La imagen de hombres con uniformes de rayas blancas y
negras, detrás de barrotes de hierro, cumpliendo una sentencia
por un delito, es algo que sólo queda en las imágenes
de cine.
En la Granja Penal de Pavón, por ejemplo, los
reos no viven uniformados ni están tras las rejas. Muchos han
logrado en prisión, el sueño de la mayoría de ciudadanos
libres: tener casa propia con todas sus comodidades.
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Los reos traspasan los derechos de su vivienda
a otro convicto, cuando cumplen su condena o necesitan dinero.
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Las ofertas de vivienda van desde Q1,500, que es lo que
puede costar la plancha del fondo de una bartolina para 8 reos, hasta
Q35 mil, que ha sido la vivienda mejor pagada y que el reo Carlos Barrientos
vendió a un colombiano llamado Carlos.
Con dinero baila el preso
La Granja Penal de Rehabilitación Pavón
es un reflejo de la sociedad guatemalteca donde se marcan al menos tres
clases sociales: ricos, pobres y una clase media. Todos conviven diariamente
entre rejas, paredes de cartón, plywood, adobe y blocks, así
como viviendas con techos de lámina de zinc, canaleta y hasta
terraza.
Los convictos ricos han logrado construir o comprar viviendas
que les permite vivir a cuerpo de rey. No tienen nada que envidiarle
a cualquier guatemalteco que viva en un apartamento de cualquier zona
capitalina. Pero este espacio, que puede ser hasta de aproximadamente
4 por 6 metros tiene un costo que oscila entre Q8 mil y Q20 mil.
En el dormitorio no es difícil encontrar una cama
king size, un televisor en color de 27 pulgadas, un equipo de sonido
marca Sony y una gran cantidad de discos y películas. En el comedor
no falta la estufa eléctrica, la mesa con sillas y muchas veces
un amueblado de sala. Son los que mejor viven, señala
uno de los reos.
Estos lugares exclusivos también ostentan el selecto
gusto de los convictos. Las puertas muestran finos acabados y
no es raro observar el brillo de los azulejos en los baños. Algunas
de estas viviendas cuentan incluso con un local comercial.
La casa más cotizada hasta el momento ha sido
la que hace un tiempo vendió Barrientos. Está ubicada
en el sector denominado champas y tuvo un costo de Q35 mil.
Este precio provocó malestar entre muchos reos, incluso entre
los integrantes del Comité de Orden y Disciplina.
Barrientos ha logrado amasar su fortuna a base de manejar
el monopolio de un refresco de cola y el agua pura que se vende dentro
del penal, así como la venta de huevos. Ser uno de los dos prestamistas
del centro también le ha permitido aumentar sus recursos. Según
fuentes de dicho penal, Barrientos presta sumas con un interés
del 10 por ciento semanal.
Sin embargo, poco le puede envidiar a Barrientos el presidente
del Comité de Orden y Disciplina: Tomasito, un reo
sentenciado por narcotráfico y que, según cuentan, siempre
es protegido por un grupo de convictos colombianos. Este reo está
a punto de recobrar su libertad, luego de cumplir con su sentencia.
Su casa está rodeada de una pared de block y lo
primero que encuentran los visitantes al ingresar es un jardín
rodeado por una verja de madera. Escuchar el canto de los canarios y
el gorjeo de los loros es también parte de los gustos de Tomasito,
quien posee dos vacas en su huerto.
Ricardo Ortega Del Cid es uno de los reos que se caracterizó
por poseer una de las viviendas mejor equipadas, así como por
llevar una de las vidas más ostentosas, debido a que era apoyado
económicamente por su hermana y su madre; sin embargo sus constantes
estados depresivos y deudas por drogas lo han llevado a perder muchos
de sus bienes.
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Los huertos proveen de recursos a algunos presidiarios.
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La lista de reos que viven como en casa en
la Granja Pavón es larga. Uno de estos es Víctor Celis,
quien construyó desde hace varios años su casa en el sector
Talleres. Una construcción similar logró poco a
poco Jorge Zimeri Zafié, condenado por tráfico de
armas. Le ha costado levantar su casa, comenta un reo.
La clase media acomodada
Abajo de los que tienen el monopolio del comercio, la
droga y el comité de Orden están decenas de reos que dominan
diferentes áreas y sectores del penal. Algunos de estos son los
que viven en las bartolinas fijas, ubicadas en los dos pisos
del edificio principal.
Los sectores llamados VIII Grande y VIII-Pequeño
son bartolinas en las cuales residen sólo tres o cuatro presos.
Éstos cuentan con televisores, equipos de sonido, estufas eléctricas,
y algunos, incluso, tienen hornos de gas para fabricar tortillas y pan.
Uno de estos grupos con tantas como
didades es el de los colombianos, quienes residen en el VIII-Pequeño.
Estas bartolinas han sido acomodadas de tal manera que
las rejas ya no existen. En su lugar ha sido construida una pared de
block. Cuentan con el privilegio de tener el servicio de agua casi todo
el día. Pero todos estos beneficios tiene un pago único
que va entre Q4 mil y Q18 mil.
Los desposeídos
La pobreza y extrema pobreza también se ve reflejada
en la prisión: aquellos que carecen de recursos económicos,
la gran mayoría, están confinados en las bartolinas tal
como fueron concebidas durante la construcción del penal. Son
ambientes de aproximadamente 3.5 metros por 5 de fondo con una reja
de metal en la parte frontal, con 8 planchas de concreto para igual
número de reos.
