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Escritores Guatemaltecos
Julio Calvo Drago, 1969
Vivir es lo más importante
Julio Calvo Drago es escritor y publicista guatemalteco,
nacido en 1969.
¿Cómo describiría la narrativa
guatemalteca actual?
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Julio Calvo
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La literatura actual es muy diversa y es un poco complejo
describirla. Hubo recientemente una moda de hablar de cosas, algunas
veces desagradables, como drogas, prostitución etc. Pero en este
preciso momento están pasando a segundo plano esos temas. Creo
que ahora los escritores están tratando cosas diferentes.
¿Qué autores han influido en
su obra?
La brevedad de Augusto Monterroso influyó un poco
en mi, aunque este estilo ya era algo propio de mi trabajo.
Además, (Jorge Luis) Borges cuando empecé
a escribir y Henry Miller que también es uno de mis favoritos.
También hay influencias extraliterarias que me han formado bastante,
como la publicidad y los medios de comunicación en general: la
televisión que es un buen insumo de información.
¿Qué obras ha publicado hasta
la fecha?
Publiqué El retorno del cangrejo, parte IV, editado
en 2001 que es una selección de textos breves. Y en elPeriódico
apareció el cuento Megadroide morfo-99 contra el samurai maldito.
¿Qué piensa de la relación
entre literatura guatemalteca e industria editorial?
En la actualidad hay más apoyo de las editoriales
para los escritores. Ahora, cuando se publica por primera vez, es un
poco más difícil tener el apoyo de las casa editoriales.
¿Qué importancia tienen los premios
literarios en su opinión?
Los premios abren puertas, sobre todo cuando el autor
empieza a escribir. En mi caso personal, yo era desconocido hasta que
gané el premio Bancafé-el Periódico, en 1998, que
me abrió las puertas de la crítica y los medios de comunicación.
Los premios son un estímulo para producir más, y una forma
de retroalimentación para saber cual es la aceptación
del escritor. Pero, en otro sentido son una exigencia para el creador
porque la expectativa de la gente es ver más y mejores obras
de quien gana un premio.
¿Qué cualidades tiene un buen
escritor?
Considero que las vivencias son las principales herramientas
del escritor, más que cualquier cosa. En segundo lugar, la lectura;
las manifestaciones culturales son otra forma de alimento para el creador.
Y, por último, el manejo del idioma, que es fundamental para
un buen escritor.
Veo que actualmente no hay mucha preocupación
de algunos escritores no tienen mucha preocupación por aprender
el lenguaje. Un escritor puede romper normas gramaticales, pero antes
de eso hay que conocerlas.
No se trata de sólamente de hacer algo diferente,
sino de saber por qué se hace.
Textos breves
Un ejemplo de antinarrativa
No había una vez, en un lejano país que
nunca existió, unscesita que, por supuesto, tampoco estaba en
edad de casarse.
Entonces, no pasó por ese reino un príncipe
quien, al no escuchar la dulce voz de la princesita ni quedar embelesado
por esta, jamás se acercó al castillo.
De ese modo, tampoco llegó a ver el hermoso rostro
de la joven ni a enamorarse perdidamente de ella, así como tampoco
ella de él.
Maurice Echeverría, Guatemala 1976
Es incestuoso hacer autocrítica
El escritor y periodista Maurice Echeverría nació
en la ciudad de Guatemala, en 1976. Actualmente es columnista del diario
elPeriódico.
¿Cómo describiría la narrativa
guatemalteca actual?
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Maurice Echeverria
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Habría que preguntarse si en realidad existe una
narrativa dividida en espacio y tiempo. No estoy muy seguro si puede
hablarse de una narrativa joven. La literatura de los años de
80 es dispersa y casi nula, por lo que todos ya conocemos. Ya en los
años 90 hubo cierta reacción a ese conflicto armado. Y
quienes pensamos que podrían hacer algo más por la literatura,
finalmente no lo hicieron.
Sin embargo, hay sorpresas, principalmente de los jóvenes
creadores a quienes respeto mucho.
Considero que terceras personas críticos
y periodistas deberían encontrar vínculos entre
los jóvenes que hacemos literatura, pero no nosotros. Creo que
es incestuoso el hecho de que hagamos crítica de nosotros mismos.
¿Qué autores han influido en
su obra?
Yo únicamente busco autores que celebren el estilo.
Todos aquellos autores que tengan un estilo palpitante; me gusta el
frenesí estilístico y voy en busca de los escritores que
se preocupan de hacer una frase muy original. Mi fascinación
es un estilo que sea estrepitoso. Que busque imágenes originales
y que sea codicioso estilísticamente hablando.
¿Qué obra ha publicado hasta
la fecha?
Tengo como cinco librejos. Mi primer trabajo fue un antidiario
que se llama Este cuerpo aquí. Y es una especie de diario fantástico.
Luego publiqué poesía en prosa, que es un puro ejercicio
verbal que se llama La ciudad de los ahogados. El tercero es un libro
de poesía: Encierro y oración en tres espacios y un anexo,
en donde lo que me interesaba era el espacio. Luego escribí un
libro de cuentos que titulé Sala de espera que fue publicado
por Magna Terra. Y el más reciente se llama Labios.
¿Qué piensa de la relación
entre literatura guatemalteca e industria editorial?
No existe una industria editorial como tal. Lo que sí
existe es un grupo de personas de buena voluntad que se dedican a la
amarga tarea de publicar libros, y otros que se dedican a distribuirlos
a algunas librerías. En un país en donde la gente que
sabe leer no lo hace y no le interesa. No existe una industria editorial
en serio.
¿Qué importancia tienen los premios
literarios en su opinión?
Son importantes, porque te dan dinero, porque te pagan
y, en algunos casos, te dan difusión.
¿Qué culidades tiene un buen
escritor?
Un escritor debe tener la certeza y la convicción
de que la vida no vale la pena de ser vivida si no es escribiendo, si
no existe tal convicción que se dedique a cualquier cosa.
Cuando el escritor deja de escribir empieza a morir.
El escritor debe tener convicción, curiosidad, disciplina y autenticidad.
Debe tener cierto rasgo canalla, porque la escritura
es un oficio egoísta.
De labios
La pelea (Fragmento)
Alquilaron películas porno con lesbianas de todos
los colores, luego se hundieron en una cogida insolente y calculada.
