Por: Francisco Mauricio Martínez
Fotografía: Carlos Sebastián Pedro
Mi trabajo narrativo está ligado a esos
años de lucha, guerra, muerte, asesinatos, crímenes y
heroísmo, señala Marco Antonio El Bolo
Flores, quien escribió cuatro novelas que relatan con detalles
el conflicto armado interno.
La novela de la guerrilla tuvo sus raíces en la
realidad que se vivía durante esos años donde la utopía
del socialismo determinaba la historia de los países. Esa
guerra determinó esta sociedad, indica Flores. A continuación
un resumen de la entrevista.
¿Cómo se inicia la literatura
que tiene como tema el conflicto armado?
|

A los jóvenes escritores...
sólo les interesa su bacha, los tragos, el reventón,
un par de traidas fáciles y sus cuates. Es el mundo en
el cual se mueve la actual literatura guatemalteca .
|
La realidad es la que determina el desarrollo de la historia.
No es el voluntarismo de dos o tres personas el que va a determinar,
no solamente los temas de la literatura, sino los que se van a discutir
en una época. Tampoco son los teóricos o los hacedores
de la literatura quienes van a determinar, en principio, qué
van a escribir, sino qué es la realidad.
¿Y cuál es la temática
de esta narrativa?
El cambio no comienza en la narrativa, sino en la poesía.
La utopía socialista es la que va a impregnar la realidad del
planeta. Esto genera un tipo de poesía distinta, que equivocadamente
o no, se le llama poesía social.
Esto también sucede en Guatemala, aunque un poco
tarde, con la generación Sakerti, que fue la que
empezó a ligarse con este tipo de poesía. Entre quienes
destacan están Otto Raúl González, pero sobre todo
Raúl Leiva. La Guerra Civil Española, por ejemplo, generó
una gran carga de poesía social con Miguel Hernández y
León Felipe.
Una de esas novelas es Los Compañeros,
¿cómo nació?
Esa novela indudablemente es una catarsis personal, después
de 10 años de militancia en la lucha armada en todas las estructuras
del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT).
Romper con el PGT fue para mí un trauma. Yo no
lo asumí en ese momento, porque era muy joven y no lo entendí;
pero quise explicármelo y la explicación es esa novela.
Cuando vivía en La Habana y en Praga descubrí
que el socialismo no tenía futuro y que el estalinismo lo había
traicionado y deformado.
¿Quiénes más utilizan
esta temática?
Esa novela se escribió un poco prematuramente,
porque yo la terminé en 1971, es decir, cuando tenía 33
años.
El lenguaje escatológico, informal, el manejo
con esa libertad que la novela tiene y que nunca volví a lograr
en mi vida, indudablemente, tenía que atraer a los jóvenes
y ejercer una influencia. Ahí está la de Mario Roberto
Morales, que se llama Los Demonios Salvajes y otras que no recuerdo.
¿Cuáles son los antecedentes
de esta época?
En la etapa de 1940 se encuentran muy pocos escritores
determinantes ligados a la realidad de lo que sucedía. Por el
contrario, había mucho costumbrismo y criollismo que en esos
años la literatura latinoamericana ya había dado vuelco
y aquí no. Estaba ligada a la realidad del campo, como la de
Flavio Herrera, porque eran latifundistas que expresaban el mundo que
conocían. Pero la que está transformándose en las
zonas urbanas es una realidad a la que nadie ha podido acercarse, sólo
Miguel Angel Asturias, con El Señor Presidente.
De 1960 a 1980 se ven algunas obras, pero después
de esos años, ¿qué hay?
Yo salí al exilio en 1980 y por eso no sé
qué pasó. Regresé en 1993 y no lo hice de lleno.
Me han regalado algunos libros, como por ejemplo Mauricio Echeverría.
Pero aquí se da un fenómeno y es que los
muchachos quieren un maestro y yo no soy maestro de nadie... y se los
he dicho claramente. El escritor se autoforma, nadie le puede decir
cómo escribir, nadie le puede enseñar a nadie cómo
escribir, es un trabajo muy personal, porque solamente se hace en la
soledad.
Y los jóvenes escritores de estas décadas,
¿de qué hablan?
Hablan de sí mismos, que es la única realidad
que conocen. Para meterse en los intrincados meandros de la sociedad,
de cómo está estructurada, hay que estudiar leyes del
desarrollo, sociología e historia para poder hacer un análisis
novelístico del mundo en el cual se vive, pero éstos no
lo hacen y lo peor es que no les interesa.
Sólo les interesa su bacha, los tragos, el reventón,
un par de traidas fáciles y sus cuates. Es el mundo en el cual
se mueve la actual literatura guatemalteca.
De ahí no salen, porque no tienen una profunda
autoformación. Porque la literatura sólo les interesa
como un fenómeno mediático.
¿La realidad del país podría
ofrecer una temática a estos jóvenes?
Indudablemente. Pero, insisto que para meterse a la realidad
hay que conocerla y estos patojos no la conocen, ya que sólo
conocen el mundo inmediato, pero no saben lo que le está pasando
al país.
Para poner un tema: ¿Qué pasó con
el Ejército? ¿Por qué está sucediendo esto?
¿Qué es la fuerza que está atrás de esto?
¿Será el imperio el que dio la orden? Aparte de esto,
¿qué muchacho se va a meter a investigar la corrupción?
No, aquí viene el facilismo de escribir babosadas de lo que me
sucede a mí y a mi traida,y ahí murió.
¿Cuál es el aporte de la novela
de la guerra a la actual generación?
Yo tengo cuatro novelas y tienen la misma vertiente,
debido a que la lucha armada me determinó. Estando y no estando,
siendo un participante y siendo crítico. Esa guerra determinó
esta sociedad, aunque no se mira.
La novela que se llama Los Muchachos de Antes es un homenaje
a mis amigos muertos, sin quererlo se fue construyendo sola. Mi trabajo
narrativo está ligado a estos años de lucha, guerra, muerte,
asesinatos, crimen y heroísmo, y yo no he logrado desprenderme,
aunque quiero hacerlo y por eso no puedo escribir otra novela.