Durante más de 30 años Ramos Horta
concienció y recordó permanentemente a la comunidad internacional
el atropello y la violación sistemática que sufría
su pueblo.
Actualmente, Timor Oriental es un país independiente
y Ramos Horta es el Canciller de esa nación, la cual será
desde el 27 de septiembre un miembro más de la Organización
de Naciones Unidas, ONU.
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Por más de 30 años,
José Ramos Horta luchó por la independencia de Timor
Oriental.
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En esta entrevista, el Premio Nobel explica el
rumbo que su país sigue para consolidar la paz y comenta el proceso
emprendido por Guatemala para alcanzar ese mismo fin.
¿Cómo analiza la situación
de discriminación y exclusión que vive el pueblo maya?
Lo acontecido a los indígenas de todo
el mundo Canadá, Estados Unidos, Australia y otros países
de América Latina toca profundamente nuestra condición
de ser humano. No es posible aceptar que la discriminación y
violencia sigan presentes en muchas comunidades indígenas del
mundo. Sin embargo, en el caso de Guatemala el pueblo maya tiene una
lideresa muy importante: Rigoberta Menchú, a quien yo admiro
profundamente. A través de ella he conocido la situación
de los derechos humanos y la lucha por la democracia en Guatemala.
¿Y cuál es su opinión
al respecto?
Sé que hubo un período muy
optimista entre 1996 y 1999, luego de la firma de los Acuerdos de Paz,
y que ahora existe un aparente retroceso e interrupción a ese
proceso. Sin embargo, estoy optimista, pues Guatemala cuenta con buenas
voluntades. Dejar las armas no es fácil y resulta complejo transformar
completamente todas las estructuras de seguridad, así como acabar
con la pobreza. Por eso se necesita coraje, determinación y optimismo
para continuar en la construcción de la paz. Para Guatemala es
positivo haber puesto fin a los regímenes militares y haber entrado
a otros democráticos. En este país aún hay fallas,
pero es necesario tener optimismo. Con gente como Menchú que
sigue planteando la situación a nivel mundial y con el apoyo
de la comunidad internacional es posible hacer las reformas necesarias,
poner fin a la violencia e ir anulando gradualmente el poder de los
militares.
¿Qué lo motivó a
luchar durante más de 30 años por la independencia de
su país?
Nunca he creído en ideologías,
ni de derecha ni de izquierda, pues aseguran tener la respuesta para
todos los males de la humanidad y la verdad en sus manos. Tampoco me
guío por dogmas. Para mí, lo más importante, lo
que me llevó a luchar con convicción por la independencia
es el anhelo de justicia, el poner fin a la violencia, a la impunidad,
el decir no a los violadores de derechos humanos, y sí a la vida
y la dignidad.
¿Cómo puede hacerse realidad
esa visión de nación?
Nunca he querido un Estado utópico
socialista o que Timor sea un paraíso capitalista. Yo soy pragmático
y realista. Sé que la lucha contra la pobreza es dura y difícil,
pero posible de ganar. Para ello, debemos movilizar buenas voluntades
y obtener recursos de países amigos. No hay que considerar a
todos los ricos como enemigos, sino hacerles ver que ellos no pueden
ser ricos si no tienen la generosidad y el pragmatismo necesario para
saber que si hay mucha pobreza, habrá inseguridad y violencia.
Lo que quiero decir es que debe existir alianzas entre todas las fuerzas
de un país, entre los que tienen y los que no tienen nada, para
mejorar en conjunto la vida de todos y encontrar los caminos y medios
para la paz.
¿Qué significa para usted
y para su pueblo que dentro de cinco días Timor Oriental ingrese
oficialmente a la ONU como un país independiente y autónomo?
Es la conclusión de un proceso histórico
que empezó con la colonización portuguesa, siguió
con la ocupación japonesa, durante la Segunda Guerra Mundial,
y, más recientemente, con la invasión de Indonesia. Por
eso nuestro ingreso a la ONU es un logro del que nos enorgullecemos,
pues finalmente conquistamos un lugar en la comunidad mundial de las
naciones.
Alcanzado ese objetivo, ¿qué
queda por hacer en su país?
Nuestra independencia es sólo un capítulo
más en la búsqueda de la paz. Ahora tenemos que empezar
una ardua lucha contra la pobreza, el analfabetismo y en favor de la
justicia social, porque independencia no es solamente lograr el ingreso
a la ONU o tener una bandera, un himno nacional y una constitución.
Es también, y sobre todo, corresponder a las expectativas de
los habitantes y mejorar su nivel de vida.
¿Pero eso no ha sucedido en muchos
países que se dicen independientes?