La encerrona duró tres días. Una cosa de no bañarse,
de no comer, de sudar como grandes dementes... Cuando Irene se excita
le cambia notablemente el color del cuerpo, y eso excita a su vez a
BB (así le llamaremos, para no sacrificar su buen nombre al chisme
nacional).
En la enorme pantalla del televisor es enorme,
estamos en casa de BB se ha establecido una vagina hermosa, grande,
abierta, depredadora. La misma película de lesbianas fue rentada
algunas noches atrás por un señor, un solitario un hombre
sin interés posible para las páginas de sociales, y si
embargo el miembro se le puso duro, es cierto, y es cierto que se masturbó
como cuando tení catorce.
Un filme imaginativo, funcional.
Pero quedémonos con Irene y BB. Escenas extenuadas,
incesantes, casi problemáticas. No querían revolcarse
como en las películas porno gringas, en donde se coge mucho pero
ordinarias.Fornicaron de forma sucia, está bien, no vamos a inventar,
pero también otra cosa. Dicho así: en las películas
porno gringas se hace cada cosa, pero nunca hay profundidad erotismo,
poder, ¿me explico? Es lo que me decía un amigo, que las
gringas abrían siempre las piernas en grande, pero a él
lo que le gustaba era laminuciosa intimidad y no esa entrega de perra
en brama.. Y eso que no era ningún piadoso, eh.
Escribo esto y me excito. Si logro excitarme de este
modo durante la novelita no habrá problema.
Eduardo Halfon, 1971
Es sólo literatura, con minúscula...
Eduardo Halfon nació en Guatemala el 20 de agosto
de 1971. Es ingeniero e imparte clases de literatura en la Universidad
Francisco Marroquín.
¿Cómo describiría la narrativa
guatemalteca actual?
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Eduardo Halfon
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Como una caterva de eunucos felices, pero mejor no lo
hago porque creo que nadie me entendería. Además, es muy
peligroso encasillar a tantos escritores bajo una misma etiqueta, incluyendo
ésta tan ambigua. Cada voz es diferente. Y los escritores no
son más que eso, voces, algunas susurrando obscenidades, otras
gritando injurias y desafíos políticos, y aun otras declamando
solitariamente como poetas al aire libre. Es sólo literatura,
con minúscula, no hay que tomársela tan en serio.
¿Qué autores han influido en
su obra?
De alguna manera, todos los autores que he leído
ejercen cierta influencia sobre mí. Algunos evidente, otros solapada.
Las influencias son fuerzas, irresistibles como la marea, escribió
Raymond Carver. Sí, soy consciente de algunas influencias estilísticas
en mi narrativa, que entran y salen como esa misma marea, pero afortunadamente
no de todas. Hay misterios saludables.
¿Qué obras ha publicado?
Pan y cerveza es un secreto. Y el libro Esto no es una
pipa, Saturno, que a pesar de tantos rumores y chismes y una que otra
acusación débil a causa de lectores miopes o casi ciegos,
es un estético llanto suicida, es un acercamiento a mi hermano
y a mi papá, y es también, prestándole infamemente
las palabras a uno de los grandes, un libro que es muchos libros, pero
sobre todo es dos libros.
El libro De cabo roto no es una novela histórica
sobre Cervantes en Guatemala, sino mi libro más íntimo,
para aquellos que sepan leerlo. El ángel literario, novela que
Anagrama me publicará en mayo, es el intento fallido de un escritor
que quiere saber por qué él mismo escribe, o algo así.
¿Qué piensa de la relación
entre literatura guatemalteca e industria editorial?
Ésta es siempre una relación simbiótica,
o sea de favorecimiento mutuo. Qué haría el escritor sin
un medio para difundir sus obras. Qué haría la editorial
sin seres absurdos que viven bajo la patética ilusión
de que tienen algo que decir. Pero habría que diferenciar. Las
editoriales guatemaltecas, para bien o para mal o para ambas cosas,
son aún muy accesibles, muy abiertas, lo cual implica que publican
de todo, incluyendo algunas obras realmente ilegibles.
¿Qué importancia tiene los premios
literarios en su opinión?
Son sumamente importantes, y no importan en absoluto.
Hay escritores que después de haber ganado algún premio
literario importante se hunden en el anonimato. Hay escritores importantes
que jamás se han ganado un premio literario. Hay escritores que
logran captar la atención de las editoriales debido a un premio
literario, y luego despegan. Y todo esto enmarcado, por supuesto, en
el simpático sobrentendido de que todo premio literario no es
más que un vehículo comercial, casi siempre manipulado
de antemano. En otras palabras: todo premio literario es una maravillosa
ficción.
¿Qué cualidades tiene un buen
escritor?
Esa pregunta suena a recetario para hornear un buen pastel.
Y en este caso, es decir, en la escritura, no hay ingredientes mágicos
que se apliquen a todos como una serie de reglas generales. Cada cual
se vale de lo que le funcione, de lo que despierte y mantenga enhiesta
su líbido literaria. Es como el sexo. Algunos escriben prolongadamente,
extensamente, mientras que otros son precoces y más abreviados.
Algunos escritores gritan y maúllan como felinos en celo, mientras
que otros cierran los ojos y respiran recio y nos susurran bellas frases
en el oído.
El sexo es bueno o no lo es, difícil explicar
por qué. Igual sucede con el proceso de la escritura, aunque
no nos desnudemos tanto al hacerlo. O quién sabe, tal vez sí.
Novela
Esto no es una pipa, Saturno (Fragmento)
Con su cuarta esposa, Mary Welsh, Hemingway salió
de la Clínica Mayo de Rochester en junio, 1961. Viajaron cinco
días en un carro alquilado hasta llegar a Ketchum, Idaho. La
noche siguiente, al volver de cenar con algunos amigos, entró
al baño para prepararse para dormir. Mientras se lavaba los dientes,
escuchó cómo Mary cantaba una vieja balada italiana, Tutti
mi chiamano bionda, y Hemingway la ayudó con la última
línea. Se retiraron a sus camas sin despedirse: dormían
en cuartos separados. Como siempre, Hemingway despertó temprano,
se puso su bata roja (la de Emperador, decían con
Mary) y descendió al sótano. Lento. Era un domingo silencioso.
Encontró la llave del gabinete en donde le habían escondido
sus múltiples armas. Escogió una y la cargó. Era
una escopeta de doble-barril, la misma con la que durante tantos años
había cazado palomas.
