Placeres fugaces
Las excentricidades y los objetos ostentosos forman el mundo en el cual se desarrolla la vida de quienes trasiegan drogas.
Por: Francisco Mauricio Martínez
Los lujos y los caprichos son tentaciones a las que los integrantes del narcotráfico y el crimen organizado no se resisten, y que adquieren con lo que obtienen en sus primeras fechorías. Sin embargo, estos hechos pronto los delatan ante las autoridades y sus vecinos. De la noche a la mañana aparecen con objetos ostentosos que un millonario no compraría, debido a su excentricidad. “La mayoría no tiene buen gusto”, señala una fuente antinarcótica.

Cada uno de los caballos de Herrera tenía su certificado de Registro Genealógico. |
Cadenas, esclavas, anillos con brillantes y ropa de marca son el inicio de una carrera por la buena vida que, con el pasar de los años, termina en la compra o construcción de grandes mansiones y la adquisición de autos deportivos, mascotas con pedigrí y ejemplares de pura sangre. Tampoco escapan al gusto de estos personajes las buenas bebidas y, por eso, las botellas de whisky etiqueta verde, azul o negra, así como los buenos vinos, nunca faltan en los bares de sus casas.
El espíritu de sentirse un Casanova también los invade y empiezan a cortejar mujeres, y por eso no es raro que convivan con varias a la vez. También se vuelve rutinario que visiten constantemente antros, adonde llegan a despilfarrar el producto de sus correrías. A esos lugares siempre llegan acompañados de los demás integrantes de la banda. “Así de fácil: como les llega el dinero, también lo gastan”, agrega la fuente.
Lo ostentoso es parte de la nueva vida de los narcotraficantes. No es raro encontrar jacuzzis y piscinas en sus mansiones, pero lo más común es ver finos acabados, así como televisores de pantalla gigante y equipos de sonido.
Una vez, una fiscal llamó a la jefa contra el Crimen Organizado, María del Rosario Acevedo, mientras efectuaba un cateo en la casa de un narcotraficante, y le dijo: “Sólo la puerta casi vale más que mi casa”, relata Acevedo.
Pura sangre
Una de las debilidades del narcotraficante Otto Herrera era el gusto por los caballos. Según asume el Ministerio Público, eran traídos desde España, debido a que en la casa del capo fueron encontrados los certificados de éstos y el pasaporte que indicaba la procedencia de algunos de los equinos.
En el allanamiento, llevado a cabo en abril del año pasado, en la 1a. calle, 17-81, Vista Hermosa II, zona 15, se encontraron los certificados de los caballos y yeguas Omar, Príncipe, Radiante, Nevada I, Camelia de San Miguel, Navegante y El Sevillano.
Durante las acciones judiciales practicadas por la Fiscalía contra la Narcoactividad, decomisaron un caballo blanco llamado Kaiser, el cual, en apariencia, era uno de los favoritos de la familia de Herrera, ya que en algunas fotografías incautadas aparecen sus miembros montados en el animal. En el mismo lote de fotografías también se observa a la esposa de Herrera en un caballo negro.
Pero este capricho, no cabe duda, tenía un alto costo para los Herrera, ya que los animales eran mantenidos en un establo cuya estructura era similar a la de un gimnasio de básquetbol. La alimentación también representaba un alto costo, ya que era especial, lo cual se deriva del hecho de que Kaiser, el único caballo decomisado por la SAIA, “murió debido a la mala alimentación”, detalla Fernando Mendizábal, jefe de esa fiscalía.
El gusto por la buena vida no tenían límites, y esto llevó a Herrera a comprar un yate, el cual fue adquirido a una empresa de Estados Unidos. Un documento encontrado en uno de los allanamientos permitió al MP determinar el precio de este lujo, el cual asciende a US$235 mil —Q1 millón 880 mil. Botas vaqueras
El buen o mal gusto para vestirse también constituyen características especiales de los narcotraficantes. Algunos pasan inadvertidos por su forma sobria de vestir, ya sea formal o casual, pero la mayoría prefiere las botas, el pantalón y la camisa vaquera, así como el uso exagerado de relucientes joyas.
