Tras varios discursos por radio en los que llamaba a
la resistencia contra la invasión, el coronel Jacobo
Árbenz Guzmán, electo popularmente en 1951, renuncia el
27 de junio de 1957, con la intención de detener la agresión
armada, iniciada 10 días antes desde territorio hondureño,
por un grupo de paramilitares apoyados por Estados Unidos.
El detonante de la agresión había sido
la expropiación, en 1952, de tierras ociosas a la United Fruit
Company, a la cual se le pagó de acuerdo al valor declarado en
las escrituras, mucho menor al valor de mercado. La UFCO exigía
una indemnización de 15 millones, que Árbenz se negó
a dar.
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Algunos grupos civiles y estudiantiles se manifestaron
decididos a defender, con las armas, los logros de la Revolución.
Sin embargo, el mando del Ejército no los quiso dotar de
armas ni de entrenamiento.
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Allen Foster Dulles, director de la Central de Inteligencia
Americana, CIA, se encargó personalmente de conducir la operación
PB Success (Éxito) que consistía en brindar apoyo armado
a insurgentes del Ejército de Liberación, cuyo caudillo
era el coronel Carlos Castillo Armas. Además, se organizaron
estrategias de propaganda y cabildeo a nivel internacional para señalar
a Guatemala como un país comunista. El arzobispo Mariano Rosell
y Arellano hizo lo suyo al difundir una carta pastoral contra el comunismo,
cuyo texto, a decir del historiador Rubén López Marroquín,
tenía el visto bueno de la CIA.
Seguir discutiendo si Castillo Armas es un héroe
o si Árbenz es un héroe, es continuar ignorando lo que
realmente pasó en 1954, dice López Marroquín,
quien durante mucho tiempo ha investigado el movimiento de Contrarrevolución
y sus consecuencias.
Por años se dijo que no es una intervención
extranjera, pero tenían armamento y modernos aviones de Estados
Unidos. ¿Habrían triunfado sin ese apoyo?, se pregunta
López.
Ambos movimientos, Revolucionario y Liberacionista,
tuvieron su buena dosis de frustraciones, traiciones y momentos de heroísmo,
y sus jefes, Árbenz y Castillo Armas, ratos de amargura y soledad.
Quien inclinó la balanza fue el gobierno de los Estados Unidos,
señala Francisco Villagrán Kramer en su Biografía
Política de Guatemala.
Sin embargo, con el tiempo Árbenz fue prácticamente
mitificado por la izquierda, sin reconocer que cometió graves
errores que le hicieron imposible seguir gobernando, opina Armando
de la Torre, catedrático de Ciencias Sociales de la Universidad
Francisco Marroquín.
Árbenz era un hombre bien intencionado,
pero no tenía la formación humanística ni política
que sí tuvo Juan José Arévalo, su predecesor. Con
sus buenas intenciones, Árbenz pavimentó el camino al
infierno que vivió Guatemala, agrega de la Torre, quien
considera que no fue Castillo Armas quien rompió el orden constitucional,
sino el mismo Árbenz al disolver la Corte Suprema que había
dictaminado en contra del Decreto 900. Asimismo que asumir un discurso
abiertamente antinorteamericano fue como ponerse la soga al cuello.
El mayor error de Árbenz y los revolucionarios
guatemaltecos fue no entender que el mundo es un sistema y que esa organización
la dictan las superpotencias. Desde hace 200 años y América
Latina estaba en la esfera de influencia de Estados Unidos, aclara
López Marroquín.
¿Y en verdad era comunista?
Aquel fue el principal señalamiento de Estados
Unidos a Guatemala. Sin embargo, el historiador Oscar Peláez
Almengor estima que Árbenz no era representante de los sectores
populares, sino de la naciente burguesía. En su programa
plantea más ideas capitalistas que socialistas y mucho menos
comunistas. Eso sí, algunos miembros del Partido Guatemalteco
del Trabajo, de filiación comunista, tenían puestos clave
en su gobierno, agrega Peláez. De la Torre complementa:
Era un militar que no sabía negociar, sino dar órdenes
y no tenía idea de lo que era el liberalismo y por esa improvisación
fracasó.