Subió las gradas. Lento. Se sentó en una
vieja silla en el zaguán de la casa, colocó la culata
de la escopeta en el suelo y, apoyando la frente contra el frío
metal del doble-barril, presionó el gatillo, arrancándose
la bóveda craneal.
(José Asunción Silva, colombiano, tras
pedirle a su médico que le dibujara sobre su ropa interior el
punto exacto del corazón, se mató usando una vieja pistola
de su padre. Pablo de Rokha, chileno, se pegó un tiro en la sien
con el revólver Smith & Wesson que le había regalado
el presidente mexicano Lázaro Cárdenas. Costa Cariotakis,
griego, se disparó en el corazón, bajo la sombra de un
eucalipto. Vladimir Mayakovsky, ruso, obedeciendo la superstición
soviética de enfrentar la muerte con ropa limpia, se cambió
de camisa antes de dispararse en el pecho.)
Hemingway solía pregonar que nunca se sintió
más cercano a alguien que a su padre.
Yo, todo lo contrario.
Juan Carlos Lemus, 1966
Falta inteligencia
Ganador del Premio Los que escriben, la producción
de Juan Carlos Lemus es, ante todo, de poesía, como los títulos
Un rayo desordenado de mariposas; Yo, Fauno, y El mago. Sin embargo,
este periodista de Prensa Libre, de 32 años, también escribió
un libro de cuentos llamado Y que siga la chingadera.
¿Cómo describiría la narrativa
guatemalteca actual?
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Juan Carlos Lemus, editor de la
sección de Cultura de Prensa Libre.
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En el mundo en general sobreabundan los textos literarios,
pero esos libros carecen de total trascendencia. En Guatemala, en concreto,
es desastroso. Hay una falta absoluta de genialidad. No se aprecia inteligencia
en la literatura. El panorama está por los suelos.
¿Qué autores han influido en
su obra?
Puedo decir que me han influido los españoles
del Siglo de Oro y los franceses del Siglo XIX, pero siempre hay autores
clásicos, como Dante, Eurípides o Sófocles, que
no sólo mancan mis textos, también influyen en mi vida.
¿Qué piensa de la relación
entre literatura guatemalteca e industria editorial?
Hay muchas casas editoriales que publican a escritores
guatemaltecos. La relación entre ambos se vuelve necesaria, ya
que los escritores no somos comerciantes, no podemos vender nuestra
obra y ahí entran las editoriales y su búsqueda de mercados.
En su opinión, ¿cuán importantes
son los premios literarios?
La vida es dinero, el dinero es importante, y los premios
son una fuente de conseguir ese dinero. Sin embargo, en otros aspectos
pueden resultar engañosos.
Por un lado, los premios muchas veces están repartidos
entre amigos del jurado o de la entidad convocante. Por otro, alimentan
el ego de los escritores. Lo más importante es que, antes de
ganar un premio, el autor sea honesto consigo mismo y con su obra.
¿Cuáles son los ingredientes
de un buen escritor?
Los mismos que de cualquier buen trabajador. El escritor
es alguien que trabaja, y que trabaja mucho, pero también influye
que tenga vocación, que tenga un sentido autocrítico y
una gran disciplina. Sin embargo, lo más importante es la inteligencia,
y esa inteligencia se toma de vivir apasionadamente y de la lectura.
No quiero decir que si lees 80 libros vas a ser inteligente, pero si
lees un párrafo entendiéndolo, si vives apasionadamente
esa lectura, entonces ese factor de intensidad repercute en tu inteligencia.
Pero hay que asumir que los grandes son difíciles
de superar y me parece absurdo pretender descubrir aguas azucaradas
o pretender ser novedosos, siendo unos ignorantones como en realidad
somos.
Y que siga la chingadera
La musa (fragmento)
Violeta.
Un aura suave alrededor de su cabeza parecía refrescarle
el blondo cabello, cual si fuera una libélula entre el rocío.
Su culo hechicero y sus tetas, adoloridas por los manoseos
de su amado, el poeta, poseían un cadencioso vaivén que
incitaban a la lamezón.
Al amanecer, cuando apenas comenzaban a distinguirse
unas tiernas nubecillas en el horizonte, Violeta salía al jardín
vestida de resplandeciente armiño. La serena quietud de los hierbajos
era un símil de sus ojos. Parecía flotar sobre el césped.
Cortaba una margarita y se la metía dentro del calzón.
Era supersticiosa.
Sus manos pequeñas, talladas por la milagrosa
mano de algún orate divino, se asían cálidamente
durante el día al bello tubo del autobús, a los pasamanos
del supermercado o al candente hierro de la sartén.
El poeta, su amor y cómplice, se elevaba por el
éter cuando la versificaba en unas líneas. Se alejaba
de la tierra cual se aleja el Astro Rey durante el cenit. Y más
aún resplandecía, arremolinado de placer, cuando ella,
tendida sobre el lecho, le mostraba su gracioso hoyuelo, aquel que irradiaba
un no sé qué, un ansia de pisadera indescriptible.
La voz de violeta tenía impregnado el aliento
de las flores de borraja del verano. De su boca reflorecían los
versos que el poeta le escribía. Los recitaba con tal énfasis
que él apenas contenía su éxtasis, henchido de
deseo, con la flecha de Amor enhiesta.Las cejas de Violeta -jardín
poblado de negros tallos como el ébano, en el que acaso habitaría
un microscópico demonio cuya cola ondeaba entre el viento producido
por sus parpadeos-, sus cejas, decía, resplandecían tenebrosas,
pero delicadamente, por encima de sus ojos (...)
Francisco Alejandro Méndez, 1964
Soy un alcohólico que escribe
El narrador Francisco Alejandro Méndez ha publicado
diversas obras como Crónicas Suburbanas, Ruleta rusa, Cuentos
Centroamericanos, Sobrevivir para contarlo, Manual para desaparecer
y Completamente Inmaculada, entre otros.
Así mismo, este licenciado en Periodismo por la
Universidad de San Carlos ha trabajado en diferentes medios de comunicación,
como Prensa Libre, y actualmente imparte clases en la Universidad Rafael
Landívar.
¿Qué opina de la literatura actual
guatemalteca?
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Francisco Méndez nació
el 27 de noviembre de 1964.
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Creo que está como siempre, en un buen momento.
Hemos tenido muy buena narrativa, y ahora continúa esa tendencia.
