Por: Susan Ferris
Fotografía: The New York Times
CIUDAD JUÁREZ, México.- Norma Andrade ya
no hablará acerca de los detalles de la desaparición de
su hija de 17 años ocurrida el Día de San Valentín
de 2001, ni de las señales de violación y tortura que
había en el cuerpo de la adolescente cuando fue hallada muerta,
una semana más tarde, en un lote baldío de Ciudad Juárez.
En lugar de ello, hará énfasis en su furia
contra la Policía estatal del estado mexicano de Chihuahua, a
la cual culpa de haber actuado con negligencia en las investigaciones,
y tratar con desprecio a las familias de centenares de mujeres víctimas
de asesinato.
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Norma Andrade -derecha- y su hija María
Luisa sostienen una fotografía de Lilia Alejandra, la chica
que fue asesinada, sin que la Policía interviniera. Crédito
para la foto: Mónica Almeida/The New York Times.
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Los errores, el horrendo trato; voy a hablar en
contra de todo eso, dijo Andrade, con la voz quebrada. Ellos
nunca han investigado nada. Creo que saben quién mató
a mi hija. Quienes lo hayan hecho deben ser personas muy poderosas,
agregó.
Muertes en papel
La hija de Andrade, Lilia Alejandra García, es
una de las 370 mexicanas cuyos asesinatos se han documentado a lo largo
del último decenio en esta ciudad fronteriza, al norte del país
y capital del estado de Chihuahua, según datos de Amnistía
Internacional.
Al parecer, después de años de quejas
por parte de residentes de Juárez, agentes de la Policía
Federal de México se están concentrando, en parte, en
las conexiones entre algunos de los asesinos y la delincuencia organizada.
En Juárez, decir crimen organizado equivale a
evocar al poderoso cartel del narcotráfico con el mismo nombre,
que trafica cocaína y otras drogas ilegales, dirigidas a consumidores
estadounidenses.
Una unidad especial de la rama federal, centrada en acabar
de raíz con el crimen organizado, está examinando 14 casos
de mujeres asesinadas. Los investigadores, incluso, tienen los
nombres y apellidos de sospechosos, según Héctor
García Rodríguez, representante en Ciudad Juárez
del Procurador General de México.
¿Una esperanza de justicia?
Este mes, el titular del referido ente estatal, Rafael
Macedo de la Concha, nombró a una fiscal federal especial, María
López Urbina, quien deberá examinar cientos de casos y
se reunirá con familiares de las mujeres. Un puñado de
sospechosos ha sido arrestado en conexión con algunos de los
asesinatos, pero los parientes de las víctimas creen que se fabricaron
pruebas en el caso de la mayoría, después de haber sido
torturados para firmar confesiones falsas.
Al mismo tiempo, la nueva agencia federal de investigación
en México, conocida como la AFI, está llevando a cabo
una investigación de alto nivel sobre los nexos entre el cártel
de Juárez y agentes de policía corruptos, tanto locales
como estatales.
En fecha reciente, agentes federales catearon una casa
en Ciudad Juárez y exhumaron los restos de 12 hombres, posiblemente
víctimas de pugnas internas o desafíos al cártel.
Trece oficiales de la Policía estatal fueron detenidos y los
agentes están buscando a un comandante de este cuerpo en Chihuahua,
así como a otros tres que están implicados en las ejecuciones
de los cadáveres en mención.
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Josefina González, con un retrato de su
hija, al fondo, cuyo cadáver apareció en una de
las calles de Juárez.
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Un oficial estadounidense que está en México
indicó que la investigación marca un avance. Agentes de
la Policía estatal que fueron detenidos revelaron que eran detectives
de Homicidios. Esa es la ironía. ¿Cuánta impunidad
más hace falta?
Esta es la primera vez que he visto algún
tipo de evidencia específica que relaciona a estos oficiales
con esos cadáveres, destacó el oficial estadounidense.
Salvajismo indignante
Al menos 137 de las mujeres asesinadas en esta área
en el transcurso de la última década fueron atacadas sexualmente,
evidencia hallada en los cuerpos con señales de golpizas. Muchas
de ellas fueron asfixiadas y abandonadas con las manos atadas. Autoridades
del estado reconocen que más de 70 mujeres están desaparecidas,
aunque algunos grupos pro derechos civiles arguyen que la cifra se aproxima
a 400.
La mayoría de las víctimas de asesinato
eran adolescentes o menores de 20 años. Prácticamente
todas venían de familias de bajos ingresos y muchas trabajaban
en fábricas, al tiempo que también trataban de terminar
el bachillerato o estudiaban secretariado en escuelas vocacionales.
Sólo en Ciudad Juárez, una urbe industrial
caracterizada por profundos abismos entre riqueza y pobreza, el número
de víctimas se ha cuadruplicado desde 1993. Los asesinatos de
varones también se han triplicado, según Amnistía
Internacional, grupo que ha documentado una larga lista de quejas respecto
del desempeño de la aplicación de la ley en Chihuahua,
tanto en el marco estatal como local.
Un caso emblemático
El asesinato de Lilia Alejandra García ilustra,
tristemente, la impunidad que rodea estos crímenes: Cuatro días
después de que se notificara su desaparición, personas
que viven cerca de un lote baldío hicieron una desesperada llamada
telefónica a la Policía local. ¿Qué
idioma tengo que hablar para que usted entienda lo que le estoy diciendo?
¡Una muchacha está siendo golpeada y violada!, informó
un testigo a las autoridades, según datos de la organización
humanitaria.
La llamada se registró a las 10:15 horas, pero
la unidad policial no llegó sino hasta las 11:25 de la noche.
Más de 12 horas después.
A esa hora, un automóvil en el cual testigos habían
visto a una mujer casi desvestida tratando de escapar, ya había
desaparecido. Dos días más tarde, el cuerpo de García
fue descubierto en el lote cercano al sitio de donde había salido
la llamada.
Amnistía Internacional puntualiza que no había
evidencia de que investigadores estatales o locales hubieran tratado
de entrevistar a testigos o dar seguimiento al telefonema de emergencia.
Marisela Ortiz, profesora que le dio clases a García
en su niñez, lloró mientras describía su muerte.
La golpearon hasta romperle los huesos. Le fracturaron la nariz,
el cráneo, y le arrancaron el labio. La quemaron. Realmente es
horrible pensar en cómo vivió sus últimos momentos,
llena de angustia, se lamentó Ortiz.
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Aureny Cuevas y Martha Patricia Carrillo, captadas
en un autobús, en el trayecto hacia su trabajo en una maquiladora.
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Quizá nunca sepamos quiénes son realmente
los asesinos, pero sí sabemos quiénes son las autoridades.
Sabemos quién no ha hecho su trabajo, quién permitió
que eso sucediera una y otra vez. Ellos deberían ser castigados.
Quizás si fueran encarcelados, la situación empezaría
a cambiar, concluyó.
Protesta
Jane Fonda y otras actrices estadounidenses se unieron
a una protesta en Ciudad Juárez, localizada justo al sur de El
Paso, Texas.
Durante la protesta en contra de la violencia contra
la mujer Fonda dijo: "He tratado de entender, de sentir en mi cuerpo,
lo que debe sentir una madre cuando un hijo propio es asesinado o desaparecido
y que nadie preste atención, acudir a las autoridades y ser tratado
como si eso no tuviera ninguna importancia".
"Amo a México", dijo Fonda, quien alguna
vez rodó un filme en ese país.
Sin embargo, dijo que los parientes de las muertas o
de las mujeres desaparecidas "merecen algo mejor que las autoridades
que gobiernan actualmente en este lugar".