Semanario de Prensa Libre • No. 19 • 14 de Noviembre de 2004    


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Fuego en noviembre
El alzamiento del 13 de noviembre de 1960, reconstruido por civiles y militares que fueron protagonistas de ese hecho, considerado por muchos, como el inicio del enfrentamiento armado interno.

Por: Francisco Mauricio Martínez / Gustavo Adolfo Montenegro
Fotos: Carlos Sebastián

“El amanecer del 13 de noviembre de 1960, despertó al pueblo guatemalteco con la noticia del estallido de un alzamiento armado. Un grupo de oficiales del Ejército se había rebelado, y tomado, inicialmente, el cuartel general de Matamoros, con el objetivo de derrocar al gobierno de Miguel Ydígoras Fuentes.

La rebelión sorprendió a toda la población y más aún a un grupo de civiles, dirigido por el coronel retirado Carlos Paz Tejada, quien había estado al tanto de la conspiración, y que solamente estaba a la espera del llamado para entrar en acción. “Sin embargo, el grupo de oficiales, bautizado como La Hermandad del Niño de Jesús, decidió, a última hora, hacer el movimiento sin los civiles”, indica Rodrigo Asturias, quien en junio de ese año había regresado de la república de Argentina.

La falta de una dirigencia clara fue una de las causas del fracaso del movimiento del 13 de noviembre. La mayor parte de oficiales permanecieron leales al gobierno de Ydígoras Fuentes, quien contaba con el apoyo tácito del gobierno de Estados Unidos.

Entre los alzados en dicho cuartel, que en ese entonces era la Policía Militar, se encontraban el capitán Arturo Chur del Cid, a quien sindicaban de ser el cabecilla de la revuelta, los tenientes coroneles Ricardo Sesam Pereira y Augusto Vicente Loarca; el subteniente Francisco Orellana, el mayor José Guillermo Chicas Lemus y un especialista apodado El Cotuzo.

Los rebeldes tomaron el control del cuartel y durante la acción le dieron muerte a dos jefes militares (coronel Lizandro Ortiz y capitán Ernesto Juárez Mayén). “Se llevaron consigo a varios elementos de tropa y una fuerte cantidad de armamento. Luego enfilaron rumbo a Zacapa donde la mayoría de oficiales estaban a favor de los insurrectos”, relata Jorge Soto, ex comandante de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).

Una imagen que no se le borra al ex guerrillero César Macías o César Montes, quien en esos años vivía por el sector, es cuando observó a los policías. Éstos sabían que era un enfrentamiento entre dos grupos de militares, entonces huyeron para no comprometerse con ninguno de los dos bandos. “Los policías andaban dispersos y despavoridos”, recuerda.

Los insurrectos tomaron la tropa y armamento y se marcharon a las bases militares de Zacapa y Puerto Barrios, las cuales contaban con cantidades importantes de pertrechos de guerra. En Zacapa se encontraban los tenientes Marco Antonio Yon Sosa, Luis Turcios Lima y Luis Trejo Esquivel, recuerda Asturias, quien formaba parte de la sociedad civil que pretendía el relevo de gobierno.

“El grupo de oficiales comprometido en este golpe, era lo mejor que tenían las tropas guatemaltecas, pues habían sido formados en Estados Unidos en el curso de Rangers” (que incluía preparación para guerra de guerrillas) dice Macías, quien posteriormente se involucró en la lucha armada. En este grupo estaban el capitán Alejandro de León, Chur del Cid, Trejo Esquivel, Chaconcito, Turcios Lima, Yon Sosa y otros que se habían preparado en lucha contraguerrillera en ese país, agrega.

Fallaron a la hora buena

Sin embargo, dice Soto: “La mayoría de jefes civiles y militares comprometidos con el movimiento no acudió, porque no se pusieron de acuerdo por diferentes razones, unos porque querían que fuera un golpe de Estado dado sólo por militares y porque en medio de las vacilaciones no se establecieron coordinaciones con los civiles y sobre todo porque el alzamiento se efectuó antes de tiempo”.