Los autores jóvenes son escritores de la pos posguerra, y tienen
un buen nivel. Una de las características que tiene en común
sus obras es la temática, generalmente urbana.
Es la literatura del cinismo, los críticos la
llaman la literatura del desencanto.
¿Cómo es la relación entre
las editoriales y los autores jóvenes?
Creo que las editoriales siempre publican al grupo de
escritores amigos.
Y es cierto que dan oportunidades a nuevos narradores,
pero lo habitual es que se ciñan a esos grupos de amigos. Hay
autores que no están relacionados, que no conocen a nadie en
los círculos editoriales. Eso es lo que me pasaba a mí
y tuve que irme a México, a Costa Rica e, incluso, a España
para poder publicar mis obras.
¿Cree que los premios literarios son
importantes?
No son importantes. Creo que más bien perjudican
a los autores, y lo único bueno es la aportación económica.
Hay muchos autores guatemaltecos a quienes haber ganado
premios no sólo no les ha beneficiado sino que les ha perjudicado.
Cuando uno gana un premio cree que ya es un buen escritor, pero hay
casos en los que se gana porque se conoce a tres o cuatro miembros del
jurado y eso, claramente, no demuestra que se sea un autor de calidad.
¿Cuáles son sus influencias literarias?
Hay muchos autores con los que estoy en deuda. Marco
Antonio Flores, en Guatemala, o Reinaldo Arenas, cubano. Últimamente
he leído a otros autores que me han gustado mucho, como Malken,
un autor sueco que escribe novelas policiacas.
¿Qué se necesita para ser un
buen escritor?
Vivir mucho, tener imaginación y leer. Ese es
el problema de los narradores en Guatemala, por ser guatemaltecos, primero
tienen que encargarse de sobrevivir y ponerse a trabajar. Para lo que
menos tiempo se tiene es para leer y escribir.
¿Es usted un buen escritor?
No sé si soy un buen escritor. Sólo puedo
decir que soy un alcohólico que escribe, que soy un gordo que
escribe, que soy un zurdo que escribe.
Completamente Inmaculada
Oh Madrid (fragmento)
Debo apurarme. Ella estará en el sitio menos pensado.
La tomaré por la espalda. Le cubriré sus ojos con mis
manos y le preguntaré ¿quién soy, mi amor? Luego
se volteará y me mandará un beso, como el primero, como
el segundo, como los de siempre. Yo le diré Completamente Inmaculada,
mía en cualquier parte del mundo.
Seguramente me dará un pellizco para convencerse
que soy yo, el mismo de carne y hueso y no una ilusión. Echará
a rodar unas lágrimas. Yo se las quitaré con mis labios
y le atravesaré suavemente un dedo en su boca para que no diga
nada más (...).
Ronald Flores, 1974
El premio no mejora la obra
A sus 30 años, es el ganador más joven
del Premio Monteforte Toledo. Ha publicado libros como Maíz y
palabra, El cuarto jinete, Errar la noche, Último silencio, The
señores of Xiblabla, Conjeturas del engaño y Stripthesis.
Actualmente es profesor de las universidades Del Valle y Rafael Landívar,
y colaborador de Prensa Libre.
¿Cómo describiría la narrativa
guatemalteca actual?
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Ronald Flores
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Plural, con muchos registros y tendencias, lo que resulta
muy saludable. Hay una marcada tendencia de gente joven que escribe
muy bien, con muchas ganas. Sin embargo, aunque se escribe mucho, no
hay muchas innovaciones narrativas. Hay muchos escritores haciendo cosas
muy parecidas.
¿Qué autores han influido en
su obra?
Soy un lector polígamo, no puedo seleccionar algunos
autores u obras concretas.
¿Qué piensa de la relación
entre literatura guatemalteca e industria editorial?
La industria está imponiendo una visión
de la literatura que atenta contra el desarrollo de la misma, pero que,
al mismo tiempo, resulta un estímulo.
Los escritores jóvenes se traicionarían
a sí mismos si no lucharan por su propia propuesta, aunque ésta
no case en nada con la propuesta de las editoriales
En su opinión, ¿qué importancia
tienen los premios literarios?
No son importantes, pero sí necesarios económicamente.
El premio nunca hace mejor a la obra y la obra no perdura
por haber ganado un premio, pero sí te sirve de publicidad y
para vender.
¿Cuáles son los ingredientes
de un buen escritor?
No hay recetas. Debes escribir lo que quieras, como quieras
y así ir formando tu público.
¿Se considera un buen escritor?
No soy un buen escritor, soy excepcional
Pero excepcional en el sentido de que intento hacer cosas
diferentes a las que tradicionalmente se hacen en este país.
The señores of Xiblabla (fragmento)
... creo escuchar un augurio en el zumbido que provoca
el doblar de las campanas que anuncian la medianoche. Mientras las tétricas
notas se esparcen por las macilentas e íngrimas calles de la
ciudad, cesa el arrullo y comienza el revoloteo de las palomas que anidan
en los escasos recovecos del neoclásico frontispicio de Catedral.
El vuelo de las aves dibuja efímeros signos sobre la distante
superficie de la luna, sugiere un patrón trazado por una caligrafía
providencial, el rastro de un ángel que desciende. Aproximándose,
el rodar de una carreta, el rumor de la letanía de los penitentes
y el del viento en el follaje de los árboles. Desde los bordes
del atrio, al resguardo de la entrada del templo, los evangelistas,
perdiendo miembros en los sucesivos temblores, cubiertos de hollín
y detritus, parecen infectos de lepra.
Hasta que retorna el silencio.
Lo que, en la ciudad, durante la noche, llamamos silencio.
Estoy en medio de la plaza de armas, que atravieso de
sur a norte. Voy fumando un cigarro sin filtro que encendí en
las afueras de El portal, el único local del decadente pasaje
Rubio que aún tiene clientela, las puertas abiertas, luz en medio
de las sombras. Al salir, me detuve en el punto en que convergen las
galerías que conforman el mencionado pasaje. La llamarada que
surgió del fósforo disipó la penumbra del lugar
y, por unos segundos, me permitió ver mi reflejo en la vitrina
de enfrente. Mi rostro ahí proyectado me pareció de pronto
ajeno y por eso dejé la llama encendida un tanto más,
para reconocerme en la imagen del cristal. Heredé los rasgos,
adquirí los gestos.
Se apagó.
Dejé de ver esos ojos que veían que se
veían.
