En febrero de 1971, durante el régimen represivo
del general Carlos Manuel Arana Osorio, la empresa Exploraciones y Explotaciones
Mineras de Izabal (Exmibal) logró una concesión por cuarenta
años para la explotación del níquel en Guatemala.
Exmibal es la subsidiaria local de la Compañía
Canadiense Internacional de Níquel (Inco, por sus siglas en Inglés),
la cual inició una sociedad con Geostar Metals Inc. (Geostar)
y Chesbar Resources Inc. (Chebar), también de capital canadiense.
Diez años después de haber obtenido la
concesión, Exmibal cancela sus trabajos en El Estor, Izabal,
por la baja internacional en los precios del níquel. Se va, momentáneamente,
porque sus ganancias empresariales se veían mermadas.
Al salir no contó también entre las pérdidas
las vidas humanas que la firma del convenio que le permitió
explotar nuestros recursos acarreó para Guatemala. Julio
Camey Herrera y Adolfo Mijangos López, en 1969 y 1971, pagaron
con su vida el oponerse a la explotación y negociación
draconiana que impuso la Inco-Exmibal.
Una década después, en 1980, Julio Alfonso
(Sabanita) Figueroa también fue acribillado por sus estudios
de impacto económico-negativo de la Exmibal. Rafael Piedrasanta,
quien junto a Camey y Mijangos participó en un estudio sobre
los perjuicios que contenía el contrato de concesión entre
el régimen de Arana y Exmibal.
Ahora, más de dos décadas después
de haberse retirado, Exmibal pretende retornar a El Estor. Ha llegado
igual que en los años 70, como los merolicos de las ferias
con ofrecimientos de empleo, prosperidad y desarrollo. Cuando se fue
en 1981, el progreso ofrecido en El Estor no existía. Más
bien se produjo una profunda crisis ambiental y de violencia, que ahora
retorna como amenaza.
La explotación minera perjudica los recursos naturales
no renovables y, para lograr su cometido, Exmibal requiere deforestar
nuevamente la extensión que le fuera entregada por el gobierno
militar de Arana Osorio. Al igual que antes, ahora con violencia
y sin dar la cara se vale del respaldo local de las familias Ponce
y Lorenzana.
Las mismas que en los años 70 apoyaron a sangre
y fuego la instalación primaria de la empresa foránea.
De hecho, la Comisión para el Esclarecimiento Histórico
llegó a consignar que la empresa canadiense estuvo involucrada
en ejecuciones extrajudiciales perpetradas en la zona de El Estor y
Panzós, durante el conflicto armado.
Esta vez, con el apoyo del alcalde Rigoberto Chub, pretenden
reinstalarse y no escatiman amenazas contra las comunidades locales
y organizaciones de base, como la Asociación Amigos del Lago
de Izabal, a cuya representante han amenazado de muerte y han acosado
judicialmente.
Para este propósito, se han valido como
en los años 70 de los cuerpos paramilitares, de las estructuras
de Cuerpos de Inteligencia y Aparatos Clandestinos de Seguridad (Ciacs),
al servicio de los cabecillas de la violencia en Izabal. Exmibal retorna
a Guatemala con ofrecimiento de empleos y una cartera de violencia y
muerte, como lo hizo en el pasado. De nuevo, Exmibal está contra
Guatemala y para su propósito cuenta con el respaldo de los Ciacs.
Es ahora cuando deben actuar las autoridades de seguridad
para garantizar la vida, la integridad, el derecho a la libre asociación
y expresión de quienes denuncian en El Estor y en Guatemala el
peligro que representan las operaciones de la empresa minera en mención.
Mientras, la Presidencia de la República, que
ahora está a cargo de Oscar Berger, está obligada a no
suscribir convenio alguno de explotación minera sin escuchar
y, sobre todo, atender los reclamos de las comunidades por el respeto
de su tierra, de su ambiente y de sus vidas.