La ceremonia será el 11 de abril en Milwaukee,
Wisconsin, EE.UU. Este premio fue establecido en 1985, para reconocer
contribuciones significativas a la arqueología por personas que
no han tenido una formación universitaria en esta ciencia y poco
o ningún salario como arqueólogos, dice la carta
que Robert Kelly, presidente de la Sociedad, envió al doctor
Guillermo Mata Amado, quien además de odontólogo se dedicó
desde los años 1950 a la exploración arqueológica
subacuática en el lago de Amatitlán.
Estudió y registró las incisiones
dentales efectuadas por los mayas. Pero no sólo eso, fue catedrático
de Odontología en la Usac durante 25 años, es miembro
del Comité del Lago de Amatitlán y actualmente es rector
de la Universidad del Istmo, al mismo tiempo que presidente de la Academia
de Geografía e Historia.
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Guillermo Mata actualmente es
rector de la Universidad del Istmo
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¿Cómo nace el interés
por la Arqueología?
Creo que desde adolescente, pero cuando saqué
el Bachillerato aún no existía carrera de arqueología
en Guatemala, y no tenía recursos para irme al extranjero.Y aunque
me hubiera ido, al regresar no habría encontrado empleo.
Así que estudié odontología
y, la verdad, me fue bien. Pero allá por 1955-56 comenzaron a
encontrar piezas prehispánicas en Amatitlán, así
que empecé a bucear. Me iba y me metía a buscar.
¿Iba a bucear solo?
Sí. A veces con algún amigo. Fuimos
varios los que hicimos arqueología subacuática. Yo rescaté
varias piezas. Como en el fondo del lago no hay visibilidad, iba como
a 50 centímetros, metiendo las manos en el lodo caliente. A veces
había espinas o raíces, pero de repente tocaba alguna
figurilla. Sacamos muchas que hoy están en el Museo Nacional
de Arqueología o en el museo Popol Vuh (fue uno de los fundadores).
Por ese año, 1955, vino el arqueólogo
Stefan Borgei, de la Universidad de Milwaukee, a quien serví
de guía. Acompañé a muchos arqueólogos que
venían prácticamente sin conocer el país. Pero
también, al descubrir aquellas piezas me preguntaba de dónde
eran, qué significaban. Y empecé a conseguir libros. Creo
que tengo una biblioteca muy completa y actualizada. Estudié
la arqueología de la Costa Sur, en Abaj Takalik y Cotzumalguapa;
también sitios poco explorados como Jutiapa y Santa Rosa, o la
cuenca del Motagua. Creo que conozco casi todos los sitios arqueológicos
de Petén.
¿Alguna lección de la odontología
maya para la actual?
Ninguna. No tienen nada que ver. Por lo menos en
lo que se refiere a las incrustaciones decorativas que practicaban.
Bueno, no siempre eran decorativas, a veces eran símbolos de
jerarquía, posición social, función. La forma en
que hacían esas incisiones no está en ningún códice
ni vaso pintado, a diferencia de otras prácticas, como perforarse
los ojos, el pene o la nariz.
Las incrustaciones dentales eran de jadeíta,
hematita, pirita, turquesa y a veces, obsidiana. Eran difíciles
de realizar y se ve en radiografías que en algunos casos se llegó
hasta la raíz del diente, lo cual provocó abcesos que
debieron ser dolorosísimos y permanentes.
¿Qué piensa del saqueo
arqueológico?
Es un terrorismo cultural.
Con la especialización del trabajo,
muchos profesionales se ocupan sólo de su ciencia, pero dejan
de lado su formación humanística... ¿qué
piensa de eso?
Cuando empecé a trabajar en la dentistería
me sentí bien. Pero la verdad, estaba viviendo un micromundo
en una boca. Al descubrir la arqueología y su riqueza, descubrí
que el universo era más grande y había que conocerlo.
No como pasa con algunos profesionales que hasta conocen Disneylandia,
pero no conocen Petén.