A propósito
Mitos lucrativos
Ningún terreno es tan fértil para que germine la necesidad de hombres extraordinarios, con superpoderes, como aquellas sociedades en las que los valores, la ética y la necesidad de seguridad están en crisis.
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Gerardo Jiménez |
Justamente de una crisis así surge el primer gran superhéroe: Superman (1938), cuando Estados Unidos empezaba a salir de una gran depresión económica y en Europa se consolidaban las dictaduras de Adolf Hitler, en Alemania, y Benito Musollini, en Italia.
Desde esa época se suceden los héroes y, en la década de 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, surgen otros como Batman, Capitán América y Flash.
A éstos les siguen, en 1960, una variada lista de personajes más limitados, como el Hombre Araña que es uno de los primeros en cuestionar su propia tarea salvadora, al punto que en la más reciente versión llega a tirar la máscara en una actitud de renuncia al papel de todopoderoso.
Desde esos años el mercadeo no ha cesado de utilizar las penalidades y necesidades de mito de los hombres y, como anteriormente lo hicieran sociedades como la griega o la romana, hoy tenemos nuevos héroes de plástico que poco tiene que ver con soluciones mágicas y que plantean propuestas muy alejadas de nuestras realidades.
Los valores que promueven estos personajes producen numerosas críticas, ya que descansan sobre el individualismo, la solución violenta de problemas y el enorme peso de una cultura superior, para la cual los países en vías de desarrollo no son más que obstáculos y conflictos.
Pero hoy como ayer, la psicología de las masas continúa abrumada por una realidad agobiante que ningún superhéroe puede solucionar. Si bien en la antigüedad la humanidad creaba sus propios mitos como una catarsis, hoy nos llegan enlatados, listos para freír. |