Semanario de Prensa Libre • No. 21 • 28 de Noviembre de 2004    


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“Un loco no puede hablar de locuras”
Herbert Meneses inició en el mundo de la actuación cuando tenía 10 años. Su voz se escuchó por primera vez en el programa de Radioteatro Infantil de Marta Bolaños de Prado, en la década de 1950, cuando se inició como actor para luego convertirse en director de teatro.

Texto: Fredy López Yuman
Fotografía: Carlos Sebastián

“Las complejidades del pensamiento del ser humano”, es un tema que observa y analiza Herbert Meneses para inspirarse como actor y director de teatro, una profesión que ha desarrollado durante más de 50 años en Guatemala, México y Centroamérica.

Herbert Meneses ha actuado y dirigido más de 50 obras en Guatemala, México y Centroamérica.

De sus vivencias en la actuación afirma que, “soy más feliz cuando comparto conmigo mismo, porque me atormenta el drama del pensamiento del hombre”. De esta reflexión deduce que, al igual que en una obra de teatro un personaje cambia de un instante a otro, en la realidad sucede lo mismo. Y asegura que “esa es la belleza del ser humano: el cambio”.

De la rapidez de la variación de los actos del hombre, el ejemplo más común que él encuentra es el del matrimonio, en donde los esposos se idealizan mutuamente: “Esperamos que nuestra pareja actúe de acuerdo a nuestras expectativas, sin embargo esto no sucede en la realidad”, afirma.

En esta conversación en los jardines del Teatro Nacional, Herbert Meneses habla de lo que ha sido su mundo durante los últimos cincuenta años: el teatro. Además de sus temores, se refiere a las obras en las que actúa y prefiere dirigir.

¿Qué diferencias hay entre una obra de teatro y la vida real?

La vida en general es un gran teatro en donde constantemente estamos actuando. Día a día estamos poniéndonos máscaras e imitando conductas que no nos corresponden. Tal y como sucede en una obra teatral, el ser humano cambia constante y rápidamente. El ser humano es como una llama que nace y muere al mismo tiempo y los cambios más evidentes se dan en el matrimonio. Una persona se casa porque siente un vacío, y lo hace con otra persona que siente otro vacío, por lo que no se complementan mutuamente. Otro ejemplo es el de las instituciones sociales como la iglesia, las universidades y los grupos en general. Estos sólo sirven para enseñarle al hombre a cobijarse en un conjunto de mentiras. La gente cree sentirse segura en esas instituciones, en donde lo que menos encuentra es eso: la seguridad.

¿Cuál de sus actuaciones recuerda como la más memorable?

Precisamente es la última actuación que hice del monólogo del Diario de un loco (Nikolai Gogol, 1809-1852). Esta es una obra que he presentado durante 30 años y con la que siempre me he identificado.

¿Es por el grado de madurez que ha adquirido?

Un poco por eso, pero sobre todo porque cuando uno aborda a un personaje éste crece adentro de uno con los años: presenta nuevas aristas, nuevos colores, nuevos sentimientos y nuevas emociones... Porque la técnica sirve para asegurar la frescura y la naturalidad en la actuación que se pierde a la semana si el actor está distraído. Si el actor y el público se aburre quiere decir que la obra no es abordada desde una técnica correctamente planteada. Lo más importante es presentar sorpresas agradables para el público.

¿Qué representa para usted El diario de un loco?

Para mí representa el drama del hombre. No advertimos que las instituciones sociales representan una mentira que tarde o temprano se van a desenmascarar y nos van a llevar al dolor. El personaje de esta obra es el empleado menor de una Rusia marcada por la aristocracia y el proletariado. Aunque él no encuentra acomodo en la sociedad porque es menospreciado y humillado, tiene una gran nobleza interior. Luego se enamora de la hija del dueño de la empresa donde trabaja y empieza a notar cualidades y virtudes que en realidad no tiene. Es ahí donde empieza su agobio y él se cree un noble que no tiene reconocimiento de los demás. Además este personaje se imagina que su amada está enamorada de él, cosa que no es así. Al final es tanta su tribulación que se entera de que en España no hay rey. Y él mismo se dice que es el rey de España. La historia termina cuando lo meten a un manicomio de la época. Ésta es una historia cargada de complejidades y de dolor.

Ya que lo menciona, algunos creen que el dolor es inherente al hombre y que marca su vida. ¿Qué piensa?

Sí. Lo más duro es el dolor sicológico porque tarde o temprano se manifiesta con el dolor físico. Es conveniente enfrentarse al dolor, esto significa que las experiencias ajenas no nos ayudan en mucho para salir adelante. Trasponer el dolor no es refugiarse en el consuelo, sino quedarse solo para poder verse a sí mismo. Tiene que haber ausencia de autoridad. No hace falta ni (Sigmund) Freud ni (Erich) Fromm para poder superar nuestros problemas. Aunque parezca una herejía, pero enfrentarse al dolor es darse cuenta de la naturaleza de lo que lo provoca y, cuando esto se descubre, uno encuentra muchas posibilidades para liberarse.

¿Y a usted qué lo hace feliz?

Creo que lo más importante es no depender de lo que otras personas dicen de uno. El hombre no es una máquina para que presionando un botón se sienta feliz. Y presionando otro sea infeliz. Trato de encontrar un equilibrio para que mi felicidad no dependa tanto de lo demás. La felicidad somos nosotros mismos y depende de nuestro caudal sicológico. Depende básicamente de nuestra niñez, de los principios aprendidos en la infancia y de nuestra propia capacidad para ser felices y de liberarnos del miedo.

¿Y los temores?

El miedo principal del hombre es a la muerte y hay dos clases de muerte, a mi modo de entender las cosas. La muerte física y cuando la sociedad lo aisla porque uno no se pliega a lo que ésta quiere. Recordemos que en los estados totalitarios el castigo máximo después de la muerte era el destierro. La muerte física creo que no provoca dolor. El miedo está cuando pensamos en dejar las cosas materiales o las que dejamos de hacer. Por ejemplo: no he escrito mi libro, no he sido lo suficientemente famoso, o no voy a ver a mis hijos grandes, etc. Todas esas cosas provocan temores infundados sólo por nosotros.

Referente al teatro, ¿qué tipo de obras son las que prefiere?

A mí me gusta el teatro que plantea las cuestiones sicológicas de la gente. Cuando tengo oportunidad de dirigir lo hago con obras como Un tranvía llamado deseo, Casa de muñecas y otras donde se plantea las cuestiones síquicas del ser humano. Lo que importa es que la gente vea obras que le atañen personalmente. Recordemos que las diferencias entre las personas son mínimas y superficiales, pero los temores son los mismos, por lo que el teatro es una manera de vernos a través de la vida de otros.

Escenario de la vida

Rafael Herbert Meneses Ovalle nació en Guatemala el 17 de julio de 1939. Ha actuado y dirigido más de 50 obras en Guatemala, México y Centroamérica.

Su maestro de teatro fue el japonés Seki Sano, discípulo de Stanislavski y el argentino Carlos Catania. Estas son sus principales actuaciones.

Invisible evidence, (cine). El Silencio de Neto, (cine). Donde acaban los caminos, (cine). La heredera, (radionovela). Diario de un loco, (teatro). Un tranvía llamado deseo, (teatro). Espectros, (teatro). Recordando con ira, (teatro). La muerte de un viajante, (teatro).

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