Once libras de esperanza
En el dispensario Bethania, de Jocotán, Chiquimula, la hermana Gloria cuida, como una madre, a 11 niños desnutridos.
Por Claudia Munaiz
La mirada triste de sus enormes ojos es lo que más pesa. Cuando lo tomas en brazos piensas que estás sosteniendo una pluma que se te va escapar de las manos como un suspiro. Se llama Carlos, tiene 2 años y está enfermo. Ironías de la vida: tan pequeño y ya acarrea sobre su diminuta espalda el peso de una losa: desnutrición, esclerosis y cardiopatía.
Sus largas pestañas barren las lágrimas que caen sobre su rostro repleto de meandros. Su piel de seda cubre sus huesos y sus manos sin uñas tratan de aferrarse a la esperanza. Si crece, podrá someterse a una operación. Junto a él, en una cuna, duermen ajenos a su drama dos gemelos con una semana de vida: un varón y una mujer. Durante el embarazo, la madre de los niños no tuvo nada que llevarse a la boca. La niña nació más fuerte, con seis libras en su cuerpo; él, sólo cuatro. La madre perdió la batalla y falleció tras dar a luz a los bebés. Aldeas Infantiles se hará cargo de ellos. También de Ronaldo.
A Ronaldo le trajo su tío hace tiempo, y ya ha cumplido 1 año y seis meses de abandono. Desde el camastro, señala la televisión y se deja caer en el colchón. Su vientre inflado es el claro signo de su enfermedad. En la habitación contigua, Álex, de 1 año, intenta sacar sus manitas por los barrotes de la cuna. Él sufre desnutrición crónica: cabello quebradizo, manchas en la piel y un rostro triste. Su situación es grave. Mirtala se apoya en la pared de la casa cuna y mira fijamente al frente. Tiene 2 años. Si te acercas, rompe a llorar. Excepto si quien se acerca es una persona muy especial...
En medio de estos niños se pasea una mujer que vale su peso en oro. Menuda y cálida, la hermana Gloria Calderón lleva ocho años cumpliendo su misión: darles cuidados y amor a los pequeños que ingresan en el Dispensario Bethania de Jocotán, Chiquimula. Mientras, cuenta la historia de Ronaldo: “A él lo dejó su tío y no recibe ninguna visita”, consulta en el libro de registros de dónde provienen y se pregunta en voz alta: “¿Será que Aldeas Infantiles se lo quedará?” Carlitos y Ronaldo nacieron en el caserío El Tesoro. Los gemelos huérfanos, en la aldea Suchiquer. “Su mamá murió de desnutrición; no aguantó el doble parto”, dice mirando con ternura a los recién nacidos.
En las aldeas colindantes, la dieta se compone de frijol y tortilla: “Y no todos los días”, afirma la religiosa. En el Dispensario les dan tres comidas diarias: huevos y frijol, carne o pasta. Algunos, poco a poco, aumentan de peso y talla.
Carlitos, Ronaldo, Álex, Mirtala, los gemelos y demás niños del Dispensario son el eje que mueve la vida de la hermana Calderón. No se imagina en otro lugar. “Hace dos años sufrí un grave accidente de tránsito, y la esperanza de volver con mis niños fue lo que me salvó”. Ahora, ellos son sus 11 libras de esperanza.
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