Me puse a andar por la galería norte, escuchando
como el eco de mis pasos iba disminuyendo, sumiéndose en la textura
del sonido ambiente, el ruido continuo de las calles, el zumbido cósmico
que de tanto oírlo hemos dejado de escuchar. Al agotarlo, me
topé con un contingente de pordioseros, murmurando para sí
mismos relaciones de sus andanzas, colmadas de sobresaltos y riesgos,
peticiones de títulos, mercedes y encomiendas, discutiendo con
las sombras la veracidad de sus afirmaciones y la falsedad...
Gustavo Adolfo Montenegro, 1971
No sabíamos que éramos narradores
Redactor de Prensa Libre y profesor de la Universidad
Rafael Landívar, a sus 32 años Gustavo Montenegro ha escrito
hasta la fecha La llanta y la botella, El banderón y la obra
inédita Se nublan los ojos.
¿Qué opina de la literatura actual
guatemalteca?
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Gustavo Adolfo Montenegro, periodista
y narrador.
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Después de estar en un punto muerto durante muchos
años, los narradores, poco a poco, nos fuimos dando cuenta de
que éramos contadores de historias. Pero, aunque está
despegando, hace falta que salga alguien que se atreva a protagonizar
un cambio.
¿Cómo es la relación entre
las editoriales y los autores jóvenes?
Creo que si no hay más libros publicados es, en
parte, porque los jóvenes no buscan por los canales adecuados
y, cuando lo hacen, no presentan obras lo suficientemente revisadas.
¿Cree que los premios literarios son
importantes?
Te dan un empujoncito, te hacen más conocido,
pero no deberían validarte como escritor.
¿Cuáles son sus influencias literarias?
Mis grandes influencias son Khalil Gibrán y Albert
Camus. El primero, por su brevedad y sabiduría oriental, y el
segundo, porque me enseñó a ver el relato como una descripción
de cosas en el tiempo.
A los autores guatemaltecos los leo como textos de referencia,
pero creo que hay que hacer otras cosas. Por otro lado, las conversaciones
con otros autores jóvenes son muy enriquecedoras.
¿Qué se necesita para ser un
buen escritor?
Ser sincero y leer mucho. Hay que buscar ingredientes
para crear tu propia sopa.
Me sorprendo caminando...
...bajo el peso del avión que va pasando a cientos
de metros de altura, rompiendo el mediodía con su escándalo,
dejándonos a todos los que vamos caminando por la banqueta, entre
las ventas ambulantes. Quizá la gente ni se da cuenta de que
no existe cielo y si lo hubiera, no podríamos todos caminar en
él. No existe más mundo que éste donde los semáforos
detienen o hacen caminar las ruedas, donde las calles murmuran rajaduras
durante el día y escuchan durante la noche las ánimas
vencidas por la vida.
...apresurado y cuesta arriba. En una acera que le hace
cosquillas a mis pasos para que no avancen. Pasando junto a la tercer
anciana mendiga que me mira y me pide unos centavos... joven... por
favor...
Pero le dí las monedas que traía a la primera
y segunda. Para usted no tengo ya, mala suerte, lo siento, llevo prisa,
que mal que esté abandonada la viejecita, que triste, que hijos
malos, que mala suerte la vida. Le echo más ganas a los pasos
para pasar más rápido frente a ella, pero sólo
he dado unos cuantos y me he buscado un billete de cincuenta centavos,
que me regreso a dar.
...de tu mano, de tu lado. De tus pasos el suelo; de
tu cuerpo el viento que nos rodea la cara y los brazos; de tí
la orilla de carretera desierta, rodeada por bosque mojado.
De las hojas han de estar cayendo gotas, de la grama
que crece han de resbalarse los nuevos rayos del día y de las
piedras pequeñas del asfalto se han de agarrar nuestros recuerdos
vagos.
Más que quererte, te rodeo, te sigo, te abro paso.
Más que amarte para besarte, te toco la cara, te toco el brazo,
siento la suavidad de tu cuerpo y la solidez de tus manos. No soy uno
que te adora porque seas bonita, sino que adora negar que eres hermosa
para fijarme en lo que hablas, lo que extrañas, lo triste que
recuerdas y adivinar lo que ahora callas.
Jessica Masaya, 1972
Escribir es una fiesta
Jessica Masaya, a sus 32 años combina su pasión
por la literatura y su trabajo como periodista.
¿Cómo describiría la narrativa
guatemalteca actual?
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Jessica Mazaya ha publicado en
revistas literarias.
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Suele ser controversial y muy poética. En algunos
momentos se vuelve complicada para algunos autores actuales. Y considero
que, además, se hace muy buena poesía.
¿Qué autores han influido en
su obra?
Es un poco difícil decirlo, aunque por mi carrera
universitaria de literatura mi primer acercamiento fue con (Marco Antonio)
el Bolo Flores y Ernesto Sábato. Pero en cada época
me enamoraba de un autor distinto e iba prefiriendo otros autores de
acuerdo a cómo los conocía a través de la lectura
de sus obras.
¿Qué obras ha publicado hasta
la fecha?
Empecé a escribir en revistas underground como
El Supositorio, Magna Terra y la revista de la Universidad (de San Carlos),
y el libro Diosas Decadentes, que por haber ganado el premio del Ministerio
de Cultura y Deportes, mereció como recompensa a ése premio,
la impresión de esta recopilación de relatos.
¿Qué piensa de la relación
entre literatura guatemalteca e industria editorial?
Cuando el escritor es desconocido dentro del medio es
un poco difícil que una editorial se interese por publicarlo.
A partir de la primera publicación, ya se hace más fácil,
porque, incluso, se interesan más por la producción del
escritor. Y los medios impresos y radiales ya le dan un espacio a manera
de publicación o ya sea a través de entrevistas para conocer
la personalidad del escritor. Referente al nivel de analfabetismo que
hay en Guatemala, se complica, porque la publicación de literatura
no es un negocio. Recordemos que las editoriales necesitan, además
de difundir el arte, una forma de obtener ingresos por libros publicados.
¿Qué importancia tienen los premios
literarios, en su opinión?
Son importantes, porque son una motivación para
continuar escribiendo, porque, por lo menos, se gana una nota en un
periódico o una entrevista en una radio para comentar sobre nuestro
trabajo.
