Semanario de Prensa Libre • No. 07 • 22 de Agosto de 2004    


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D mundo

Un dragón que mueve al mundo
Con un régimen comunista y una economía de libre mercado, China se perfila como una de las grandes potencias del futuro.

Por Liliana Pellicer

“Allí duerme un gigante. Dejémoslo que duerma, porque cuando despierte se moverá el mundo entero”, respondió Napoleón, hace 200 años, cuando le preguntaron sobre China. Hoy parece que la predicción del emperador francés se ha cumplido y la economía mundial ha pasado a depender de los vaivenes del gigante asiático.

La realidad china encierra toda una paradoja ya que, a pesar de su sistema político de partido único, con una ideología basada en el marxismo leninismo interpretado por Mao, su economía es de libre mercado. Esta situación se inició 40 años después de la llegada de Mao al poder, entonces Deng Xiaoping puso en práctica un paquete de medidas que incluyó la apertura de zonas industriales en 14 ciudades portuarias y la creación de cuatro zonas económicas especiales con privilegios para las inversiones extranjeras.

La cuarta parte del crecimiento económico mundial se debe a la República Popular China.

El vuelco del régimen comunista al capitalismo estuvo acompañado por una inserción acelerada de China en la economía mundial, que se traduce hoy en una economía que creció 9.3 por ciento en 2003, genera el 4 por ciento del producto bruto mundial, es el tercer importador mundial y cuyas exportaciones se han multiplicado por ocho entre 1990 y 2003. De hecho, una cuarta parte del crecimiento económico mundial en los últimos seis años se ha debido a China, frente al 20 por ciento de EEUU y al 14 por ciento de la Unión Europea.

Según el informe “Dreaming with Brics: The Path to 2050”, sobre mercados emergentes, del banco de inversiones Goldman Sachs, en 2050 China, si se cumplen sus previsiones, será la primera economía mundial, con un PIB de US$44.45 billones, seguida por EEUU (35.16) e India (27.80).

“China se ha convertido en los últimos 25 años, desde el comienzo de las reformas liberalizadoras de Deng Xiaoping, en una de las locomotoras del crecimiento mundial”, opina Luis Esteban González Manrique, analista independiente de política y economía internacionales.

Las autoridades chinas, conscientes de que “el nivel de la inversión en activos fijos es demasiado alto y su crecimiento, demasiado rápido”, como afirmó Zheng Jingping, portavoz de la Oficina Nacional de Estadísticas de la República Popular China, han tomado algunas medidas preventivas para parar el rápido crecimiento de la república.

Consumidor y productor

A pesar de que el Gobierno chino consiga su objetivo y frene el crecimiento económico, es poco probable que China pierda su nuevo estatus de consumidor y productor, a través del cual se relaciona con el resto de economías del mundo.

Como consumidora, China destaca en la importación de materias primas y agroindustria. Algo que ha elevado los precios mundiales de todo tipo de materiales: sus importaciones de petróleo crecieron un 30 por ciento en 2003; las de cobre, un 15 por ciento, y las de níquel se duplicaron. El Asian Development Bank considera que el gigante asiático es hoy el mayor consumidor de cobre, estaño, zinc, platino, acero y hierro, y uno de los mayores importadores de aluminio, plomo, níquel y oro.

Otra de sus importaciones más importantes corresponde al área agrícola. Según el Departamento de Agricultura de EEUU, la producción china de arroz, maíz y trigo disminuyó hasta aproximadamente las 401 millones de toneladas en 2003, al mismo tiempo, y como consecuencia del desarrollo urbano, ha perdido más de 35 mil kilómetros cuadrados de terreno agrícola.

El enriquecimiento de la población también ha favorecido la aparición de una nueva clase social capaz de consumir productos manufacturados en otros países. En 2003 hubo 10 millones de compradores de carros y alrededor de 230 millones de celulares. Estas cifras han despertado a las multinacionales que ven en China el mercado más grande del mundo.

Este consumo se une a la capacidad productiva de China. Según Luis Esteban González, este país asiático reúne alrededor del 50 por ciento de la capacidad productiva mundial. Para conseguir este nivel, China ha utilizado su mayor potencial: su abundante y barata mano de obra. Un obrero textil chino gana una media de US$73 al mes, frente a los US$102 de uno dominicano.

Mientras los países de América Latina pueden beneficiarse de la gran demanda de materias primas y productos agrícolas, esta atracción de la inversión extranjera puede perjudicarlos. Según el secretario general de la Organización de Estados Americanos, César Gaviria: “El temor a China está flotando en el aire. Es un desafío, no sólo en el área de mano de obra barata, sino también en tecnología y atracción de inversión extranjera”.

Aunque Guatemala no mantiene relaciones políticas ni comerciales con China, Cristán Melendreras, economista de la Universidad de San Carlos, considera que esto no será así para siempre, pues “es evidente que la economía china está afectando a la producción maquiladora de Guatemala y del conjunto de América Latina”.


Economía que impacta
China es el segundo consumidor de crudo del mundo

El reciente aumento del precio del petróleo, que pasó de los US$20 por barril, en diciembre de 2001, a US$42, a finales del pasado mes de mayo, se ha debido a la fuerte especulación, el temor a más atentados terroristas, los cuellos de botella en el mercado estadounidense y el auge de economías emergentes como China. De hecho, en 2003, China se convirtió en el segundo mayor consumidor mundial de petróleo, suponiendo el aumento de sus importaciones, el 60 por ciento del aumento de las importaciones mundiales.

Los factores de esta subida en el consumo de crudo en China son diversos. Según el Institute of Energy Economics of Japan (IIEJ), además del rápido crecimiento del PIB, cabe señalar el aumento del número de automóviles (que pasó de 16 millones de unidades en 2000 a 20 millones en 2003), el auge de la industria pesada muy intensiva en energía (acero, aluminio, plásticos, etc.), la escasez de electricidad en algunas regiones (que ha provocado la instalación de generadores diesel) y el inicio, por parte de las autoridades, de la creación de una reserva estratégica de petróleo (que podría alcanzar los 10 millones de toneladas en 2005 y los 22 millones en 2010).

Esta tendencia al alza de los precios puede verse reducida gracias a las medidas de control del crecimiento económico que ha puesto en marcha el Gobierno chino. Sin embargo, tal cosa no es segura. Según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las medidas recientes adoptadas por las autoridades para enfriar el crecimiento “no supondrán una disminución significativa de la demanda de petróleo”.

“China se está convirtiendo en un factor trascendental en el mercado mundial del petróleo”, afirma Pablo Bustelo, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid, España, y experto en el área Asia-Pacífico. Las estimaciones del IIEJ prevén que el consumo chino de petróleo pasará de 250 millones de toneladas en 2003 a 366 millones en 2010, y a 600 millones en 2020. Así, mientras que el consumo mundial de petróleo se multiplicará por 1.5 entre 2000 y 2020, el consumo chino de crudo prácticamente se triplicará. China supondrá casi una cuarta parte del incremento del consumo mundial.

 
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