Fue por ello que el Ejército no opuso mayor
resistencia y dejó prácticamente solo a Árbenz,
ya que los grupos económicos poderosos habían perdido
las esperanzas en su proyecto, afirma el escritor Ronald Flores,
quien desarrolló una tesis de maestría sobre el tema.
Algunos sí querían pelear
Días antes de la renuncia de Árbenz, se
suscitaron combates entre el Ejército Nacional y el Ejército
Liberacionista, los cuales ganó el primero por superioridad táctica.
Nunca se dio un triunfo militar. Fue una rendición vergonzosa.
Los universitarios creímos ingenuamente en el ejército
y nos ofrecimos para ir a defender la Revolución pero fue una
burla, porque ya la connivencia entre el Ejército y las fuerzas
intervencionistas estaba pactada, refiere con indignación
Roberto Díaz Castillo, presidente de la Asociación de
Estudiantes Universitarios en 1954.
Esta inacción militar se ha explicado por varias
razones: la campaña de persuasión y desmoralización
emprendida por la CIA, en la que advertían a los oficiales que
era una guerra perdida, pues era contra una superpotencia y que la otra
potencia, la Unión Soviética, no podría, ni
querría ayudarlos.
Por otra parte, en las mismas filas del Ejército
se adversaba la integración de milicias populares, por aquello
de las posteriores divisiones de poder. Por eso, los civiles no tuvieron
oportunidad de participar en la defensa del país.
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El presidente Jacobo Árbenz, durante su
último discurso, el 27 de junio.
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Hace medio siglo
Árbenz dejó el poder en manos del coronel
Carlos Enrique Díaz, quien fue obligado a integrar una junta
de gobierno y después a renunciar definitivamente, porque el
gobierno de Estados Unidos también lo identificaba como de tendencia
comunista. En todo caso se rompió el orden constitucional,
pues la presidencia debió ser asumida por el presidente del Congreso
o el de la Corte Suprema, no por un amigo, señala el historiador
Augusto Cazali, en una investigación publicada en 2002.
El historiador Rubén López concluye: Con
los sucesos de 1954 hay dos consecuencias. A nivel nacional, el inicio
de una polarización que dura hasta nuestros días y , a
nivel internacional, terminó la política del Buen Vecino
que Estados Unidos había manejado desde principios del siglo
XX. Ronald Flores coincide en esta segunda: En política
internacional, todo aquel que quiera atropellar los negocios de Estados
Unidos es calificado de enemigo: sea nazi o comunista o terrorista.
En 1954, Árbenz despertó la furia del gigante que no se
detuvo ni aún cuando ya estaba fuera del gobierno.
Días de agitación; renunciar no bastó
Desde el 15 de junio se intensificaron las incursiones
armadas por tierra y aire. El Ejército combatía con éxito,
aunque tenía ciertas limitaciones de municiones. Varias naciones
se solidarizaron... de palabra.
Junio 17: Un avión arroja armas y municiones en
la Costa Sur. Hay apagones como medida defensiva.
Junio 23: La Cámara de Diputados de Uruguay se
solidariza con Guatemala, al igual que otros países de sudamérica.
Junio 25: Llegan más mensajes de repudio a la
intervención armada. El Ejército sigue anunciando victorias.
Junio 27: Arbenz deja el poder en manos de Carlos Enrique
Díaz, que también renunciará.
Junio 29: Aunque ya no está Arbenz en el poder,
las presiones siguen para que todos sus partidarios salgan del gobierno.
Junio 30: Persecución a los comunistas.
Castillo Armas, entra a Guatemala el 3 de julio.
El último discurso, 27 de junio, de noche
Con el encabezamiento: Trabajadores, campesinos,
patriotas, amigos míos; Pueblo de Guatemala, Jacobo Árbenz
dejó la Presidencia de la República y cedía el
cargo a Carlos Enrique Díaz con un controvertido discurso antinorteamericano.
Estos son algunos fragmentos:
Desde hace 15 días se ha desatado una guerra
cruel contra Guatemala, de la cual aparentemente no hay ningún
gobierno responsable. Esto no quiere decir que no sepamos quién
ha desatado la agresión contra nuestra querida patria.
La United Fruit Company, los monopolios norteamericanos,
en connivencia con los círculos gobernantes de Norteamérica,
son los responsables de lo que está ocurriendo.
