En Japón, 59 años después
Viajar a Japón es una experiencia muy estimulante. A quienes me preguntan les digo que es como viajar a otro planeta.
Texo y fotos: Daniel Hernández-Salazar
Casi todo es distinto, desde el idioma y la comida, hasta la manera de pensar de la gente, que es definitivamente distinta. Tengo la impresión, además, de que todas las personas están convencidas de que las cosas sólo pueden ser o hacerse de una manera y no se plantean que podrían ser distintas. Algo difícil de aceptar para mí, pues siempre he pensado lo contrario y todo lo pongo en duda. Desde que el avión sobrevoló la isla noté que es un país extremadamente ordenado. Basta ver cómo está trazado para deducir mucho acerca del alto grado de desarrollo y organización que tiene.

En el Domo de la Bomba Atómica de Hiroshima, se instaló el Cuarto Ángel del Guatemala nunca más.
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Me cautivó el contraste entre tradición y modernidad. Hay instantes, cuando uno pasea por las callejuelas de algunos barrios de Tokio, en los que se tiene la sensación de estar en un pueblecito del pasado, pero a la vuelta de la esquina puede sentirse el futuro, cuando se viaja en un tren elevado controlado por computadora en medio de arquitectura futurista, sobrevolada por aviones gigantescos que enfilan hacia la pista del aeropuerto de Haneda, en la bahía de Tokio.
Desde siempre cuando pienso en Japón, pienso en Hiroshima y la bomba atómica. Me estremece la idea de que en un instante miles de personas hayan muerto injustamente, y que a 59 años, los efectos de la radioactividad puedan seguir presentes hoy en día en los sobrevivientes de ese holocausto, o en recién nacidos con deformaciones congénitas. Por eso, desde que recibí la invitación para visitar Japón, lo primero que me pasó por la mente fue ir a Hiroshima a instalar el Ángel que tanto ha dicho aquí en Guatemala, para que también gritara ese dolor y esa injusticia.
Esta visita fue también un viaje hacia mi interior. Descubrí que a pesar de no hablar el mismo idioma, sí hablamos con los mismos sentimientos, y éstos nos hacen encontrar mecanismos para comunicarnos. Encontré que, al menos en algo, Guatemala no está tan atrasada, ya que en el tema del rescate de la memoria histórica, tanto el REMHI como el informe de la CEH son obras de avanzada que se toman como ejemplo para proyectos que, aun en Japón y otros países de Oriente, están en ciernes. También allí hubo graves violaciones a los derechos humanos. Me asombró enterarme de la existencia de esclavas sexuales, mayormente coreanas, utilizadas durante la Segunda Guerra y en la invasión a Corea, que apenas ahora empiezan a contar su historia.
En resumen, este fue un viaje en todo el sentido de la palabra. Lo que vi y escuché de personas, paisajes y tradiciones de ese país tan lejano y misterioso, dejó una profunda marca en mí y me abrió nuevos horizontes y esperanzas.
Podrá estar geográficamente lejano, pero cuando se encuentra amigas y amigos como los que conocí, uno se da cuenta de que no es tan lejos. Para terminar, debo reconocer que mi primer pensamiento al llegar a Tokio fue para Godzilla, monstruo fabuloso del imaginario popular japonés, quien es además recordatorio de la hecatombe nuclear.
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