La juventud militar de los sesenta
y la lucha armada
No se puede decir que la lucha armada empezó el 13 de noviembre de 1960; el mismo conflicto armado no puede explicarse sin ese alzamiento
Por Edgar Ruano Najarro *
Es difícil encontrar un alzamiento militar que haya fracasado en su propósito inicial de dar un golpe de Estado y derrocar a un gobierno y que a la vez haya tenido tan honda repercusión política como la tuvo la rebelión militar del 13 de noviembre de 1960.
El país se encontraba en aquel año en uno de esos momentos de inflexión en los que el rumbo que habría de tomar estaba decidiéndose en diversos escenarios, entre ellos, por supuesto, el Ejército, a la sazón reforzado en su tradicional papel de componente y factor decisivo del poder político.
A dos años y nueve meses de gobierno del general Miguel Ydígoras Fuentes las cosas parecían empeorar aceleradamente para la nación, ya que dicho presidente había hecho de la gestión caótica, sin norte, ni programas, su propio estilo de gobernar, sumido paralelamente en una cadena de escándalos de corrupción.
Ansioso el general Ydígoras de impedir una crisis política generalizada de su gobierno, tomó un camino ya conocido por él y se tornó más anticomunista que nunca y así lisonjear a los Estados Unidos y en ese ánimo dio un paso en falso. Permitió la instalación en el territorio nacional de una base de entrenamiento militar para los cubanos que pretendían derrocar a Fidel Castro. Fue la gota que derramó el vaso para un nutrido grupo de jóvenes militares. Que hubiera un cuerpo militar extranjero en el país no lo pudieron soportar.
Al parecer, el 13 de noviembre de 1960, confluyeron diversos grupos y corrientes existentes en el Ejército. Uno de ellos, el más numeroso, se hacía llamar Compañía del Niño Jesús (relato de Cóbar Barillas), que desde hacía mucho tiempo venía reuniendo a oficiales del Ejército que estaban interesados en discutir la situación política y económica del país.
Otro grupo de oficiales del cuartel general contaba con la dirección del coronel Carlos Paz Tejada (de baja), que políticamente estaba más a la izquierda. El tercer grupo estaba formado por oficiales que, siendo cadetes, habían participado en los sucesos del 2 de agosto de 1954.
La Compañía del Niño Jesús —ha narrado uno de sus fundadores, el teniente Ricardo Cordón— fue constituida a su regreso de Argentina, donde junto con el teniente Alejandro de León Aragón estudió en el Colegio Militar. Allá conocieron la experiencia del segundo gobierno de Juan Domingo Perón y quedaron impresionados por los discursos de Arturo Frondizi.
De regreso en Guatemala, la revolución cubana también les generaba cierta simpatía en sus aspectos nacionalistas y antidictatoriales. Aparte de sus conversaciones sobre la situación nacional, inquietaban al grupo algunos aspectos, tales como la necesidad de mejoras salariales. También consideraban que el ministro de la Defensa y otros altos oficiales eran muy complacientes con la corrupción. En 1959 ya estaban integrados a la Compañía unos cien oficiales, la mayoría tenientes y subtenientes y pensaban que desde el Ejército se podía “hacer una revolución rápida” y no tenían ninguna ideología política.
El resto de la historia es conocido. El presidente Ydígoras alcanzó a neutralizar a la Fuerza Aérea y en setenta horas fue aplastada la sublevación y muchos de sus integrantes, en su mayoría soldados, se entregaron a las tropas gobiernistas, pero muchos de los oficiales, en especial los más jóvenes, se escondieron y varios más se dispersaron hacia Honduras, El Salvador y México.
Las razones que aducen los involucrados como causas del alzamiento no revelan que haya existido algún proyecto revolucionario y, menos, intención de llevar a cabo una lucha armada a más largo plazo. Las declaraciones de dos de los alzados, a quienes junto con otros 48 de sus compañeros les fue concedido el asilo político en Honduras, no dejan lugar dudas sobre el carácter de su movimiento:
“Nuestro golpe no era político de ninguna naturaleza. Era sobre todo nacional; ningún nexo con partido alguno y menos con movimientos revolucionarios extranjeros. Nada de comunismo; puramente nacional, porque así lo exige la patria. Ydígoras Fuentes ha hecho más daño que Castillo Armas. Repetimos que la Fuerza Aérea Guatemalteca no nos bombardeó, ni nos ametralló. Fueron las fuerzas mercenarias que tienen bases en nuestro territorio y por lo tanto están violando el territorio nacional”. (Declaraciones del coronel Ismael Salazar y del mayor Alfonso Pineda, publicadas por el diario El Cronista de Tegucigalpa y reproducidas por Prensa Libre, 25/11/60)
De este alzamiento se puede decir que corresponde todavía a la recomposición general de todas las fuerzas y sectores políticos, experimentada a partir de la ruptura de 1954, tal como sucedió en las fuerzas políticas y en el movimiento social. En el Ejército también hubo crisis a partir de 1954 y los reacomodamientos de fuerzas y el surgimiento de grupos y fracciones fueron cosa normal y corriente. La gran cantidad de conspiraciones, intentos de golpes de Estado y rebeliones habidas entre 1954 y 1960 así lo demuestra.
Así, el alzamiento del 13 de noviembre de 1960 corresponde a un ciclo de alzamientos militares muy definido, cuya naturaleza radica en la lucha por la solución de la pugna interna en la que quedó el ejército desde 1954. Por ello mismo, es erróneo afirmar que el conflicto armado dio inicio con ese alzamiento.
Sin embargo, un grupo de los insurrectos del 13 de noviembre, que se quedaron en el exilio, que no se acogieron a la amnistía decretada por el gobierno, entre los que se encontraban los tenientes y subtenientes Marco Antonio Yon Sosa, Luis Trejo Esquivel, Augusto Turcios Lima, Rodolfo Chacón, el teniente coronel Vicente Loarca y una veintena más, que ni siquiera habían sido los líderes del alzamiento militar, fueron llevados por la dinámica de los acontecimientos y el desenvolvimiento político guatemaltecos a posiciones políticas cada vez más a la izquierda, hasta llegar a convertirse en los jefes de un movimiento guerrillero de corte izquierdista. Empero, ello requirió de un proceso de poco más de dos años y necesitó, además, de otro gran estallido, esta vez de carácter civil, como lo fue la rebelión estudiantil y popular de marzo y abril de 1962. Fue la confluencia de la juventud militar rebelde de 1960 y la juventud estudiantil y popular de 1962 lo que dio origen a la decisión de llevar a cabo la lucha armada en Guatemala bajo la forma de un movimiento guerrillero.
Por ello, así como no se puede decir que la lucha armada empezó el 13 de noviembre de 1960, el mismo conflicto armado no puede explicarse sin ese alzamiento.
* Sociólogo guatemalteco |