En 1999 gané el premio de la Fundación
Myrna Mack, y uno del Ministerio de Cultura y Deportes, que me dio la
oportunidad de publicarlo, y cuando noté que alguien más
que yo reconocía mi trabajo, me motivó a continuar adelante.
¿Cuáles son los ingredientes
de un buen escritor?
Lo más importante es vivir, porque la vida no
se puede conocer desde un escritorio. Además de leer, porque
un escritor trabaja con las palabras y es preciso conocer el idioma
para poder crear algo interesante. Y, por supuesto, la práctica
de la escritura. Porque las cosas no se escriben desde la primera vez,
se necesita de un trabajo constante para aprender.
Cuento
La malabarista (fragmento)
Las bolas en el aire del malabarista. Esto tuve que leerlo
en algún lugar, pero no recuerdo dónde. Es que de tanto
leer hay cosas que uno cree que son propias, pero no. Se las leíste
a alguien y han quedado como parte de tu memoria, y cuando menos te
lo imaginas te sirven. Supongo que eso es el bagaje, que le dicen.
Yo tengo que tener, como el malabarista, varias bolas
en el aire, y con habilidad no dejaré que ninguna se caiga al
suelo. Es un asunto complicado que no cualquiera puede entender (...).
Para la gente es muy fácil tildarla a una de puta,
pero si ellos supieran el camino largo que una ha recorrido, no lo harían
con tanta ligereza. Tengo 31, y mis experiencias alcanzarían
para escribir manuales de erotismo o una crónica de los hábitos
sexuales del final del siglo XX. ¿Necesito decir más?
A estas alturas, para mí el sexo es más bien un arte de
orfebrería, y no tiene que ver necesariamente con el corazón.
Sí, sufrí mucho para llegar a esa conclusión que
me hace lucir como un ser frío y calculador; pero lo más
curioso es que eso, al parecer, es atrayente para los hombres, ávidos
de retos y desafíos. Y si algo he aprendido en esta vida es que
los hombres son fáciles. Claro que sí, hasta el día
de hoy nadie se me ha resistido, ni tú.
El hedonismo está en el aire, todos quieren placer,
algunos fácil y regalado, otros quieren que les cueste y que
sea complicado. ¿Será este hedonismo lo mismo que la consabida
lujuria de los siete pecados capitales? No sé. Lo que sí
sé es cómo saturar todos mis sentidos de placer, sé
abandonarme y navegar a la deriva en este lago de aguas resplandecientes.
No, querido, no sólo tú eres poeta.
Una de las viejas del barrio, cuando yo era casi adolescente,
decía que una de las mil razones por las que hay que preservar
la virginidad es que te puede gustar, mijita, y entonces vas a
querer con todos y ya no vas a parar. Ja, ja, ja, ¿y a
quién no le gusta el sexo, pues? (...).
En esas andaba yo cuando te conocí, mi niño,
y andaba aburrida de las bolas que tenía en el aire: un abogado,
un estudiante de medicina, un vendedor de seguros y un periodista. Todos
juntos no hacían uno bueno, y es que ese es el otro gran problema:
la mayoría de hombres machistas que nos rodean, en cuanto se
dan cuenta que una no tiene prejuicios ni límites, le pierden
el respeto (...).
Entonces llegó aquella horrible noche en la casa
de tus amigos. Tenía que hacerlo ahí para que ellos te
animaran a dejarme.
Te hablé de mi acto de malabarismo, de los otros
hombres, de mi necesidad de no pertenecer a nadie, de no tener compromisos,
de mi imposibilidad de amar. Entonces tenías que decirlo, tenías
que mirarme a los ojos y decirme: pero si tú me amas".
Y no me quedó más que enfurecerme, decirte
que entendieras de una vez que no podía ser. Mi lindo niño,
lloraste y me pediste que no te dejara. ¿Por qué tenías
que llorar? ¿Por qué? Es lo más horrible que me
ha pasado. Nadie había llorado por mí (...).
Sé que me maldices todavía por ahí,
y que me has dedicado unos poemas feroces. Pero eso me alegra, porque
aún piensas en mí. No me odies, por favor (...).
¿Por qué no apareció alguien como
tú, cuando yo era una muchachita inocente, con rosas en las manos?.
Javier Payeras, 1974
Ya no somos una sociedad cerrada
Publicista de profesión, Javier Payeras es colaborador
de Siglo Veintiuno y se dedica por entero a la literatura. Ha publicado
una novela, Ruido de fondo, un libro de poesía, Soledad brother,
y otro de relatos breves, Raktas.
¿Qué opina de la actual literatura
guatemalteca?
|

Javier Payeras, escritor y publicista
|
Lo más importante es que se va mostrando el perfil
de la clase media ladina guatemalteca de la ciudad. La literatura tradicionalmente
se abordaba de la élite hacia abajo y para la élite. En
cambio, ahora la clase media tiene un grupo que expresa la impotencia,
el anonadamiento. Curiosamente, todos tenemos algo en común,
nosotros vimos la llegada de la televisión por cable, estamos
en el camino de una sociedad cargada de información, saturada,
ya no somos esa sociedad cerrada de principios de los 80.
¿Cuál es su criterio acerca de
la relación entre industria editorial y autores jóvenes?
No hay un mercado para el libro en Guatemala. La primera
editorial fue la X, que es considerada un emblema generacional. Éramos
un grupo de jóvenes de 25 años, que no hablábamos
de la guerra. Nosotros escribíamos de las drogas, de la ciudad,
con un lenguaje muy subido.
¿Qué autores han influido en
su obra?
Henry Miller, por ejemplo. De los autores guatemaltecos
me siento más heredero de Flores que de Hombres del Maíz,
de Asturias.
¿Qué importancia tienen los premios
literarios?
No tiene ningún valor, ni aquí ni en ningún
lugar del mundo. No lo digo desde la amargura de no haber ganado ningún
premio literario. Lo único bueno que tienen es que dan dinero.
¿Cuáles cree que son los ingredientes
necesarios para ser un buen escritor?
Ser bueno, sin más. No puedo concretar en características
específicas. Lo único que puedo decir es que para ser
realmente bueno hay que ser ruso y haber nacido en el siglo XIX.
Raktas
Raktas clarividente relata (fragmento)
Veo un libro abierto sobre la mesa. Un niño trepado,
viendo a través de la ventana el pasar de las nubes y de las
horas. Está despeinado, aún no se ha quitado el uniforme.
