Los mesías enlatados
Pese al avance de la tecnología y el proceso de globalización aún existen personajes portentosos que fusionan los temores del ser humano con poderes propios de divinidades de antiguas civilizaciones.
Por: Gustavo Adolfo Montenegro
Fotoartes: Rosana Rojas
Horrorizado y sin poder hacer nada más que atestiguar la tragedia, el Hombre Araña contempla el instante en que las Torres terminan de derrumbarse, tras el mortífero ataque terrorista. Ciertamente no es una escena de la película Spiderman 2, tan popular en estos días, sino el cuadro de una historieta publicada en homenaje a las víctimas del 11 de septiembre, que reactiva la polémica acerca del papel de los superhéroes de acción como portadores de ideología política e instrumentos de manipulación psicológica para estimular el consumo de productos.
En la misma revista, Superman, el hombre de acero, ayuda a bomberos y policías en el rescate de víctimas, entre los escombros, mientras el intrépido Capitán América lanza una cruzada en busca de los terroristas de la organización Al-Tarik, en una fusión de realidad con fantasía, de política e iconosfera (el espacio donde viven estos seres).
Durante varias décadas, a través de historietas, cine, televisión y videojuegos, estos titanes imaginarios han fascinado a millones de niños y adultos con sus excepcionales poderes, vertiginosas aventuras y dramáticos dilemas existenciales. Así lo demuestran las astronómicas ganancias por taquilla y productos de mercadeo de personajes como Hulk, X-Men, Spiderman o Batman. Pero, ¿qué es lo que realmente buscan los admiradores en esas fantásticas aventuras, propias de cualquier mitología antigua (hindú, griega o romana) en una época de dominio científico y globalización económica?
En busca de un salvador
“En la conciencia colectiva estos personajes son seres superiores. Transmiten la visión de una sociedad que no puede resolver sus problemas, con instituciones inoperantes y un entorno violento, en el cual el individuo está indefenso. La colectividad es anulada”, opina Carlos Velásquez, profesor de Semiótica (estudio de los signos) en la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos, quien equipara la figura de Spiderman con el personaje de Jesús en el filme La Pasión de Cristo y explica: “en ambos casos se trata de hombres excepcionales, con poderes extraordinarios, atormentados por un conflicto interior y con una misión: salvar al mundo, fente a una figura maligna”. En otras palabras, Velásquez plantea un retorno a lo místico: “Ya no hay utopías políticas o económicas, pero la globalización ha generado un vacío que se llena con realidades míticas y no me refiero sólo a Batman o Hulk, sino a las iglesias o a las estrellas famosas. La gente busca algo en qué creer”.
“Ante la falta de liderazgo real en la comunidad o en el país, es más fácil adoptar a un héroe irreal”, opina Silvia Osorio, directora de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rafael Landívar. “La misma tradición autoritaria de nuestros países nos lleva a buscar figuras patriarcales. Y digo patriarcales porque los superhéroes más célebres son hombres. ¿Cuántas supermujeres famosas hay?”. Una pregunta que agrega un nuevo elemento de discusión.
Osorio considera que a partir de los atentados del 11 de septiembre comenzó una revisión de los creadores norteamericanos de comics, para reorientarlos de acuerdo al nuevo panorama mundial de una superpotencia omnipoderosa y al mismo tiempo indefensa. “Bush es ahora el Capitán América que lucha contra cualquier sospechoso”.
Mitología mercadeada
El sociólogo Manuel Rivera tiene otra explicación para la creciente popularidad de los superhéroes: “Es un proceso generado a través de los medios de comunicación mediante una estrategia que aprovecha la ausencia de líderes reales (en los niños) y la nostalgia por la época de los años 1970 y 1980 (en los adultos)”.
Para Jairo Alarcón, profesor de filosofía, los superhéroes son figuras que impactan más en sociedades con problemas sociales: pobreza, violencia, o conflictos raciales. “Esto puede observarse a tal punto que ya no sólo existen héroes buenos, como Superman sino también héroes negativos e incluso vengativos, como Hulk o X-Men que siguen sólo sus instintos inconscientes o bien tienen valores ambiguos”.
Alarcón encuentra coincidencias entre el mundo de las historietas y la vida en países como Guatemala: “Hay una cultura de muerte, ambiente de terror, lo violento se hace cotidiano y la vida parece no tener sentido”.
