Semanario de Prensa Libre • No. 07 • 22 de Agosto de 2004    


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¿Arte o artesanía?
Decenas de pintores se dedican a hacer cuadros con diseños que copian de postales.

Textos y fotos: Ingrid Roldán Martínez

Entre tres días y una semana ocupa un pintor para hacer un cuadro de 32 x 24 pulgadas, con diseño a gusto del cliente.

Sobre En los lienzos se repite una y otra vez la misma calle de Antigua con el volcán al fondo, el mismo arco amarillo de Santa Catalina, el mismo bodegón de cartuchos (la flor blanca que luce sus pétalos sobre un jarrón).

En plena calle o en las galerías se vende el mismo tipo de paisajes y bodegones.

No son pintores que hayan pasado años estudiando en una escuela de arte. En la mayoría de los casos, han aprendido de adolescentes las nociones básicas en el taller de algún pintor experimentado y de allí empieza el negocio familiar. Usualmente enseñan el oficio a los hermanos menores.

El mercado es amplio y la producción también. Los puntos de venta suelen estar en lugares turísticos, en calles muy transitadas o en pequeñas galerías ubicadas en sitios estratégicos.

En ellos no hay búsqueda de expresión artística, sólo reproducen lo captado en fotografías, postales u obras de reconocidos artistas. En la prisa por producir en cantidad descuidan los detalles y los materiales.

Ruta de paisajes

Muchos de los vendedores de cuadros, que tienen galerías en la ciudad colonial (y aún en la capital), viajan diariamente desde San Juan Comalapa, Chimaltenango, ubicado a 87 kilómetros de la capital. El pasaje diario en autobús puede costar entre Q14 y Q18. Esto resulta más barato que pagar alquiler para vivir en la ciudad.

Fredy Xocop Roquel, de 23 años de edad, atiende la galería familiar en el mercado de artesanías de Antigua. De las paredes penden cuadros que, reconoce, copian de postales, fotografías y revistas. Él aprendió a pintar a los 17 años de edad con Óscar Perén.

Su hermana, Evelyn Maribel también pinta. Empezó con cuadros pequeños y ahora que tiene más práctica se dedica a hacer obras más grandes. Al pie del caballete, en su habitación, tiene el paisaje que le sirve de referencia para el que hace actualmente. Aunque sea la misma imagen, afirma, nunca un cuadro va a ser igual a otro, en ellos se refleja su estado de ánimo. Al parecer descubrió en esto su vocación.

Henry Chalí también viaja diariamente entre Comalapa y Antigua. Se resiste a hablar de los cuadros que tiene en la galería Antigüeña -que además es carpintería- mientras termina de hacer, a lápiz, la cuadrícula que le permitirá ampliar un bodegón.

En los puestos de los mercados de artesanías cuelgan cuadros en acrílico, similares a los que hacía David Ordóñez hace 20 años, de trajes regionales. En algunas galerías se ven bodegones con güipiles al estilo Rosa María Pascual de Gámez y paisajes como hechos por la familia Arriola.

Si usted compra un cuadro en el mercado de artesanías de Antigua Guatemala, es muy probable que sea de un pintor de San Juan Comalapa, donde, según datos de la Casa de la Cultura, aproximadamente 300 personas pintan, la mayoría de ellas jóvenes.

De esta cantidad, especifica Francisco Tzol, miembro de la Casa de la Cultura, no todos se dedican a lo mismo. Dentro de éstos separa a unos 30 de reconocida trayectoria, entre primitivistas y paisajistas. El resto son “comerciales” que hacen dos o tres cuadros al día. “Ellos son los que tienen abarrotado el país con copias y recopias”, afirma. Sin embargo, para Isaías Cuxil, pintor y vendedor, esos cuadros son arte porque, aunque son producidos en gran cantidad, se diferencian de la artesanía porque ésta es hecha de objetos de cerámica y de madera.

En serie

El que un diseño esté plasmado en lienzo, papel o madera no lo hace una obra de arte.

Luis Escobar, director de galería El Áttico, una de las más importantes y respetadas de Guatemala, opina que el tipo de obra producida en serie es una alternativa para quienes quieren tener una pieza original en casa, pero tienen poco dinero para adquirirla. No lo ven como una inversión.

Lo que no toman en cuenta, afirma, “es que con ese mismo valor podrían conseguir una obra, tal vez en formato más pequeño, pero de alguien con una trayectoria más reconocida”.

La pregunta es ¿arte o artesanía? a lo que Escobar responde: “Arte, no: Una de las cualidades de lo que es arte es ser original, creativo y que tiene un aporte. Cuando se mecaniza y cuando se sirve de otras personas, eso ya no es arte”.

Temática circular

Las calles de Antigua Guatemala, vistas en perspectiva, son el tema recurrente de este tipo de obra.

  • Los precios oscilan entre Q75 - un cuadro de 4x6 pulgadas - hasta Q600 -uno de 32 x 24 pulgadas -. Pero estos precios puede llegar a Q1,800 en otros lugares.
  • Es probable que un revendedor gane entre Q50 y Q75 por cada cuadro.
  • Tanto pintores como galerías manejan un catálogo de estilos, que hacen en cualquier tamaño, a solicitud del cliente. En la galería Casa de Arte, en Antigua Guatemala, los entregan en 22 días. En la venta de artesanías Baldo, en la salida de Antigua hacia la capital, los entregan en dos o tres días. Manejan, con códigos, de 50 a 65 temas diferentes.
  • La mayoría de pintores son originarios de San Juan Comalapa, otros, de Chichicastenango y Sololá.
  • El negocio suele ser familiar. En algunos casos están involucrados, además, primos y vecinos.

¿Pintura religiosa?

Welman Caal pinta cuadros con temas religiosos, y dice que les pone “marco tipo barroco”.

Nació en Cobán, creció en Izabal y ahora vive en Santa Lucía Milpas Altas, en la ruta hacia Antigua.

Es autodidacta. Su madre también pintaba y trabajaba en alfarería.

Tiene 18 años de dedicarse a la pintura. Su esposa aprendió con él y le ayuda a hacer los fondos de los cuadros.

Pinta paisajes, pero se dedica más a copiar escenas de la Sagrada Familia o la Santa Cena. El tamaño de los cuadros puede ser de mediano a grande.

Los cuadros que pinta pueden costar entre Q8 mil y Q10 mil.

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