Todos sabemos cómo han bombardeado y ametrallado
ciudades, inmolado mujeres, niños, ancianos y elementos civiles
indefensos.
¿En nombre de qué hacen todas estas
barbaridades? ¿Cuál es su bandera? Todos la conocemos
tan bien. Han tomado de pretexto al comunismo. La verdad es muy otra.
La verdad hay que buscarla en los intereses financieros de la Compañía
Frutera y en los de los otros monopolios norteamericanos que han invertido
grandes capitales en América Latina. (...).
Os digo adiós, amigos míos, con amargo
dolor, pero manteniendo firmes mis convicciones. Guardad lo que tanto
ha costado. Diez años de lucha, de lágrimas, de sacrificios
y de conquistas democráticas son muchos años como para
contradecir a la historia.
Con la satisfacción de quien cree que ha
cumplido con su deber, con fe en el porvenir, yo digo: ¡Viva la
Revolución de Octubre! ¡Viva Guatemala!.
Sin bombas ni fusiles suficientes
Carlos Castillo Armas fue designado por Estados
Unidos como el líder de la operación PB Success.
En territorio de Honduras y Nicaragua se realizó
el adiestramiento de elementos paramilitares del Ejército de
Liberación, aunque informes de la inteligencia estadounidense
señalaban que no contaban con suficientes armas ni entrenamiento
militar.
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Carlos Castillo Armas llegaría a la presidencia
el 1 de septiembre. Arriba, con el presidente de EE.UU., Dwight
Eisenhower. Abajo, es escoltado en una visita oficial a aquella
nación.
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La CIA consiguió algunos veteranos de guerra que
fueron los encargados de bombardar y ametrallar objetivos en Guatemala.
Sin imponencia física y marcadas facciones mestizas, Castillo
Armas no tenía aspecto de caudillo, dice Nicollas Cullater
en un análisis de la operación PB Success. Para abril
de 1954, el entrenamiento de las tropas había hecho avances,
pero seguía sin compararse con los 5000 hombres del potente
Ejército Guatemalteco, si el ejército apoyaba a Árbenz,
relata Cullater.
Carlos Castillo Armas había sido oficial del Ejército
y director de la Escuela Politécnica, pero había sido
dado de baja por su participación en una fallida conspiración.
Sin embargo, no era el único adversario del gobierno: existía
una liga de estudiantes anticomunistas encabezada por Mario Sandoval
Alarcón, quienes denunciaban que había comunistas infiltrados
en el Estado.
En Tegucigalpa, Honduras, en 1953, Castillo Armas pactó
con otro coronel guatemalteco, Miguel Ydígoras, que sería
el candidato presidencial en las elecciones tras el derrocamiento de
Arbenz.
Sin embargo, Castillo entra triunfante a la capital el 3 de julio de
1954 y, tras forzar la integración de varias juntas militares,
quedó como Presidente de la República el 1 de septiembre.
Entre 1954 y 1957 se produjo una persecución a
todas aquellas personas señaladas de tener vínculos con
el comunismo: sindicalistas, líderes obreros, integrantes de
grupos estudiantiles. Se formó el Comité de Defensa contra
el Comunismo, que fue el principal brazo represivo del gobierno, refiere
Augusto Cazali.
Sin embargo, a pesar de su fama de Liberacionista, Carlos
Castillo Armas fue asesinado en una misteriosa emboscada, dentro del
Palacio Nacional, en 1957. Existen varias hipótesis: una de ellas,
que se había querido resistir a los designios del gobierno de
Estados Unidos; otra, que Miguel Ydígoras se había cobrado
la deuda, ya que éste llegaría a la presidencia poco después.
La rebelión del 2 de agosto de 1954
Para salvar el honor
El 1 de agosto desfilaron el Ejército Nacional
y el Ejército de Liberación, fusionados por acuerdo del
2 de julio. Fue una afrenta al honor de algunos oficiales. Cadetes de
la Escuela Politécnica se alzaron el 2 de agosto.
Nuestro movimiento no fue político ni ideológico.
Nosotros no estábamos a favor de Arbenz ni de Castillo Armas.