“El resurgimiento de películas o juegos con los mismos superhéroes demuestra una vez más que la naturaleza del mito ha estado presente siempre en la naturaleza humana y necesita actualizarse”, dice Milton Torres, director del departamento de Letras de la Universidad de San Carlos, quien diferencia entre los mitos antiguos y los mitos encarnados por los héroes de historieta. “Antiguamente los mitos nacían del pueblo, como el Mío Cid de los españoles o el Rey Arturo de los ingleses. Ahora nacen de tres o cuatro mentes (guionista, dibujane, director de cine). Con esto el mito pierde su esencia, pues a la larga es sólo un fenómeno comercial, creado para satisfacer una necesidad espiritual”, agrega Torres.
Es un pájaro, es un avión...
El hombre de acero fue el primer gran héroe con poderes excepcionales, publicado por primera vez en 1938 y ya desde entonces luchaba contra personajes relacionables con los “adversarios” ideológicos de los Estados Unidos, como el calvo delincuente Lex Luthor, que tenía cierto parecido con el dictador italiano Benito Mussolini, líder del fascismo.
El filósofo Umberto Eco, en el libro Apocalípticos e integrados a la cultura de masas, plantea otra interpretación de Supermán: “Vive entre los hombres, bajo la carne mortal del periodista Clark Kent. Y bajo tal aspecto es un tipo aparentemente medroso, tímido, de inteligencia mediocre, un poco tonto, miope enamorado de su matriarcal y atractiva colega Lois Lane. Kent personifica, de manera perfectamente típica al lector medio, asaltado por los complejos y despreciado por sus propios semejantes... alimenta secretamente la esperanza de que un día, de los despojos de su actual personalidad, florecerá un superhombre capaz de recuperar años de mediocridad”.
Más allá de lo evidente
Desde la década de 1960, varios investigadores del área de comunicación han señalado la existencia de contenidos ideológicos definidos en las historietas. En la obra Para leer al pato Donald, Armand Mattelart y Ariel Dorfman, planteaban que las aventuras de personajes cómicos de Disney llevaban mensajes subliminales para formar en los niños un pensamiento acrítico, dependiente de los sectores ricos, en donde el éxito no depende del esfuerzo sino de la suerte o de la clase social.
Dorfman, en La Ultima aventura del Llanero Solitario, ve al legendario héroe vaquero como una representación del Estado autoritario, el cual nadie sabe realmente quién es, pues lleva máscara para velar por la seguridad y la justicia: “El superhéroe aparece cuando la crisis del capitalismo monopólico ha desnudado las contradicciones sociales”, escribe.
“Es fácil notar que existe una cultura dominante y una dominada”, dice Ismael Avendaño, catedrático universitario. “Los comics y sus personajes, en cine o televisión, no son inocentes ni libres de pecado. Nos sitúan en una cultura cómoda, conformista y nos representan a los latinos como pueblos haraganes y sin ideología”, añade.
Héroes para todos
Los personajes de historieta se han multiplicado por miles y no sólo son de origen estadounidense, sin embargo, son éstos los que más llegan a los países de Latinoamérica, aunque los personajes japoneses como Dragon Ball, los Power Ranger o Yu-gi-oh han ganado cada vez más mercado.
“Aún existe muy poco bagaje cultural en países como Guatemala, por lo que es más fácil consumir a superhéroes enlatados y planos como Spiderman”, dice Silvia Osorio.
“Existen otros héroes positivos, con mensajes constructivos, que también han sido llevados al cine, pero que no han interesado al público, como por ejemplo Asterix y Obelix, de origen francés o comics de contracultura, hechos en Cuba o México, que ridiculizan a los grandes como Superman o la Mujer Maravilla, pero casi no llegan al país”, añade.
¿En verdad son tan malos?
“Nosotros sólo vendemos fantasía y entretenimiento y por lo tanto cuando surge la película de un superhéroe como Spiderman se encuentra un defensor que no se halla en la vida real”, explica Celeste Curley, gerente para Guatemala de licencias de personajes de entretenimiento. “Estos personajes están dirigidos a niños y adolescentes, aunque también los adultos jóvenes se identifican con ellos. Se promociona, en primer lugar, ropa: playeras, gorras, bolsas. Otro producto son los útiles escolares: cuadernos, lápices, loncheras. Finalmente están los alimentos: refrescos y comida rápida”.
Esto coincide con lo dicho por Carlos Velásquez: “El consumo aparece en cualquier historieta o película de superhéroes, ya sea como acciones concretas o como bienes de la sociedad consumista. Ello crea enfoques superficiales de la vida ”.
