Semanario de Prensa Libre • No. 03 • 25 de Julio de 2004    


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Columna invitada

Voces jóvenes
¿Quién nos salva?

Por Luisa Fernanda Rodríguez

En medio de la noche, entre la lluvia y los rayos, sólo un sueño dulce te puede arrullar y devolverte la paz para dormir. ¿Pero quién nos salva de este mundo salvaje?

De sus desigualdades y problemas que duelen.

Del dolor al presenciar esa mirada infantil que contempla la vida con una caja para lustrar zapatos en las manos, sin entender el porqué le tocó a él vivir esa suerte.
De esas manos llagadas, cansadas, porque a pesar de su esfuerzo, trabajo y dedicación, tiene más de 20 años de recibir el mismo salario, y lo hace para pagarse un tratamiento medico, que nadie puede darle.

De esa inocencia interrumpida por la falta de información, por que nadie nunca le habló con la verdad y no le dijo que, en lugar de sentir tanto miedo, tenía que protegerse. Ahora con 15 años y un niño en los brazos, no encuentra consuelo. No quería dejar la escuela y nadie la entiende.

De ese dolor que comparte una familia dividida porque su ser querido tiene años de vivir en el extranjero, en busca de esas oportunidades que nadie pudo darle nunca en su tierra. Sus hijos lo recuerdan en foto y por la distancia no puede verlos crecer. Está como en una cárcel, donde el precio de darle a su familia un mejor futuro lo debe de pagar todos los días sin poderlos abrazar y sentir cerca.

Un mundo salvaje, en fin, que nos regala todos los días una buena inquietud para preguntarnos ¿Y es en verdad existe Dios? ¿Y qué hago yo escribiendo esto? ¿Por qué me afecta?

Y es ahí cuando encuentro que la esperanza y el amor a la vida es lo único que nos salva.

Que ese pequeño me confesó que era feliz porque había lustrado en la mañana, para poder ir a la escuela en la tarde, y que de grande quería ser maestro.

Que ese hombre cansado con las manos llagadas, me compartió sonriendo parte de su almuerzo, aunque no tenía nada para cenar.

Que esa niña no quiere que a su pequeña   le suceda lo mismo y la va a educar de una forma diferente.

Que ese padre amoroso se está sacrificando para que a sus hijos puedan tener un futuro diferente y no tengan que separarse como él lo hizo de sus hijos.

Y es así como la vida tiene sentido, y lo difícil y doloroso, se convierte en reto y aprendizaje.

Es sólo de esa forma que la esperanza nos sacude y nos cuestiona si en nuestra vida estamos haciendo lo suficiente.

 
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