Presto non troppo
En los Cuchumatanes
Parte I. - Un acercamiento
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
Una buena porción del departamento de Huehuetenango se ve atravesada por un macizo montañoso que constituye el extremo centro-occidental de la orografía guatemalteca -la sierra de los Cuchumatanes. Distantes, apartados, poco conocidos.
Sin embargo, ya desde el siglo XVI, cuando la capitanía general de Guatemala se extendía bastante más hacia el norte y abarcaba un gran segmento del territorio mexicano actual, entre los pliegues de esa sierra se engarzaron primigenios enclaves rurales: las antiguas misiones religiosas, que en nuestras tierras se llamaron “doctrinas”.
Aldeas pequeñas, pero con linajes largos, como San Juan Ixcoy, San Pedro Soloma, Santa Eulalia, San Miguel Acatán, San Sebastián Coatán, San Mateo Ixtatán. Lejanas y de difícil acceso en aquel entonces, todavía hoy permanecen desconectadas de la metrópoli y de núcleos de actividad en nuestro país.
Al combinar lo europeo con lo vernáculo, estos poblados generaron sus propias dinámicas sociales, uno de cuyos productos más admirables es una colección de manuscritos musicales que se cuenta entre los primeros y más importantes de todo el continente americano, el Repertorio de San Miguel Acatán.
Con este antecedente, fecundo de ideas románticas acerca de lo que aún podrían cobijar aquellas aldeas -y con la informada guía de amigos experimentados en itinerarios antropológicos-, agarré camino para conocer más de cerca a una de esas comunidades de la región chuj de Huehuetenango. El desenlace de tales andanzas deja mucho para una reflexión, que cuesta trabajo resumir en estas líneas.
Por una parte, el encuentro con cosmovisiones muy alejadas de estereotipos occidentales. Hemos llegado durante una de las celebraciones principales del ciclo anual (en el que coinciden cristianismo y pre-cristianismo), la de los difuntos.
Cuan diferente deviene la expresión cultural de una comunidad, cuando la relación con los antepasados no está invariablemente teñida de culpa y llena de aspavientos; sus manifestaciones acompañantes cuentan historias tan distintas de las nuestras. Entre ellas, el testimonio de los últimos maxtoles (herederos de los antiguos maestros de coro) es vital para comprender el sentido y el valor de sus tradiciones.
Desdichadamente, también es indispensable para comprender el proceso de su destrucción y desaparición.
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