“Los niños y los jóvenes quieren ser protagonistas y por ello se asumen como un superhéroe”, dice Jairo Alarcón. “Prohibirle al niño admirar a Spiderman no serviría de nada. En lugar de eso hay que ayudarles, explicarles, proporcionarles otros puntos de vista y otras lecturas, otras películas con modelos positivos”.
Cuando se enciendan las luces de la sala de cine, tras la última descolgada de Spiderman en la pantalla, será el momento de pensar hasta dónde lo que vimos fue invitación al consumo y al individualismo. Si bien el cine es evasión, la reflexión sobre nuestros valores en comunidad no está de más.
Otros datos
En la década 1980, Estados Unidos encaraba un incremento en el crimen e inestabilidad económica. Los héroes buenos no parecían relevantes y una nueva oleada emergió: Daredevil, Wolverine, Punisher, y los Watchmen establecieron un nuevo estándar.
Los viejos personajes tuvieron nuevos problemas y orígenes: El abuso infantil fue revelado como la fuente de la ira de Hulk. Batman fue reinventado como un oscuro y más violento vigilante.
Otro héroe clásico, Superman, fue exterminado en 1992, por un enemigo llamado Doomsday. Esta decisión fue tomada para elevar la circulación de la revista que había ido decayendo. Fue revivido, con un nuevo uniforme y sin capa, pero no fue del agrado de los lectores.
Héroes como los X-Men no presumen de ser buenos o equilibrados. Más bien son neuróticos, con ambiguas escalas de valores.
¿De dónde salió Superman?
1938: Surge la historieta de superhéroes, un género desconocido hasta entonces.
1896: Se publica The Yellow Kid (El chico amarillo), el primer cómic, género que al principio será sólo de carácter satírico.
1931: Se publica la historieta de Tarzán. No era aún un superhéroe, pero fue el primer cómic serio, de carácter colonialista: que exaltaba a un personaje por sus cualidades físicas: un héroe “blanco” que rescata a pueblos enteros “no blancos”.
1938: Se publica por primera vez a Superman, en la revista Action Comics. Fue creado tres años antes por Jerry Siegel y Joe Shuster, dos jóvenes de Cleveland, quienes vendieron su personaje y los derechos a DC Comics, por US$130.
1941: Con la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, el subgénero historieta se fue orientando cada vez más hacia la lucha contra el nazismo, creándose personajes patrióticos como el Capitán América (1941), de Joe Simon y Jack Kirby, que en su primer número luchaba contra el mismísimo Adolfo Hitler. 1950: Un médico japonés, Osamu Tezuka, vio películas de Disney e, impresionado por los efectos de animación, los incorpora a sus historietas y crea a Astroboy, con lo que surge el llamado género manga, hoy representado por Dragon Ball Z o Caballeros del Zodiaco, por ejemplo.
1961: Siguiendo la estela de la Liga de la Justicia de DC, la editorial Marvel Comics decidió crear su propio grupo de superhéroes, y se lo encargó a Stan Lee y a Jack Kirby. El primer número de Los 4 Fantásticos apareció en noviembre de 1961. Eran personajes un poco más humanos. Azuzados por el éxito, Lee, Kirby y Steve Ditko crearon más personajes: Hulk, Thor, Spiderman, Daredevil o X-Men, todos superhéroes con problemas, de salud, emocionales o económicos.
1978: Se estrena la primera gran superproducción basada en un personaje de historieta: Supermán, que se convierte en un gran éxito de taquilla.
Ingredientes para un superhéroe
Son personajes de ficción, que luchan al margen de la ley contra el crimen y el mal. Estéticamente se caracterizan por la perfección anatómica según los cánones grecolatinos, y la exhibición de esta anatomía gracias al uso de un uniforme estridente y muy ajustado. Suelen poseer habilidades y poderes superiores a los humanos corrientes.
En 1954, el psiquiatra alemán Fredric Wertham publicó un estudio titulado La seducción del inocente, en el que acusaba a las historietas de acción como las grandes formadoras de ulteriores comportamientos violentos en los niños. Wertham clamaba que Superman permitía a los niños experimentar “fantasías de diversión sádica”, Batman y Robin inspiraban pensamientos homosexuales y que la Mujer Maravilla era “todo lo opuesto de aquello que las niñas deben ser”. El Senado de Estados Unidos promulgó una normativa para los comics, en la que se restringían ciertas formas de hablar, de contar las historias y caracterizar a los personajes. Héroes de otras partes
Historietas europeas, asiáticas y de contracultura.
