera habido una intervención militar armada, mandada por el mismo Consejo de Seguridad de la ONU, yo no estaría aquí, libre. Por eso quiero pasar ese dilema planteado a ustedes, porque nada es blanco o negro.

En Guatemala

Recientemente, José Ramos Horta estuvo en Guatemala participando en un encuentro de jóvenes por la paz, junto a la guatemalteca Rigoberta Menchú.

• La actividad se realizó con el apoyo de la Fundación Rigoberta Menchú, la Asociación Cristiana de Jóvenes y el programa Peace Jam.

• Los encuentros buscan animar y motivar a la juventud guatemalteca a emprender nuevos caminos en la búsqueda de la paz, la justicia y la solidaridad.

• “Ustedes son sujetos de la historia, gente que no ha tenido miedo de enfrentarse a un mundo injusto”, dijo a Ramos Horta y a Rigoberta Menchú una estudiante del colegio Santa Teresita que asistió al evento.

• “Son ejemplo para los jóvenes y estímulo para que construyamos una nueva sociedad, un mundo de paz, con actitudes diferentes, donde prevalezca la justicia y la democracia”, agregó la joven.


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