Asturias dice que previo al golpe existía el compromiso de varias bases militares de apoyar el movimiento, incluso agrega, estaba comprometida la Base Aérea, que (al final) no participa, pero pierde la confianza de Ydígoras, quien, por eso recurre a los aviones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que estaban en la finca La Helvetia, Retalhuleu, y que posteriormente participaron en la invasión de la bahía de Cochinos, Cuba.

Estas naves fueron vitales para las fuerzas gubernamentales, “porque el bombardeo aéreo permanente, con estos aviones B-26 y los ataques de miles de soldados que fueron movilizados para la zona de Zacapa, hicieron posible vencer la heroica resistencia de los rebeldes, quienes tuvieron que abandonar Zacapa y muchos de los soldados alzados tiraron las armas al salir en desbandada”, afirma Soto.

Persecución en la capital

En tanto en el oriente se daban enfrentamientos armados, en la capital estallaban bombas que ocasionaban daños materiales, pero más que eso, el estruendo asustaba a los capitalinos. “Estas bombas crearon un ambiente de inseguridad y zozobra y la Policía sólo se limitaba a informar que realizaba minuciosas investigaciones sobre los autores de las explosiones terroristas”, agrega Soto.

La cacería de los conspiradores se inició ese mismo día en la capital, y una de las casas cateadas, según cuenta Montes, fue una ubicada en la 13 calle de la zona 3, por el barrio El Gallito, y que era propiedad de Carlos Bianchi. En el lugar fueron detenidos varios dirigentes democráticos y revolucionarios, entre ellos Marco Antonio Villamar Contreras. Este hecho rompió la comunicación entre los dirigentes, porque era uno de los puntos de encuentro.

Los de la izquierda

“Nos acercamos al Cuartel, para ver qué pasaba, porque no entendíamos, hasta que empezaron las proclamas en las radios”.

César Macías,
ex compañero de Turcios Lima


“Había el compromiso de que varias bases se iban a levantar y apoyar el movimiento, incluso estaba comprometida la Base Aérea”.

Rodrigo Asturias,
ex comandante guerrillero


“El gobierno guatemalteco culpó al de Cuba por aquellas acciones en una nota enviada el día 14 de noviembre por la Cancillería a la OEA”.

Jorge Soto,
ex comandante de la URNG


“Durante el día 13 estuvimos en reuniones con los elementos revolucionarios civiles, para considerar la situación”.

Carlos Paz Tejada,
militar organizador
de las fuerzas civiles

Soto recuerda que el gobierno guatemalteco culpó al de Cuba por lo que sucedía en el país y una nota enviada el día 14 de noviembre por la Cancillería a la OEA decía: “Son fundados los temores de una invasión procedente de Cuba, pues tal hecho se ve reforzado, con las pruebas que posee el gobierno guatemalteco de que el movimiento subversivo de ayer tiene su origen en Cuba y además, está financiado por el Castro-comunismo”.

Ese día, Macías venía de regreso de Esquipulas, Chiquimula, acompañado de su cuñado, cuando unos soldados les hicieron alto. Estos llevaban un elemento herido, a quien subieron al vehículo, y pese a que las heridas le sangraban en abundancia, les dijo: “Yo soy de la Policía Militar y nos sublevamos contra Ydígoras porque hay mucha corrupción, es un incapaz y está comprometiendo al territorio nacional", relata el exguerrillero.

Cuando llegamos a Guatemala, agrega el Macías, nos enteramos de que los pilotos que estaban bombardeando la base militar de Zacapa eran cubanos anticastristas, con aviones estadouninenses de La Helvetia, porque la FAG no se había sublevado. “Uno de los pilotos le contó a mi cuñado que Ydígoras llegó con el embajador de EEUU a amenazar a los pilotos y les advirtió que si volaban un avión levantarían a los de la Helvetia para que los derribaran.