Hay una linterna sin baterías a su lado, una televisión
cansada, el sonido de la guerra aguardando en la puerta. Son las tres
de la tarde, la soledad no pesa demasiado.
Sale a jugar con su perro al lodazal, ha cesado de llover.
Es un sitio extraño entre la tierra y el cosmos. Una sombra delgada
se acerca . El perro ladra. El poeta se esconde entre las ramas.
Una mujer cansada entra por las noches. Besa al niño
que duerme en el sofá.
La mujer saca cinco billetes de su bolso, los cuenta
sobre la mesa silenciosamente. Se sienta a ver la televisión.
Sus párpados se cierran y la televisión continúa.
La atmósfera no es un sitio agradable/la noche
es la memoria infinita/la cinta en negativo del tiempo/siente el dolor
de despedirse de sí mismo/de la fortuita soledad/de la coherencia
de cada cosa/de las sombras/de las personas/de todo.
Al caminar se hace vidente/lleva el depósito de
horas en cada ojera/las notas suben y bajan/nace el poeta en los callejones
de Sodoma/bajo el sol gris de los empleados/el Ángel de la Muerte
girando en un proyector de neblina.
Tú serás poeta.
Allí está el chico siete años después,
tiene la piel erizada. Una hilera de habitaciones, el cuerpo relajado
que lo espera con las puertas abiertas. Hay algo dentro de ella. No
hay lugar para él.
Aprende a correr y a herir, errabundo persigue lo que
se le ha extraviado. La ciudad, eso. Allí se nombran las cosas.
la noche mata.
Entonces la lluvia se convierte en algo distinto. Llueve
y la ciudad se convierte en algo distinto. Llueve y la ciudad abre sus
llagas, sube el vapor de la desesperación, se pierde entre los
números, entre los latidos, descubre que no tiene a donde ir.
En las aceras sobran sus muertos (...).
Armando Rivera, 1963
El mundo se me hace palabra
A sus 40 años, Armando Rivera, además del
autor de obras como Utopía tras el farallón y Cuatro cuentos
del sol, es el director de la editorial Letra Negra. En 1995 obtuvo
el Premio Francisco de Vittoria, con el cuento Los pasos de Caín.
¿Qué opina de la literatura guatemalteca
actual?
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Armando Rivera, director de Editorial
Letra Negra.
|
Creo que tiene muchas posibilidades a partir de la literatura
que se generó a partir de 1990. Antes teníamos literatura
de la guerra, del exilio o censurada. Hoy, hay muy buenos narradores.
¿Cuáles son los autores que han
influido en usted?
Muchos. El Siglo de las Luces, de Carpentier, y, por
supuesto, Monterroso. Ese escritor me fascina.
¿Que relación existe entre la
industria editorial y los jóvenes escritores?
En Guatemala no es fácil. El grupo de lectores
es muy reducido, se puede decir que es una elite ya que, en este país,
el 90 por ciento de la población es analfabeta funcional. Sin
embargo, hay bastantes espacios para publicar.
¿Qué opina de los premios literarios?
Por un lado, me parecen importantes ya que validan la
crítica y a los escritores; por otro, me parece que, como se
han corrompido mucho, han perdido su valor.
¿Cuáles son las características
de un buen escritor?
A esta pregunta no le puedo contestar y no la contestaré
nunca. Se escribe sencillamente porque se tiene necesidad de hacerlo.
¿Usted se considera un buen escritor?
Yo escribo porque la vida acontece, porque el mundo se
me hace palabra.
Utopía tras el farallón (fragmento)
Cayó el cuerpo tras el farallón. El sonido
de las balas lo aterrorizó. La respiración se había
hecho acesante por la carrera hasta ganar la seguridad del promontorio.
En el último brinco había sentido la cálida punzada
del plomo cortando su carne. Empezaba a oscurecer. En la noche los objetos
adquieren una nueva forma, la sensación de profundidad en nuestras
pupilas se va perdiendo. El mundo empieza a tener más sonidos
y menos luz, se nos impone el muro casi impenetrable de la noche. Todavía
se oían, a lo lejos, algunas detonaciones. El combate había
sido raudo, violento. Sintió un tremendo dolor en el costado,
se palpó y un pequeño caudal de sangre, como río,
le brotaba por el orificio que le había hecho el proyectil. Pensó
en rasgar su camisa para aplicarse un vendaje, pero el dolor es jodido
y lo inmovilizó. Se desmayó. Ahora sí, la negrura
del firmamento se imponía, volvió en sí cuando
los grillos junto con otros cientos de miles de insectos remontaban
su canto hacia el amanecer. Un delgado hilo de luz solar invadió
su entorno. La masa frondosa de árboles había adquirido
una extraña silueta, como la de un gigante que devoraba la parte
más obscura de algo monstruoso: la noche. El frío calaba
hasta los huesos, el sereno se estaba convirtiendo en una delgada escarcha
de hielo. Debo volver sobre mis pasos, fue una reflexión que
tuvo, así podré ganar un mejor tiempo. Reconstruyó
mentalmente la última carrera. El corazón palpitaba aceleradamente.
Los tiros parecían provenir de todas partes, habían caído
en una emboscada. Al grito del cabeza de columna se habían tirado
al suelo. La metralla sonaba rítmicamente, acompasaba la danza
de la muerte. Muchas veces se lo había imaginado que así
era. En sus ojos estaba la muerte de Mauricio, lo vio caer, -Mauricio,
Mauricio te decíamos; ¿Mauricio te llamabas? No, Supongo
que no. Ah, qué jodido eso de los seudónimos, ahora tengo
que buscar tu verdadero nombre. Además, tengo que buscar en sus
recuerdos el cariño a sus gentes y a sus cosas y avisarles que
Mauricio está muerto. Sé que una tarde voy a llegar a
un pueblo, las casas apiladas en desorden me dirán que allí
es, lo sabré porque sus pupilas muchas veces las recorrieron
de niño y las recordarán. LLegaré hasta el cerco
de la entrada de la casa, pondré cara de seriedad, sin llegar
a la difuntos. Preguntaré por su madre y sus hermanas, les diré
que está muerto, que Mauricio, o realmente como se llamaba su
hijo, no lo sé, ha muerto, que está bien muerto porque
una metralla de calibre grueso lo destrozó y lo convirtió
en una informe y sanguinolenta masa humana (...)
