Semanario de Prensa Libre • No. 07 • 22 de Agosto de 2004    


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D botánica

“Aquí sólo plantas somos”
El herbario Bigua, de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de San Carlos, guarda 27 mil especies vegetales.

Por Gustavo Adolfo Montenegro

“Daba brincos del alto del techo”, cuenta Mario Véliz, ingeniero agrónomo, botánico y director del herbario Bigua (Biología Guatemala, USAC) cuando se enteró que una planta, de la familia del girasol, que había propuesto como nueva especie, había sido aceptada y su existencia publicada en una revista internacional especializada. “Es una gran alegría, porque este tipo de descubrimiento no es común y se trata de una especie endémica, es decir, que sólo existe en Guatemala, en la Sierra de los Cuchumatanes”, explica Véliz.

¿Sabía que esta diminuta planta, la Cuchumatanea Steyermarkii, es pariente del girasol y de la lechuga?

Descubrir una nueva especie requiere de amplio conocimiento y experiencia botánica, así como una exhaustiva investigación en los registros de las colecciones de herbarios de Guatemala y otros países. "El proceso puede tomar de 3 a 4 años", dice Véliz, quien desde 1992 ha recolectado 15 mil 354 “números” o especies de plantas.

Bosque archivado

Justo al entrar al herbario se percibe el aroma de miles de hojas y ramas secas, la mayoría con flores, recogidas en innumerables excursiones de colecta, tanto de botánicos como de alumnos de la Escuela de Biología, que deben cumplir con una práctica de 60 horas.

“Uno va y colecta todo lo que está en flor. Se examina cada ejemplar y de acuerdo a las claves botánicas se puede llegar a encontrar una especie desconocida”, dice Véliz, mientras muestra las fotografías de una cactáceallamada Mammilaria Albilatana cuyo único hallazgo había sido reportado en 1907. Véliz la encontró nuevamente, hace tres años en las montañas de Huehuetenango.

A veces los descubrimientos son “pequeños”, por así decirlo: plantas reportadas en otros países que no habían sido halladas en Guatemala. Esto es importante porque evidencia cambios climáticos o confirma las variantes dentro de una misma familia de plantas.

Si a una persona común o a un estudiante principiante le mencionan los nombres Senecio oertedeanus Benth o la familia Lacandonieciae, no diferenciaría entre uno o otro. Ese es justamente el valor de esta colección: ofrece un patrón comparativo para clasificar futuros hallazgos en cualquiera de las 286 familias clasificadas de la flora en Guatemala.

Secas pero frescas

Cargados de papel periódico y rectángulos de cartón salen Véliz y otros recolectores a una región que bien puede ser el bosque nuboso de Baja Verapaz o la llanura de Zacapa. Con paciencia y cuidado recogen de cuatro a ocho muestras de cada planta, registran el lugar exacto donde la encontraron y su altitud sobre el nivel del mar.

Cada rama es envuelta en una bolsa hechiza de papel periódico y colocada entre dos cartones: al final del día regresan con un enorme sandwich de cartones y plantas. Este material se pone a secar, lentamente, en un horno que puede ser de gas o eléctrico. Una vez deshidratadas las ramas se seleccionan las que estén en mejor estado para ser dibujadas, descritas e integradas a la colección.

Si ya se tienen ejemplares las destinan para intercambio con otros herbarios. “Lamentablemente, hacen falta recursos para mayor investigación botánica” dice Véliz, quien concluye diciendo: “En los bosques de Guatemala hay aún especies sin clasificar, muchas de las cuales se pierden con la creciente deforestación o los incendios forestales, sin que conozcamos aún su uso medicinal o industrial”.

“Las plantas son mi vida”

Así lo dice Mario Véliz (1964) Ingeniero Agrónomo en Recursos Renovables, curador del herbario Bigua, USAC.

  • Ha recolectado y descrito la vegetación de diversas regiones de Guatemala, incluyendo las faldas de varios volcanes.
  • Ha descubierto unas 23 especies que no estaban registradas en Guatemala. Algunas son endémicas, es decir, sólo crecen en Guatemala.
  • Ha sido catedrático de Agronomía y Biología en la USAC.
 
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