Monsanto, apunta que el jueves 17 de noviembre el gobierno dio por terminada la insurrección e informó a la población que el 16 había concluido el rastreo después del desbande y captura de la base militar de Puerto Barrios. Informaron que el saldo trágico de la rebelión había sido de 13 muertos y 60 heridos. Tres personajes militares y políticos se habían asilado en la Embajada de México, sindicados de apoyar a los rebeldes.

Así también, habían logrado salir para Honduras pidiendo asilo político 52 oficiales y jefes del Ejército, quienes meses después regresarían para iniciar la lucha de guerrillas.

Aquel domingo pensaba llevar a sus hijos de paseo, pero algo alteró los planes: llegó un motorista militar con un mensaje: “Mi mayor: vengo con orden de que se presente en traje de campaña y equipado a la jefatura mayor del Estado Mayor del Ejército. Quienes no se presenten es porque están metidos”. ¿Metidos en qué?, le preguntó el hoy general retirado Ricardo Peralta Méndez. “No sé, mi mayor”, le contestó.

Horas después, el mayor Peralta iba rumbo a la base militar de Zacapa, a la cabeza de un contingente de tropas. Efectivamente, se había enterado, semanas antes, de los planes de sublevación de un grupo de oficiales, aunque no sabía si lo llevarían a cabo: “No se quería botar al Gobierno, sino obligar al presidente Ydígoras a sanear la administración militar. Yo era director de la Escuela de Artillería; había regresado recientemente de Perú y encontré que había cuatro o cinco conspiraciones para derrocar al gobierno. De hecho, me hablaron para que formara parte del cambio en el Ejército, para hablarle al presidente, pero me retiré porque empezó a tomar carácter político”, relata Peralta.

Por dignidad, no ambición

“Éramos oficiales recién graduados, alejados de la política; nuestro principio era defender el honor del Ejército”, recuerda Miguel Ángel Villagrán, subteniente que participó en la rebelión y fue hecho prisionero luego de la derrota. “Muchos oficiales se echaron atrás a la hora de la hora. Nos habíamos venido reuniendo en secreto, en los días de franco, y llegaban (oficiales) de la base Mariscal Zavala, de la Guardia de Honor y de otros departamentos. Parecía que íbamos a triunfar”, agrega.

De hecho, el coronel retirado Francisco Luis Gordillo, entonces subteniente, considera que el plan original estaba previsto para diciembre. “Iba a ser en los días de Nochebuena y Año Nuevo, cuando sale la mitad de los oficiales de franco, pero parece que se enteraron de que el Gobierno los estaba controlando y habría una rotación de tropas. Por eso lo adelantaron. El 13 de noviembre, en la madrugada, dan el golpe en Matamoros. Se llevaron tropa y equipos rumbo a Zacapa. Yo estaba en la Guardia de Honor y me comisionaron con un vehículo blindado. La noche del 13 estábamos a la altura de El Rancho, El Progreso”.

Gordillo también había sido contactado para unirse al movimiento. “Nos decían que estábamos siendo comandados por gente incapaz y había que cambiar aquello”.
Fuera del Ejército hubo quienes se enteró de la sublevación, como el entonces vicepresidente del Congreso, Lionel Sisniega Otero: “Un amigo que vive en la salida de Matamoros, me dijo: ‘Hay un movimiento raro’. Yo llamé a la Guardia Presidencial, pero me dijeron que era una cosa de rutina. Creo que su error fue irse fuera de la ciudad. Si hubieran tomado el Palacio, quizá les hubiera ido mejor. El caso es que se organizó la llamada Operación Látigo, que más bien era tortuga, porque salimos rumbo a Puerto Barrios, para combatirlos, a eso de las 6 de la tarde del 13 de noviembre”.

Nombrado al mando

Ricardo Peralta se presentó al Palacio Nacional la mañana del domingo 13: “Te andábamos buscando”, le dijo el coronel Agustín Donis. “Te queremos para jefe de Operaciones, por el ascendiente (aceptación) que tienes entre los oficiales y porque no podemos confiar en cualquiera”.