Cada reo intenta mantener separada su plancha, para su
privacidad, con paredes de cartón o plywood. Algunos
tienen un colchón y otros, nada. Unicamente se alimentan con
la comida que el penal les otorga. Muchos nunca reciben la visita
de sus familiares, señala uno de los reos.
Negocio redondo
Todos los negocios de bienes inmuebles que
se concretan en el interior del penal deben tener el visto bueno y la
firma del Comité de Orden y Disciplina. Nada tiene validez si
no lleva el aval del presidente, Tomás García y el vicepresidente,
Luis Zepeda. Tampoco puede faltar el visto bueno del secretario del
Comité, Víctor Celis.
Tanto el vendedor como el comprador se presentan ante
los integrantes del Comité y éstos suscriben un documento
donde se hace constar el traspaso del terreno o la casita. La mayoría
de estos negocios se llevan a cabo cuando uno de los reos obtiene su
libertad y decide poner en venta su propiedad para recuperar
lo invertido en la adquisición y las mejoras hechas.
Según cuentan los reclusos, por realizar este
trámite, los del Comité cobran entre el 5 y el 10 por
ciento del negocio. Una fuente del penal señaló: Dicen
que este dinero es para escobas, trapeadores o cualquier trabajo de
restauración o mantenimiento que se haga dentro del penal.
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En los sectores se mezclan viviendas edificadas
con materiales de construcción y otras hechas con madera
y láminas de zinc.
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Sexteando
El bullicio y los negocios de la zona 1 capitalina es
evocado por los reos de la granja Penal de Pavón, cuando acuden
al área conocida como sexta avenida. Aquí
se consigue de todo, desde una golosina hasta un préstamo de
dinero.
Cualquiera que ingrese de visita a este penal puede observar
la tortillería del señor Ovando, donde se consiguen sacos
de Maseca, la cafetería del señor Quiñónez
o la pizzería de Lacho. Estos negocios sobresalen
entre otros donde se ofrecen servicios de reparación de radios
y TV o de calzado.
Los reclusos que quieran reparar o hacer mejoras a su
vivienda puede acudir a la ferretería. Aquí pueden comprar
tubo pvc, cedazo, clavos, martillos o cualquier artículo de electricidad.
Uno de los negociantes más prósperos es
el de Barrientos, quien, entre otros, tiene el Rostipollo,
que era de Danilo de Jesús Villegas, de origen colombiano, quien
estuvo prisionero de 1996 a 2003 y fue asesinado el 18 de marzo de este
año, cuando salía de la visita del mismo penal.
Otros comercios también muy florecientes son las
dos casas de empeño que allí funcionan. Cualquier reo
apremiado por la situación económica puede empeñar
un par de tenis, una grabadora, un par de botas o hasta una televisión.
Por estas transacciones cobran aproximadamente el 10 por ciento semanal.
Los jueves el negocio de Víctor Celis se convierte
en uno de los más concurridos. Este personaje desde muy de madrugada
mata un cerdo y, para el medio día, vende chicharrones y carnitas.
Protección
Para que el negocio marche bien, los reclusos deben llevar
la bendición del Comité de Orden y Disciplina. Según,
cuentan algunos de estos empresarios, antes de abrir el changarro,
deben solicitar permiso a dicho comité.
Algunas tiendas pagan como impuesto Q20 semanales. Este
impuesto le da protección al negocio, porque, si entran a robar,
el comité investiga, sanciona al culpable y lo envía al
polo, un lugar frío de castigo.
Privilegios carcelarios:
Se debe respetar el derecho a la igualdad
Gerardo Pérez, coordinador del área penitenciaria
del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala,
ICCPG:
¿Qué opina de las comodidades
que algunos reos gozan en la Granja Penal?
Creo que se debe respetar el derecho a la igualdad, todos
los reos deben tener acceso a los mismos servicios y trato. Cuando se
dan privilegios como éstos se violenta el derecho a la igualdad
y la dignidad humana.
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Grupos de reos viven alejados de las rejas de
la prisión, para dar paso a una vivienda individual construida
con diversos materiales.
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¿Esta práctica desigual sucede
solamente en Pavón?
Esto se registra en todos los centros carcelarios del
país y es la reproducción de la estructura socioeconómica
nacional, donde las personas que poseen más dinero, obtienen
mejores condiciones de vida y un trato distinto al de los demás.
¿Es legal?
En base a la Constitución no. Las personas que
tienen estos privilegios son las que cuentan con recursos y muchas veces
son las que están integradas en los comités de orden y
disciplina del penal.
¿Por qué se dan este tipo de arbitrariedades?
Estos hechos se registran por la ausencia de un marco
jurídico ordinario como lo podría ser la Ley Penitenciaria.
También se debe a la práctica de algunos funcionarios
penitenciarios, quienes prefieren dejar el control de las cárceles
a grupos privilegiados.
¿Por qué las autoridades permiten
estas anomalías?
Por el estado de abandono en que el Estado tiene las
cárceles de todo el país. Lo único que le interesa
al Estado es que los condenados lleguen a las cárceles y ya estando
allí que les pase lo que sea. Sólo cuando se registran
motines las autoridades vuelven sus ojos hacia ellos.