Presto non troppo
Piratería
Una historia
incompleta - parte II
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
Al final de cuentas, la batalla contra la piratería de discos de lectura óptica no se va a ganar con condenar y perseguir su reproducción no legalizada.
Es preciso discernir que a estos productos se les ha investido de una categoría desproporcionada a la realidad y, especialmente en estas regiones, la mayoría de los consumidores de todos modos no tienen ni el poder adquisitivo para que se justifique el sobreprecio que se les impone, ni manejan exigencias para valorar las diferencias, reales o supuestas, de un original versus una copia pirata. ¿Qué más les da comprar una película o una grabación musical de inferior calidad, si su destino es un entretenimiento alienante y trivial? Peor aún, cuando el acceso a la instrucción y a la información (para no hablar de salud, trabajo y recreación) se ha convertido en prerrogativa del pudiente, ¿por qué el que se ve privado de esos “privilegios” no se iba a saltar las trancas con tal de ganar tiempo, espacios y oportunidades a través de textos y software pirateados?
Esto, naturalmente, no quiere decir que bajo condiciones educativas y socio económicas mejores, la generalidad de la población no sería capaz de apreciar y de disfrutar, de una manera también mejor, las virtudes de un artefacto cultural de primer nivel. Igualmente, aquí no se trata de disculpar al pícaro y al sinvergüenza. De lo que se trata es de aclarar que ningún artista necesita que se le asocie con una guerra que no es la suya, y que no sale substancialmente beneficiado con acciones legales u operativos tendientes a combatir a los oportunistas, ni con la aplicación de castigos y sanciones en nombre de unos derechos de autor que no le representan mayor provecho.
Lo que sí requiere el artista es que la remuneración por su trabajo no se reduzca a homenajes y reconocimientos nominales; que no tenga que mendigar apoyo material para su labor y su creación; que su aporte a la cultura de un país no dependa de ayudas y cooperaciones eventuales; que su derecho a crear y a vivir del arte descanse sobre el sustentáculo sólido de la prioridad que se le asigna a ese mismo arte, a la educación y a la cultura en una sociedad; y que todo esto no se limite a servir como excusa para enfrentar, entre sí, a especuladores y comerciantes. En fin, que al creador artístico se le valore por los méritos de su producción, no por la distribución que otro hace de ella.
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