Semanario de Prensa Libre • No. 03 • 25 de Julio de 2004    


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D cultura

Universo de gato viejo
Marco Augusto Quiroa nació en 1937 en Chicacao, Suchitepéquez, y es reconocido como destacado pintor, grabador, escultor, diseñador gráfico y escritor.

Por Guillermo Monsanto*

La Revista de la Escuela Nacional de Artes Plásticas señala su estilo como “figurativo con tendencias al sintetismo”. En el catálogo Guatemala Arte Contemporáneo (1996) se incluye entre los estilos pictóricos que ha explorado el Expresionismo de Recreación Latinoamericana con variantes que llegan a “un tipo de realismo social que se nutre de las culturas populares guatemaltecas”.

Hay que ver como influencia inmediata en la producción de Marco Augusto Quiroa la de los artistas que surgen poco antes, alrededor y durante la Revolución de 1944. Según Dagoberto Vásquez Castañeda, 1966, la Revolución es la “consecuencia de cambios político-sociales que agudizan la conciencia de la situación guatemalteca como problema, provoca el interés por aspectos particulares de ésta y por ende, del hacer artístico...”.

Sus retratos de personajes anónimos cuestionan al espectador.

Su primera formación toca la vitalidad insuflada por los pensamientos democráticos del lapso citado y posteriormente, la resistencia moral generada, en una parte del sector artístico, en consecuencia del golpe de estado promovido por el Movimiento de Liberación Nacional.

Puede percibírsele como integrante de una verdadera generación emergente. Ésta se asume -por temporalidad- “dentro de las segundas vanguardias y desde 1968, como parte de corrientes posmodernas” que van del “Informalismo y el Expresionismo Abstracto a las diferentes manifestaciones del arte conceptual, la nueva figuración, los nuevos tipos de realismo o fotografismo y tendencias iniciadoras de lo que hoy se conoce como neoexpresionismo, transvanguardia y otras modalidades...” (Roberto Cabrera Padilla, 1997). Quiroa está en contra de las etiquetas porque “las definiciones son arbitrarias”.

Los años siguientes a 1958 le sumergen en una intensa actividad individual y grupal. El Círculo Valenti (1963) surgió un conjunto de propuestas individuales cuyo último fin fue, “a los ojos de algunos críticos”, presentar “las innovaciones en el medio”. Ya en aquel momento posee colorido y temáticas de origen populista (Enrique Anleu Díaz, 1993).

Su iconografía más conocida surge de su inagotable capacidad de observación. El conocimiento de los lenguajes pictórico y escrito, su necesidad de decir cosas, denunciarlas, celebrarlas, le ha llevado a crear retratos que no son indiferentes a las circunstancias que definen la personalidad de lo guatemalteco. No ha exceptuado de sus imágenes sociales al buen humor. Principalmente cuando se trata de ilustrar la palabra escrita.

En cada una de sus pinturas pesan elementos percibidos en la cotidianidad, la cantina, el mercado. A partir del retrato de los estudiantes dicharacheros, de la hermosa mujer del pueblo, los charamileros y su mundo mágico de dolor, soledad y alucinaciones que, junto a otros personajes de barriada, expresan sentimientos relacionados con lo que es vivir a diario en el universo de Marco Augusto Quiroa. También existe su otra producción, la que no es social tiene una motivación de expresión estética que resalta valores compositivos espaciales y de color. Un mundo organizado a partir de su experiencia de comunicador.

¿Un artista anti élite? Es algo que siempre ha tenido presente. También ha comprendido que “el sistema es más poderoso que cualquier anti élite. Tiene sus mecanismos de captación. Lo que al principio lo sorprende, al día siguiente lo aplaude y después lo hace parte del mismo sistema... Un artista con conciencia tendrá necesariamente que reflejar los vicios y problemas de su sociedad... de su tiempo... en forma de testimonio, como una responsabilidad irrenunciable” (Quiroa, 1974). Esa es su pintura, esa es su literatura.

Más de cuarenta años en el mundo de las exposiciones denotan un sentimiento particular que expresa en pigmentos, trazos, personajes clásicos o figuras zoomorfas. Para los que se nutren del mundo pictórico es uno de los grandes. Para sus lectores también. ¿Lo uno o lo otro? Pues los dos y más. Una imagen vale más que cien palabras y la lectura fue creada solo para los que saben leer. Contradicciones de un artista con sensibilidad social. Allí es en donde se localiza el balance entre una disciplina y la otra.

“Instintiva y sensual”. Así describió Roberto Díaz Castillo en 1971 la pintura de Quiroa. Su mundo, apuntaba el escritor en aquel momento, no es “interior” porque “no le interesa verse a sí mismo, sino ver a los demás... Quiroa construye su obra para que podamos leerla como los periódicos, como la poesía, sin complicaciones literarias”. Díaz encontró convincente este lenguaje plástico por lo que expresaba: “... Lo importante no es el grito sino la denuncia”. Ha transcurrido buen trecho desde las mocedades de Quiroa. Los manifiestos imprescindibles en el pensamiento juvenil han desaparecido. “La radiografía de la violencia” (Díaz) ha variado radicalmente.

Cada vez que pienso en Marco Augusto Quiroa lo primero que acude a la memoria es esa risotada alegre y muy suya. Cuando me encuentro ante una de sus obras, las de su mundo desdoblado, las de universo “del gato viejo”, pienso en la intensidad con la que siente y en como ha de batallar las guerras personales. Aunque él pinta a la gente sencilla, su pintura es tan complicada porque en ella hay muchas cosas que a otros no les convienen ver.

