Voces
El artista joven
Por Andrea Dardón*
Entre crayones, plasticina y pachas de leche, Nemo aparece en nuestras vidas por lo menos 3 veces al día. Emilia, de 2 años, apenas puede hablar pero ya conoce los nombres de los personajes y el momento en que se acaba la película. Yo por mi parte ya sé todos los diálogos y las cancioncitas.
Esta es una situación que al principio me causaba gracia: ver a mi hija feliz identificando personajes y emocionándose con ellos. Después, me causó desesperación el estar viendo la película Buscando a Nemo todos los días. Sin embargo, con resignación digo que, aunque bastante asfixiante, es la forma más barata y segura de entretenerla.
Pareciera que no hay escapatoria. Casi no hay en nuestro medio alternativas de bajo presupuesto con las que uno pueda entretener a sus hijos de forma segura. Existen pocas opciones, como el zoológico, los caballitos en Las Américas, y el Hipódromo del Norte.
Lamentablemente, muchas madres lo piensan dos veces antes de salir la calle, debido a esta crisis de temor que padecemos. Máxime ante el hecho de que sólo las dos componemos nuestro núcleo familiar.
Las políticas de seguridad ciudadana son insuficientes y coyunturales. Incluso, para mí, la medida de sacar al ejército junto a la Policía a la calle me produce más temor que seguridad y es un escenario del cual, de plano, no quiero a mi hija cerca.
Entonces, ¿qué nos queda? Aumentar nuestro repertorio con dos o tres películas para que los niños se entretengan (cuestan Q25 las piratas) a sabiendas que uno se las memorizará todas hasta la desesperación. Nos conformaremos con ver entretenidos a nuestros hijos, teniendo la esperanza que pronto será más seguro salir a pasear con ellos, y que una no va a ser tan susceptible a los atracos por ser vista sola con bolso, pañalera y una niña en los brazos. En verdad espero el día en que pueda perder a Nemo para siempre, en algún rincón olvidado de la librera.
*Estudiante universitaria. |