Reportaje Central

Vecindario exclusivo
La oportunidad de vivir a cuerpo de rey en la Granja Penal de Pavón depende de la capacidad de pago de los reos. Con Q20 mil, un reo puede adquirir el derecho a tener una vivienda donde la televisión, la música y el agua caliente no faltan.

Por: Francisco Martínez
Fotos:Carlos Sebastián

La imagen de hombres con uniformes de rayas blancas y negras, detrás de barrotes de hierro, cumpliendo una sentencia por un delito, es algo que sólo queda en las imágenes de cine.

En la Granja Penal de Pavón, por ejemplo, los reos no viven uniformados ni están tras las rejas. Muchos han logrado en prisión, el sueño de la mayoría de ciudadanos libres: tener casa propia con todas sus comodidades.

Los reos traspasan los derechos de su vivienda a otro convicto, cuando cumplen su condena o necesitan dinero.

Las ofertas de vivienda van desde Q1,500, que es lo que puede costar la plancha del fondo de una bartolina para 8 reos, hasta Q35 mil, que ha sido la vivienda mejor pagada y que el reo Carlos Barrientos vendió a un colombiano llamado Carlos.

Con dinero baila el preso

La Granja Penal de Rehabilitación Pavón es un reflejo de la sociedad guatemalteca donde se marcan al menos tres clases sociales: ricos, pobres y una clase media. Todos conviven diariamente entre rejas, paredes de cartón, plywood, adobe y blocks, así como viviendas con techos de lámina de zinc, canaleta y hasta terraza.

Los convictos ricos han logrado construir o comprar viviendas que les permite vivir a cuerpo de rey. No tienen nada que envidiarle a cualquier guatemalteco que viva en un apartamento de cualquier zona capitalina. Pero este espacio, que puede ser hasta de aproximadamente 4 por 6 metros tiene un costo que oscila entre Q8 mil y Q20 mil.

En el dormitorio no es difícil encontrar una cama king size, un televisor en color de 27 pulgadas, un equipo de sonido marca Sony y una gran cantidad de discos y películas. En el comedor no falta la estufa eléctrica, la mesa con sillas y muchas veces un amueblado de sala. “Son los que mejor viven”, señala uno de los reos.

Estos lugares exclusivos también ostentan el “selecto gusto” de los convictos. Las puertas muestran finos acabados y no es raro observar el brillo de los azulejos en los baños. Algunas de estas viviendas cuentan incluso con un local comercial.

La casa más cotizada hasta el momento ha sido la que hace un tiempo vendió Barrientos. Está ubicada en el sector denominado “champas” y tuvo un costo de Q35 mil. Este precio provocó malestar entre muchos reos, incluso entre los integrantes del Comité de Orden y Disciplina.

Barrientos ha logrado amasar su fortuna a base de manejar el monopolio de un refresco de cola y el agua pura que se vende dentro del penal, así como la venta de huevos. Ser uno de los dos prestamistas del centro también le ha permitido aumentar sus recursos. Según fuentes de dicho penal, Barrientos presta sumas con un interés del 10 por ciento semanal.

Sin embargo, poco le puede envidiar a Barrientos el presidente del Comité de Orden y Disciplina: “Tomasito”, un reo sentenciado por narcotráfico y que, según cuentan, siempre es protegido por un grupo de convictos colombianos. Este reo está a punto de recobrar su libertad, luego de cumplir con su sentencia.

Su casa está rodeada de una pared de block y lo primero que encuentran los visitantes al ingresar es un jardín rodeado por una verja de madera. Escuchar el canto de los canarios y el gorjeo de los loros es también parte de los gustos de “Tomasito”, quien posee dos vacas en su huerto.

Ricardo Ortega Del Cid es uno de los reos que se caracterizó por poseer una de las viviendas mejor equipadas, así como por llevar una de las vidas más ostentosas, debido a que era apoyado económicamente por su hermana y su madre; sin embargo sus constantes estados depresivos y deudas por drogas lo han llevado a perder muchos de sus bienes.

Los huertos proveen de recursos a algunos presidiarios.

La lista de reos que viven “como en casa” en la Granja Pavón es larga. Uno de estos es Víctor Celis, quien construyó desde hace varios años su casa en el sector Talleres. Una construcción similar logró “poco a poco” Jorge Zimeri Zafié, condenado por tráfico de armas. “Le ha costado levantar su casa”, comenta un reo.

La clase media acomodada

Abajo de los que tienen el monopolio del comercio, la droga y el comité de Orden están decenas de reos que dominan diferentes áreas y sectores del penal. Algunos de estos son los que viven en las “bartolinas fijas”, ubicadas en los dos pisos del edificio principal.

Los sectores llamados VIII Grande y VIII-Pequeño son bartolinas en las cuales residen sólo tres o cuatro presos. Éstos cuentan con televisores, equipos de sonido, estufas eléctricas, y algunos, incluso, tienen hornos de gas para fabricar tortillas y pan. Uno de estos grupos con tantas como
didades es el de los colombianos, quienes residen en el VIII-Pequeño.

Estas bartolinas han sido acomodadas de tal manera que las rejas ya no existen. En su lugar ha sido construida una pared de block. Cuentan con el privilegio de tener el servicio de agua casi todo el día. Pero todos estos beneficios tiene un pago único que va entre Q4 mil y Q18 mil.