Al preguntarle a Peralta si experimentó algún dilema ético al tener que combatir a otros militares, algunos que incluso había conocido, afirmó: “Se había planeado la depuración del Ejército, pero no un derrocamiento, y como ejemplo de mi decisión puedo decir que el sábado 12 de noviembre había estado en una pequeña recepción para despedir a oficiales trasladados de rutina, a otras unidades. En eso, un oficial me afirmó: ‘Mi mayor, qué lástima que usted no quiso seguir con nosotros, porque ya pronto vamos a actuar’. Y yo le contesté: ‘Prera, ya le dije que están equivocados. No lo mando arrestado sólo porque anoche nació una de sus hijitas y por consideración de su esposa. Si ustedes se alzan, yo les voy a echar reata hasta debajo de la lengua’. Lo dije más por hablar, porque pensé: yo soy un pinche mayor, con un puesto académico y no tengo mando de tropas. Pero no sabía que al día siguiente estaría en campaña. ¿Y no sospechaba que aquella noche sería el movimiento? Peralta dice haber estado en un café de la 6a. avenida, con unos amigos, hasta la 1 de la madrugada, y no vio ningún movimiento anormal en el Palacio Nacional. “¡Claro!, porque ellos tomaron Matamoros y se fueron a Zacapa”, exclama.

“A las 5 de la mañana del 14 de noviembre se armó la primera balacera a la altura de El Rancho”, refiere el entonces subteniente Francisco Gordillo. Como a las 3 de la tarde llegamos a los llanos de La Fragua y al llegar a Zacapa, (Marco Antonio) Yon Sosa tenía instaladas piezas de artillería donde hoy está la terminal de autobuses”.

Los del ejercito

“En 1960 había un ejército sin disciplina, sin moral, sin concepción estratégica”.

Ricardo Peralta Méndez,
general retirado,
combatió del lado del Gobierno


“El triunfo de la revolución cubana entusiasmó a muchos jóvenes idealistas”.

Francisco Gordillo,
coronel retirado,
combatió para el Gobierno


“Nos condenaron a 10 años de prisión. A los dos años, Ydígoras decretó una amnistía.”

Miguel A. Villagrán,
ex combatiente del 13 de noviembre


“El 13 de noviembre dio origen a la guerra, aunque siempre creí que la guerra no tenía sentido”.

Julio Balconi,
general retirado,
firmó los Acuerdos de Paz en 1996

Según las crónicas periodísticas, los rebeldes también habían colocado cañones en el cerro Miramundo. Luego de siete horas de combate, que dejó cuantiosos daños, los alzados salieron en desbandada. “Cuando vieron que no tenían respaldo, huyen hacia Gualán, La Unión y la frontera de Honduras. Luis Turcios y Édgar Ríos Montt se fueron siguiendo la línea del tren hasta la frontera. Al otro día, el 15, se logró retomar la base de Puerto Barrios”, agrega Miguel Ángel Villagrán.

Amaneció la guerra

En opinión del general Peralta Méndez, la guerra guatemalteca no empezó en 1960, sino hasta un par de años después. Sin embargo, Villagrán, Gordillo y Sisniega coinciden en aceptar que el 13 de noviembre marcó la ruptura que fue germen de los grupos guerrilleros. “Unos se van a México, otros a Honduras, pero los ideólogos del ex Partido Guatemalteco del Trabajo (comunista) los organizan y los convencen de que vuelvan a Guatemala como líderes de un movimiento armado para derrocar a Ydígoras”, opina el general Julio Balconi, ex ministro de la Defensa.

Sin embargo, cabe recalcar que tres de los militares rebeldes (entre ellos Luis Turcios) declararon, el 24 de noviembre, en El Salvador, que no había ningún trasfondo político en su actuar. “Nuestro movimiento fue propiamente de oficiales guatemaltecos, y nunca recibimos ayuda ninguna de Cuba ni de cualquier otro”.