Lo que queríamos era rescatar el honor de nuestra academia,
dice José Pablo Coronado, militar retirado que formó parte
de aquel movimiento.
Motivos para rebelarse
El 3 de julio, cuando entró Carlos Castillo
ARmas a Guatemala, nos enviaron a desfilar. Nosotros, como estudiantes
militares, sólo obedecemos órdenes, pero ya desde esos
días la gente que nos miraba pasar nos gritaba ¡traidores!
o ¡cobardes!, como si nosotros no hubiéramos querido pelear
contra los Liberacionistas, agrega Coronado.
El 1 de agosto
Aquel fue declarado como el día de la reconciliación,
cuando los dos ejércitos marcharon juntos hacia el Campo de Marte.
Sin embargo, los liberacionistas hacían comentarios burlones
a los oficiales y cadetes. Pensamos que había que ponerlos
en su lugar, dice Mario Castillo, otro militar retirado.
Guerra de un día
Logramos conseguir apoyo de varios oficiales de
la Guardia de Honor y de la base de La Aurora. En la madrugada del 2
de agosto, nos movilizamos hasta los campos del Roosevelt, en donde
pernoctaban los liberacionistas, cuenta Coronado.
En el transcurso de algunas horas, los cadetes lograron
la rendición del Ejército de Liberación, no sin
sufrir alguna bajas, como la del cadete Jorge Luis Araneda, a quien
sólo le faltaba un mes para graduarse.
Fue algo que hicimos por honor y sólo por
eso, dice Coronado, quien hoy preside la Asociación 2 de
Agosto, que tiene como fin exaltar la memoria de quienes ofrendaron
su vida en aquella gesta.
Informe de una larga persecución
La CIA siguió a Jacobo Arbenz, incluso tras
su dimisión como Presidente de la República. Estos son
extractos de informes de inteligencia, desclasificados en el 2003.
El Programa de Revisión Histórica de la
CIA (CIA Historical Review Program) dió a conocer en 2003 los
registros del seguimiento que, desde junio de 1950 hasta mayo de 1957,
realizó el gobierno norteamericano sobre el coronel Jacobo Árbenz.
Esto es parte de los reportes, algunos con comentario contextual.
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Jorge Luis Araneda murió durante el combate
de los cadetes contra el Ejército de Liberación.
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27 de junio de 1954: Árbenz dimite como
Presidente en favor de Carlos Enrique Díaz, dando un violento
discurso antiamericano.
28 de junio de 1954: Árbenz, su esposa
y dos hijos se refugian en la Embajada mexicana en Guatemala. Esto es
seguido por rumores de que Árbenz comienza a estar enfermo y
algunos informes acerca de su mal humor y excesos de bebida en la embajada.
(Comentario: Esto puede ser usado para acusarlo de cobardía).
10 de septiembre de 1954: Árbenz, su familia
y José Manuel Fortuny parten a México.
19 de septiembre de 1954: Jacobo Árbenz,
ex Presidente de Guatemala, y su esposa han decidido ir a Suiza tan
pronto como sea posible, primero tienen que obtener su salvoconducto
para abandonar Guatemala Los padres de Árbenz eran suizos. La
esposa de Árbenz estudió alemán en la Embajada
mexicana en Guatemala. Árbenz estaba deprimido.
5 de octubre de 1954: El Gobierno de Guatemala
requiere la extradición de Árbenz.. Se cree que está
en Ciudad de México.
27 de octubre de 1954: La revista mexicana Siempre
publica una entrevista con Árbenz en la cual él acusa
a la Armada guatemalteca de traicionarlo.
17 de diciembre de 1954: Árbenz parte de
México a París con su familia.
20 de julio de 1955: Los exiliados guatemaltecos
en México esperan el regreso de Árbenz.
Algunos miembros del PARU (Partido de Acción Revolucionaria
Unificada) temen el regreso de Árbenz porque puede causar graves
disensiones en el grupo de la oposición en el exilio.
Esta persecución de la CIA documentó los
viajes de Árbenz a lugares como Praga, Moscú o China y
sus relaciones con personajes como Fortuny, Bracamonte, Guerra-Borges
e incluso Mao Zedong.
El archivo total referente a Árbenz y a la operación PBSuccess,
abarca en total 14 mil páginas.