Presto non troppo
En los Cuchumatanes
Parte III. - Conclusión
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
Quizá sea el más septentrional de estos pueblos, San Mateo Ixtatán, el que por más tiempo se ha librado de la inclemente destrucción de su patrimonio.
Infortunadamente, también sus días parecen estar contados, a raíz de la llegada, hará unos cuatro o cinco años, de nuevo personal eclesiástico.
En el transcurso de la historia de estas tierras, han sido similares los mecanismos que repetidamente se han empleado para desarticular a sus componentes sociales a través de una irreflexiva imposición ideológica.
Uno de los dos maxtoles que sobreviven en San Sebastián Coatán nos ha relatado la manera en que volvieron a verse transfiguradas sus comunidades a partir de los años 60 —una vez más, por la intervención de elementos ajenos— con el arribo y la irrupción de miembros de otra orden religiosa extranjera.
Entre varias cosas, a esto se debió la sustracción de una docena de los ya mencionados libros de coro, documentos musicales verdaderamente excepcionales, elaborados y fechados en Huehuetenango entre 1582 y 1635, que las comunidades conservaban como parte de su legado, y que ahora obran en poder de una institución estadounidense.
Por supuesto, mucho antes de ese despojo ya se había disuelto la continuidad entre la práctica y el ritual católicos del período inmediato a la llegada de los españoles a Guatemala y las nuevas prácticas que se fueron estableciendo en períodos posteriores.
Los dos maxtoles de San Sebastián apenas nos vinculan tenuemente con la época previa a los cambios propiciados por el Concilio Vaticano II (cuando recién empezaban a ejercer su autoridad espiritual), y ellos mismos son los primeros en reconocer que ya no tienen a quién transmitir la muy particular investidura que poseen dentro de su comunidad, sus costumbres, su significación y su concepción del mundo.
Entonces, en términos de una especial heredad artístico-cultural que fue mezcla de lo precolombino con lo europeo, lo que estas poblaciones pueden presentar hoy día a la consideración de un extraño, no es más que un pálido vestigio de posibles antiguas glorias. Los hombres y las mujeres de los Cuchumatanes continúan siendo los sobrevivientes de atropellos burdos y desordenados; y si bien éstos no han conseguido aniquilar la profundidad de su cultura, sí han dejado irremediablemente abierto el paso a una transformación poco alentadora.
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