El gobierno de Ydígoras había divulgado que el gobierno de Fidel Castro apoyaba ideológica y materialmente a los insurrectos, con lo cual repetía el discurso de la CIA: Estados Unidos había enviado seis destructores y un portaaviones para vigilar las costas de Centro América (específicamente las de Guatemala y Nicaragua) para interceptar cualquier envío de armas. También divulgaron supuestos documentos secretos que revelaban el envío de tropas cubanas a Guatemala. ¿Quién decía la verdad?


“Había que dar el golpe ya”
Carlos Paz Tejada, enlace con los civiles

“El 11 de noviembre a mediodía fui buscado por uno de los principales promotores de la Hermandad, el capitán, Ricardo Cordón. Había muchas presiones para que se diera el golpe. Sesam Pereira —que estaba en el cuartel de Matamoros— decía que había que dar el golpe ya, debido a que lo iban a mover de allí, porque le tenían desconfianza. Yo no sé por qué razón Chur del Cid que estaba en Quiché resultó también en Matamoros. Y él estaba presionado también de que había que dar el golpe. En ese contexto llegó Cordón a hablar conmigo y me dijo que ellos habían decidido actuar en un movimiento exclusivamente militar sin darle participación al pueblo, para evitar que se pudiera decir que tenía cualquier tinte político.

Mi coronel, me dijo Cordón, hemos estudiado mejor las cosas, vamos a hacer una cosa estrictamente militar, para que no se vaya a decir que hay injerencia externa... Me dijo que tenían planificado tomar el cuartel de Matamoros, simultáneamente con las bases de Zacapa, y Puerto Barrios. Que la Fuerza Aérea no los atacaría, según les había ofrecido el oficial de dicho cuerpo del que se ha hecho mención antes... Recuerdo que Cordón me dijo que había muchas sospechas, y que en esos días ponían bombas los liberacionistas, nada más por joder, por desestabilizar.

Cordón me dijo ojalá que no haya desórdenes. Allí terminó mi relación con ellos... El 13 de noviembre de 1960, después de pasar la expectativa la noche anterior, en la madrugada fuimos enterados de que sí habían actuado al tomar el cuartel de Matamoros, y dieron muerte a dos jefes de ese cuerpo”, relata el coronel Carlos Paz Tejada en el libro Paz Tejada Militar y Revolucionario, escrito por Carlos Figueroa Ibarra.


Las secuelas
Lo que vino tras el 13 de noviembre

Aquel mismo día el gobierno decretó un toque de queda.

El gobierno de Guatemala solicitó al de Honduras la extradición de los jefes rebeldes que se habían internado en su territorio. Sin embargo, el 23 de noviembre, el presidente hondureño, Ramón Villeda, les otorga el asilo.

24 de noviembre

Se abre un juicio militar por el delito de Rebelión en contra de nueve oficiales y más de 40 soldados.

25 de noviembre

Los asilados en Honduras declaran que no había nada de comunismo en su movimiento y que fueron atacados, no por la fuerza aérea guatemalteca, sino por los "mercenarios" cubanos que entrenaban en la finca Helvetia para atacar al régimen de Fidel Castro.

29 de abril de 1961

Se produce un choque de “trecistas” con la Policía Judicial. Muere el teniente Alejandro de León, uno de los líderes rebeldes. La represión del gobierno es creciente y el descontento se extiende a grupos populares y estudiantiles. El 12 de abril de 1962 un vehículo militar ametralla a un grupo de estudiantes de Derecho. Exigen la renuncia de Ydígoras. Según el informe de Recuperración de la Memoria Histórica, en dos meses hubo 100 muertos, mil heridos y 3 mil detenidos.

Otro día 13

El 13 de marzo de 1962, una patrulla militar fue emboscada por guerrilleros en Concuá, Baja Verapaz. Este hecho formaba parte de las operaciones de tres columnas insurgentes. En mayo de 1962 se formó el Movimiento Revolucionario 12 de abril, que se unión al Frente Guerrillero 20 de octubre y al Movimiento Revolucionario 13 de noviembre. Estas tres entidades se unificaron aquel mismo año en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, FAR.

 
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