*Catedrático de la Escuela
Nacional de Artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla.

Vida y obra

El pintor y escritor Marco Augusto Quiroa nació en Suchitepéquez, en 1937. He aquí un poco de su carrera literaria:

Ha publicado Semana menor (1984) y Gato Viejo (1990). Es Maestre de Narrativa al ganar tres veces el primer premio en los Juegos Florales de Quetzaltenango.

Es Premio único del Concurso de cuentos Carlos Novella, en dos oportunidades: 1990 con Plaza Mayor y 1994 con El mojado y la seca.

Es Emeritísimum por la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Miembro fundador del grupo literario Rial Academia.

Otros libros: Tres relatos para pasar el agua, Receta para escribir un cuento y otros cuentos (1996), Doña Mazacuata y otros animales (1998).

Actualmente es diputado en el Congreso de la República de Guatemala.


Cincuenta años sin Kahlo
A medio siglo de la desaparición de la pintora mexicana, su particular arte se populariza cada vez más.

Cuando se cumplen 50 años de la muerte de la pintora Frida Kahlo, fallecida el 13 de julio de 1954, se puede reconocer en su colorida obra el testimonio de lo que fue su vida y del dolor que la acompañó durante largos años.

Muchos de los escritos y pinturas de Kahlo reflejan las consecuencias de un accidente casi fatal que padeció a los 18 años, cuando un autobús en que viajaba fue embestido por un trolebús. Sufrió varias fracturas óseas y se le incrustó una vara metálica. Fue durante los meses en que estuvo postrada en cama que empezó a pintar. Kahlo se sometió a más de 30 operaciones quirúrgicas durante su vida y siempre estuvo acosada por los dolores.

La peculiar forma de vestir de la pintora ha inspirado las creaciones de algunos diseñadores de moda.

A los 22 años se casó con Diego Rivera, 20 años mayor. La pareja recibió a numerosos visitantes de Estados Unidos y Europa, y los dos tuvieron numerosas aventuras amorosas. Quizás la más famosa de Kahlo fue con el exiliado líder comunista ruso León Trotsky. “Ella era una de las pocas mujeres liberales de esa época que tenía una carrera, vivía una vida independiente, decía lo que pensaba, actuaba como le parecía y estaba liberada de restricciones sociales”, dijo Carlos Phillips, director del museo Frida Kahlo.

Pero la constante infidelidad de Rivera, incluyendo una aventura con la hermana de la pintora, suscitó una famosa frase de Kahlo de que había padecido dos accidentes en su vida: el del autobús y Rivera.

Muchos mexicanos se identifican con Kahlo por el amor que tenía por la vida, pese a sus constantes dolores, dijo Roberto Muñoz, un admirador de la obra de la pintora.

“Los mexicanos no viven lo que podría llamarse vidas fáciles, de modo que en cierta medida vemos esa misma tragedia reflejada en sus pinturas”, afirmó mientras estaba sentado en un banco de una plaza en Coyoacán. “Aunque no padecemos exactamente los mismos problemas, podemos ver que ella pudo superar los suyos, y nos enorgullece que gente de otros países la conozcan y se identifiquen con ella”.

Durante su vida, la pintora ya se había convertido en una figura mítica en su propio país: famosa por su casamiento con el muralista Diego Rivera, por sus ideales comunistas y su atuendo y joyas típicamente mexicanos. Pero en los últimos años, su arte es requerido por museos importantes en todo el mundo y sus vestidos han inspirado a diseñadores de modas.

Su estilo de vida bohemio -que se cruzó en el camino de muchos artistas, escritores y celebridades- ha sido objeto de obras de teatro y la película del 2002 Frida, interpretada por Salma Hayek.

El 50 aniversario de su muerte, el 13 de julio de 1954, fue conmemorado con una serie de exhibiciones, presentaciones y libros en su México natal.

Muchos de los autorretratos que la hicieron famosa se exhiben en su hogar, la Casa Azul, así denominada por el color predominante que le dedicó. En esos retratos de sí misma Kahlo reflejó las secuelas de un accidente de autobús, su imposibilidad de tener hijos y su tormentoso matrimonio con Rivera.

Fue Rivera el que convirtió la casa de Kahlo en un museo en 1958, que es hoy uno de los más visitados en México. Todos los años, más de 325 mil personas van al suburbio de Coyoacán para visitar los jardines de la mansión y ver el dormitorio donde la artista solía pintar y donde murió a los 47 años.

En México, Kahlo parece haber adquirido estatura de heroína. En puestos callejeros se venden reproducciones de sus obras, fotografías y camisetas junto con recuerdos de Pancho Villa y Emiliano Zapata.

Vida y obra

Frida Kahlo nace el 7 de julio de 1907 en México.

1925: Tiene un accidente de autobús en el que sufre varias fracturas. Comienza a pintar en su larga convalecencia.

1929: Se casa con Diego Rivera.

1937: Trotsky llega a México y se aloja en su casa.

1953: Se realiza su primera exposición individual en México.

1954: Fallece de neumonía, el 13 de julio.

Algunas de sus obras son Autorretrato con traje de terciopelo (1926), Frida Kahlo y Diego Rivera (1931), Frida y el aborto (1932), Mi nana y yo (1937), Las dos Fridas (1939), Columna rota.

 
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