Si se hace un balance de lo vivido por la
mayoría de las naciones latinoamericanas y las excolonias africanas,
se podría decir que únicamente ha habido una sustitución
de un árbitro por otro; de una elite por otra. En general, los
pueblos indígenas siguen oprimidos, aunque eso lo pueden decir
con más propiedad los guatemaltecos. Sin embargo, en Timor sólo
llevamos tres meses de estar en libertad. No obstante, estamos decididos
a promover la distribución equitativa de la riqueza. Pedimos
la generosidad de nuestro pueblo y del mundo entero para que nos den
cinco años de plazo. Luego, haremos un balance y entonces sabremos
si valió la pena el sacrificio para obtener la independencia
de nuestro pueblo.
¿Vale la pena alcanzar la independencia
a base de muerte y destrucción?
Para mí no hay causa política,
ideológica o religiosa que pueda justificar intelectualmente
una sola muerte. No creo en la posibilidad de hacer valer un derecho
matando a la gente. Sin embargo, más que dar una respuesta definitiva
a esa interrogante puedo asegurar que quienes sobrevivimos a la tragedia
tenemos la obligación de sacar adelante a nuestro pueblo.
¿Cómo?
Si en diez años no hay hambre en Timor,
si hemos forjado un estado de Derecho, si gozamos de tribunales independientes,
de libertad de prensa y ausencia de corrupción, entonces podremos
asegurar que no traicionamos a quienes murieron, perdieron a sus padres
o a las mujeres violadas. Si en ese tiempo no hemos terminado con esos
males, yo también diré que perdimos y que desperdicié
muchos años de mi vida haciendo campaña para hacer de
mi pueblo un país libre.
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Dos Premio Nobel de la Paz, Rigoberta
Menchú y José Ramos Horta, se reunieron en Guatemala
durante un encuentro juvenil.
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¿Qué podría marcar
la diferencia entre Timor y otras naciones que no han podido revertir
situaciones de opresión y exclusión?
Que nosotros tenemos un compromiso profundo
moral y ético para resolver los problemas de pobreza
existentes en Timor. También, determinación para hacerlo.
De hecho, ya hemos adoptado una estrategia nacional de desarrollo sostenible,
la cual está basada en miles de consultas a diferentes sectores
del país. La estrategia cuenta, además, con la simpatía
de la comunidad de donadores, quienes nos apoyarán durante tres
años con más de 300 millones de dólares para echarla
a andar.
¿Es eso suficiente?
No. Otra de nuestras ventajas es que somos
pocos 800 mil habitantes y que contamos con riquezas potenciales
como el petróleo y el gas natural. En dos años, ambos
productos estarán generándonos cientos de millones de
dólares anuales, los cuales destinaremos al presupuesto nacional.
Además, con la política en favor de los pobres vamos a
generar empleo y al mismo tiempo a consolidar las instituciones democráticas
del país.
¿Qué opinión le
merecen las acciones de Estados Unidos en contra del terrorismo?
A esa interrogante responderé planteando
algunas preguntas que yo me he hecho muchas veces. En portugués
hay un dicho que dice: Preso por tener un perro y preso por no
tener un perro. ¿Qué significa esto?, pues que los
Estados Unidos siempre han sido señalados por lo que hacen. Por
ejemplo, fueron criticados cuando Clinton se negaba a intervenir Bosnia
y también cuando lo hizo. Lo mismo sucedió en el caso
de Kosovo y otros más. ¿Era moral o inmoral la intervención
americana durante la Segunda Guerra Mundial que terminó con el
holocausto judío? ¿Era ético no intervenir Afganistán
mientras los rostros de miles de mujeres eran desfigurados con ácidos
por negarse a usar la burca.
Yo prefiero no aceptar lo que es convencional
para las ONG's y para los grupos de izquierda, quienes aseguran que
todo lo que hace los Estados Unidos es incorrecto. Yo estoy contra la
violencia, pero reconozco que en Timor aceptamos la intervención
con uso de fuerza para acabar con el genocidio de nuestro pueblo. Si
no hubiera habido una intervención militar armada, mandada por
el mismo Consejo de Seguridad de la ONU, yo no estaría aquí,
libre. Por eso quiero pasar ese dilema planteado a ustedes, porque nada
es blanco o negro.
En Guatemala
Recientemente, José Ramos Horta estuvo en
Guatemala participando en un encuentro de jóvenes por la paz,
junto a la guatemalteca Rigoberta Menchú.
La actividad se realizó con el apoyo
de la Fundación Rigoberta Menchú, la Asociación
Cristiana de Jóvenes y el programa Peace Jam.
Los encuentros buscan animar y motivar a
la juventud guatemalteca a emprender nuevos caminos en la búsqueda
de la paz, la justicia y la solidaridad.
Ustedes son sujetos de la historia,
gente que no ha tenido miedo de enfrentarse a un mundo injusto,
dijo a Ramos Horta y a Rigoberta Menchú una estudiante del colegio
Santa Teresita que asistió al evento.
Son ejemplo para los jóvenes
y estímulo para que construyamos una nueva sociedad, un mundo
de paz, con actitudes diferentes, donde prevalezca la justicia y la
democracia, agregó la joven.