En contraposición a las aventuras de superhéroes estadounidenses, han existido otros tipos de héroe. En Europa hay dos ejemplos clásicos:
Tintín: De origen belga, publicada desde la década de 1930. Refiere las aventuras de un joven investigador y en ocasiones, agente secreto, que viaja por el mundo.
Asterix y Obelix: Escrita por Goscinni y dibujada por Uderzo. Narra las aventuras de galos y romanos, en forma humorística.
Manga
Así se denomina a los dibujos de trazos rápidos característicos de Japón, que es el primer productor mundial de historietas. A partir de la década de 1950, tras perder la II Guerra Mundial, los dibujantes japoneses se ven bombardeados por una oleada de comics estadounidenses, que son retomados y transformados.
De hecho, las caricaturas japonesas de superhéroes son las que más compiten con las de Estados Unidos, aunque tienen otras características:
Se exagera hasta el absurdo la fortaleza física, pero también cuenta la sabiduría y la fuerza espiritual; las historias de los héroes se extienden hasta tres y cuatro generaciones; hay enfrentamientos indirectos, mediante criaturas o bestias obedientes a los contrincantes. Del papel a la realidad
A través del cine, los personajes de historieta han tomado un rostro más humano.
Aunque comúnmente se menciona a Superman (1978), protagonizado por Christoper Reeves, como la primera gran película de este héroe, el caso es que 30 años antes, en 1948, el actor Kirk Alyn había encarnado al hombre de acero.
Sin embargo, en 1943, ya Batman, el hombre murciélago, había aparecido en la pantalla grande, en dos distintas películas, protagonizadas por Lewis Wilson y Robert Lowery (en la foto). No había tantos efectos especiales como ahora.
El Superman de 1978 es considerada la primera gran superproducción de un superhéroe. Su presupuesto fue de US$50 millones. La segunda parte salió en 1980, la tercera en 1983 y la cuarta en 1987. Esta última fue un fracaso de taquilla. Sin embargo, ya se está planificando para 2005 la realización de una nueva serie, protagonizada por Jim Caviezel, el actor que encarnó a Cristo en La Pasión.
Batman regresó en 1989, bajo la dirección del Tim Burton. Fue un éxito. Con secuelas en 1992, 1995 y 1997.
Más héroes al cine
El éxito de ciertas películas ha llevado a los productores a llevar más superhombres al cine. A algunos les ha ido francamente mal, como las adaptaciones del cómic futurista Flash Gordon o He-Man. Algunos comics poco conocidos como Spawn o Daredevil no atrajeron tanto al público, como sí ocurrió a famosos como Hulk, el hombre verde, que recaudó unos US$225 millones en taquilla, que es más bien poco si se compara con los US$1 mil 200 millones recaudados por Spiderman I y II.
Ya se habla de futuros estrenos con otros héroes como La Mujer Maravilla, Los 4 Fantásticos, el Capitán América (cuya primera película, de 1991, fue un fiasco total). La mina de los mitos de oro todavía dará para seguir excavando.
Los superpoderes
¿Sería el mundo más violento o pacífico si cada persona pudiera tener algún poder superior? ¿Cuál elegiría Ud.?
Invulnerabilidad: Es la capacidad de ser inmune a cualquier tipo de proyectil o choque. Propio de Superman, cuyo único enemigo son las radiaciones de kriptonita, el material que quedó tras la explosión de su planeta, Kriptón.
Ingravidez: En otras palabras, es la capacidad de flotar y volar, en cualquier planeta y en el espacio exterior.
Hiper-velocidad: Poder moverse y correr a la velocidad de la luz. De alguna manera esto le concede la ubicuidad, que es estar en dos lugares casi al mismo tiempo.
Fuerza infinita: Poder mover objetos muy grandes o pesados e incluso lanzarlos como proyectiles. Algo así como Hércules o Hulk.
Calor y frío: Poder producir fuego como la Antorcha de Los 4 fantásticos, o bien llevar el ambiente al punto de congelamiento, como Tormenta, de los X-Men.
Rayos X: Ya sea producidos con los ojos, las manos o algún aparato.
Trepar por las paredes: No podía faltar el principal poder de el Hombre Araña, que es complementado por su capacidad de lanzar telarañas en fracciones de segundo.
Transformaciones: Convertirse en cualquier animal u objeto a voluntad.
Poder mental: Ya sea telepatía (comunicación mental) o telequinesia (mover objetos con el pensamiento).
Finalmente cabe preguntar ¿Sería el mundo mejor si en verdad existiera un Superman o un Hombre Araña? |