Los desposeídos

La pobreza y extrema pobreza también se ve reflejada en la prisión: aquellos que carecen de recursos económicos, la gran mayoría, están confinados en las bartolinas tal como fueron concebidas durante la construcción del penal. Son ambientes de aproximadamente 3.5 metros por 5 de fondo con una reja de metal en la parte frontal, con 8 planchas de concreto para igual número de reos.

Cada reo intenta mantener separada su plancha, para su privacidad, con “paredes” de cartón o plywood. Algunos tienen un colchón y otros, nada. Unicamente se alimentan con la comida que el penal les otorga. “Muchos nunca reciben la visita de sus familiares”, señala uno de los reos.

Negocio redondo

Todos los negocios de “bienes inmuebles” que se concretan en el interior del penal deben tener el visto bueno y la firma del Comité de Orden y Disciplina. Nada tiene validez si no lleva el aval del presidente, Tomás García y el vicepresidente, Luis Zepeda. Tampoco puede faltar el visto bueno del secretario del Comité, Víctor Celis.

Tanto el vendedor como el comprador se presentan ante los integrantes del Comité y éstos suscriben un documento donde se hace constar el traspaso del terreno o la casita. La mayoría de estos negocios se llevan a cabo cuando uno de los reos obtiene su libertad y decide poner en venta su “propiedad” para recuperar lo invertido en la adquisición y las mejoras hechas.

Según cuentan los reclusos, por realizar este trámite, los del Comité cobran entre el 5 y el 10 por ciento del negocio. Una fuente del penal señaló: “Dicen que este dinero es para escobas, trapeadores o cualquier trabajo de restauración o mantenimiento que se haga dentro del penal”.

En los sectores se mezclan viviendas edificadas con materiales de construcción y otras hechas con madera y láminas de zinc.

Sexteando

El bullicio y los negocios de la zona 1 capitalina es evocado por los reos de la granja Penal de Pavón, cuando acuden al área conocida como “sexta avenida”. Aquí se consigue de todo, desde una golosina hasta un préstamo de dinero.

Cualquiera que ingrese de visita a este penal puede observar la tortillería del señor Ovando, donde se consiguen sacos de Maseca, la cafetería del señor Quiñónez o la pizzería de “Lacho”. Estos negocios sobresalen entre otros donde se ofrecen servicios de reparación de radios y TV o de calzado.

Los reclusos que quieran reparar o hacer mejoras a su vivienda puede acudir a la ferretería. Aquí pueden comprar tubo pvc, cedazo, clavos, martillos o cualquier artículo de electricidad.

Uno de los negociantes más prósperos es el de Barrientos, quien, entre otros, tiene “el Rostipollo”, que era de Danilo de Jesús Villegas, de origen colombiano, quien estuvo prisionero de 1996 a 2003 y fue asesinado el 18 de marzo de este año, cuando salía de la visita del mismo penal.

Otros comercios también muy florecientes son las dos casas de empeño que allí funcionan. Cualquier reo apremiado por la situación económica puede empeñar un par de tenis, una grabadora, un par de botas o hasta una televisión. Por estas transacciones cobran aproximadamente el 10 por ciento semanal.

Los jueves el negocio de Víctor Celis se convierte en uno de los más concurridos. Este personaje desde muy de madrugada mata un cerdo y, para el medio día, vende chicharrones y carnitas.

Protección

Para que el negocio marche bien, los reclusos deben llevar la bendición del Comité de Orden y Disciplina. Según, cuentan algunos de estos empresarios, antes de abrir el “changarro”, deben solicitar permiso a dicho comité.

Algunas tiendas pagan como impuesto Q20 semanales. Este impuesto le da protección al negocio, porque, si entran a robar, el comité investiga, sanciona al culpable y lo envía al “polo”, un lugar frío de castigo.

Privilegios carcelarios:
“Se debe respetar el derecho a la igualdad”

Gerardo Pérez, coordinador del área penitenciaria del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala, ICCPG:

—¿Qué opina de las comodidades que algunos reos gozan en la Granja Penal?

Creo que se debe respetar el derecho a la igualdad, todos los reos deben tener acceso a los mismos servicios y trato. Cuando se dan privilegios como éstos se violenta el derecho a la igualdad y la dignidad humana.

Grupos de reos viven alejados de las rejas de la prisión, para dar paso a una vivienda individual construida con diversos materiales.

—¿Esta práctica desigual sucede solamente en Pavón?

Esto se registra en todos los centros carcelarios del país y es la reproducción de la estructura socioeconómica nacional, donde las personas que poseen más dinero, obtienen mejores condiciones de vida y un trato distinto al de los demás.

—¿Es legal?

En base a la Constitución no. Las personas que tienen estos privilegios son las que cuentan con recursos y muchas veces son las que están integradas en los comités de orden y disciplina del penal.

—¿Por qué se dan este tipo de arbitrariedades?

Estos hechos se registran por la ausencia de un marco jurídico ordinario como lo podría ser la Ley Penitenciaria. También se debe a la práctica de algunos funcionarios penitenciarios, quienes prefieren dejar el control de las cárceles a grupos privilegiados.

—¿Por qué las autoridades permiten estas anomalías?

Por el estado de abandono en que el Estado tiene las cárceles de todo el país. Lo único que le interesa al Estado es que los condenados lleguen a las cárceles y ya estando allí que les pase lo que sea. Sólo cuando se registran motines las autoridades vuelven sus ojos hacia ellos.


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