Eddy Roma, 1977
Sin vocación es imposible escribir
Nació en Amatitlán, el 16 de octubre de
1977. Actualmente trabaja como corrector de textos en una editorial.
Publicó, en 2000, la novela El cabezón de la banda, además
de varios relatos en revistas La Ermita y Magna Terra.
¿Cómo ve el panorama narrativo?
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Eddy Roma
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Muchos escritores mayores se quejan de que los jóvenes
no tocan el tema de la guerra o la política, pero no es algo
con lo que yo, por lo menos, me identifique. Los jóvenes no se
meten a grandes erudiciones o redención social, pero los temas
de drogas o amores son tan válidos como cualquiera, porque lo
que importa es tener lecturas y vivencias.
¿Cuáles son sus influencias?
Primero, Juan Carlos Onetti, el más grande narrador
de América, sin ínfulas estilísticas, como Cortázar;
ni ínfulas de erudito, como Borges. También Thomas Mann,
Honorato de Balzac y Stendhal.
¿Qué piensa de los premios literarios?
Que a veces tienen un buen premio en dinero, pero literariamente
no indican ningún camino.
¿Qué hay de la relación
entre escritores jóvenes y editoriales?
Yo creo que he tenido suerte. No sólo para publicar
mi novela, sino otros textos en revistas. Los editores han sido muy
amigables conmigo.
¿Qué requiere un buen escritor?
Ante todo, pasión por la lectura. Sin eso no se
puede escribir. Segundo, la necesidad de escribir, aunque no me refiero
a la disciplina de cinco cuartillas diarias. Yo no escribo todos los
días sino cuando necesito expresar algo. Finalmente, hay que
sentir que eso, escribir, es lo que uno ha venido a hacer al mundo.
Sin vocación no se puede escribir. El escritor no debe responder
a sectarismos, pues por muy buen estilo que tenga, deja de ser él
mismo.
De la novela El cabezón de la banda
El rey de la velocidad y la estrella de la carretera
(fragmento)
La noche anterior había soñado que le hacía
el amor a Marilyn Monroe, y ese recuerdo, junto con la frustración
que le invadió al despertar abrazado a sus sábanas, revueltas
y humedecidas, era lo que Jairo quería conservar por sí
ocurría uno de aquellos accidentes fatales que implicara muertos,
heridos, hierros retorcidos y gran audiencia en la emisión nocturna
de los telenoticieros, previa advertencia a nuestros amigos televidentes
por la crudeza de las imágenes que van a presenciar.
Tenía miedo de morir aplastado o prensado entre
dos buses; el terror más desorbitado se reflejaba en sus pupilas,
y respiraba aliviado al darse cuenta de lo pasajero del peligro, mientras
el corazón expulsaba los vapores del miedo a martillazo limpio.
Confiaba en que el casco, encajado a duras penas sobre su cabeza, lo
protegería en caso de caída, y sus manos se aferraban
a su asiento cuando un tráiler (o un bus o una pullman o un pick
up) los pasaban rozando, intimándoles. John Charles, experto
piloto, sin preocuparse demasiado por los bocinazos amenazadores que
rebotaban a sus espaldas, hacía zigzaguear la moto al esquivar
los cráteres lunares dejados por los últimos aguaceros.
No perdía de vista el medidor de gasolina. El viaje se dio tan
de repente que no tuvo tiempo de revisar si contaba con suficiente combustible,
pero confiaba en que rendiría al menos para el viaje de ida y
vuelta.
Jairo no se procupaba tanto por las bposibilidades de
un accidente, Dios no lo permitiera; lo que sí lo tenía
angustiado era que al primer período tocaba el examen bimestral
de matemáticas y apenas había repasado sus apuntes.
Se recordaba perfectamente de la sonrisa del profesor
al asegurarles que la prueba vendría bastante bonita, y eso.,
traducido para la comprensión del alumn o significaba estudien
duro porque les va a cosatar ganarla. Eso intentó de buena
fe en toda la seman, pero lo fue aplazando en favor de la película
del lunes, el programa de rock del martes y porque sencillamente no
le dio la gana estudiar ayer, confiado en su capacidad de retentiva.
La mañana del jueves era adecuada para dedicarle dos horas a
la lucha contra el álgebra y sus endiabladas operaciones de equis
y yés; precisamente programaba la alarma delreloj para que lo
despertara a las cinco de la madrugada en punto.
Héctor Rodas Andrade, 1964
Debemos replantearnos la vida
Nació el 7 de octubre de 1963 en Quetzaltenango.
Actualmente es catedrático de Literatura en el nivel diversificado.
Publicó El escarabajo historiador y otras fábulas, en
una edición de autor, de 200 ejemplares.
¿Cómo ve el panorama actual de
la narrativa en Guatemala?
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Héctor Rodas Andrade cultiva
el género fábula.
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Creo que se trata de hacer una literatura muy rápida.
Se necesita madurar más los referentes literarios y replantear,
no el lenguaje ni las palabras, sino los autores mismos respecto de
la vida.
¿Qué piensa de la relación
entre escritores y editoriales?
En Guatemala hay personas más allegadas a los
círculos editoriales, y que son publicables. Las editoriales
no buscan en los departamentos a quienes de verdad están escribiendo.¿Y
de los premios literarios?.
A veces son una salida económica, pero en ningún
momento te van a dar una calidad literaria. Son una trampa para quienes
codician el reconocimiento por sí solo.
¿Qué se necesita para ser un
buen escritor?
Constancia e inconformidad. Una insatisfacción
perpetua consigo mismo y con la sociedad.
Del libro: El escarabajo historiador y otras fábulas
El poema letrado
Un poema que se encontraba en una antología de
literatura universal acostumbraba infiltrarse entre las demás
páginas mientras el libro permanecía cerrado. Era de esa
forma como saciaba su avidez por la lectura. Estos continuos viajes
alimentaron su creatividad y su imaginación, cosa que demostraba
cuando al ser leído contaba a cada quien algo distinto.
La naturaleza del miedo
Un grupo de estudiosos de la conducta humana se reunió
para tratar de establecer la razón y el origen del miedo, si
es que éste corresponde a la naturaleza humana o es aprendido.
Con las respectivas polémicas del caso, la discusión se
encontraba en el punto más crítico cuando un fuerte sismo
hizo tambalear el temple y la serenidad de los científicos que,
poseídos por el pánico, sin pensarlo dos veces se echaron
a correr. Fue de esa manera como el miedo sintió a salvo su secreto.
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