Uno de éstos es un jefe del cártel Luciano que vivía Retalhuleu, y que debido a que actualmente es buscado por las autoridades antinarcóticas, el MP prefiere no dar a conocer su nombre. Éste acostumbra utilizar botas, camisas, pantalones y hasta sombreros vaqueros, así como anillos y dos o tres cadenas de oro colgadas al cuello. También es amante de las esclavas y los crucifijos.
Las fuerzas de seguridad hicieron un cateo a su residencia, ubicada en Retalhuleu, el 21 de febrero de este año, y allí fue encontrada una serie de fotografías en las que aparece con ese tipo de vestimentas.
Pero la mayor sorpresa se la llevaron los investigadores cuando se dieron cuenta de que en el inmueble había un helipuerto, con su respectivo helicóptero. Por asuntos legales, el aparato no fue decomisado; sin embargo, el 30 de mayo del mismo año, “esta misma nave fue encontrada en el río Sarstún, abandonada, con un cargamento de 500 kilos de cocaína”, indica Mendizábal.
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En gusto
se rompen géneros
En cada delincuente
los investigadores
encuentran sorpresas.
Cada vez que los investigadores ingresan a una casa que ha sido ocupada por integrantes del crimen organizado se llevan sorpresas y las historias siempre abundan.
Un agente fiscal cuenta que en Zacapa allanaron la casa de un presunto robacarros, donde encontraron una habitación completa que era utilizada como clóset de ropa para mujer. También había un gran espejo con una Santa Cena dibujada e iluminada.
Un asaltabancos que fue asesinado por sus mismos compañeros, acostumbraba cerrar durante una semana una casa de citas, localizada en el kilómetro 23 de la carretera a occidente, con el objetivo de que él y sus compañeros tuvieron derecho a gozar del lugar sin que nadie los molestara.
- Un delincuente que se había fugado de las cárceles de El Salvador alquiló un apartamento en la zona 15 y empezó a clonar tarjetas de crédito. Cuando fue cateada su casa se encontró un televisor que “prácticamente era un cine”, cuenta un fiscal. También encontraron muebles, equipos de sonido y vídeo todo de gran tamaño.
- Un asaltabancos compró a su madre una casa en la colonia Ribera del Río, y a la vez una camioneta Nativa del año. El vehículo lo registró a nombre de otra persona, lo cual permitió que la recuperaran.
- Dos asaltabancos alquilaban un apartamento atrás de Unicentro, en la zona 10, y en el mismo, cada uno cohabitaba con una de sus convivientes. |
Al averiguar los registros, el helicóptero aparecía a nombre de un cuidador de carros llamado Heberto Vitalino Bámaca, quien fue asesinado un día antes de presentarse a declarar ante los tribunales de justicia. Fue muerto en la 12 avenida, de la zona 5, cuando hablaba a la SAIA por medio de un teléfono público.
El jefe luciano era amigo de las buenas bebidas, y en el interior de la casa fue encontrado un bar donde había todo tipo de licores, desde whisky etiqueta negra, hasta vinos y botellas de ron. También se encontró, en un establo, un caballo pura sangre.
El día del allanamiento, las sorpresas se dieron a granel. Uno de los detectives vio una casa para perro, lo cual, inicialmente, no llamó la atención; sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando descubrieron que debajo de la casa había varios túneles, los cuales eran utilizados para esconder drogas, armas y dinero.
Los vehículos nunca faltan en las casas de los narcotraficantes, ya sea porque son amantes de los lujos que ofrecen éstos o porque resultan indispensables en el trasiego de la droga. En la casa de este jefe capo fueron encontrados un cabezal Kenwood y seis vehículos, entre los cuales sobresalían las marcas Isuzu y Toyota. Estos últimos estaban “caleteados” —con compartimientos ocultos para trasladar armas, drogas y dinero.
Alta velocidad
Las motos acuáticas también forman parte de los gustos de los narcotraficantes, quienes las utilizan para divertirse y también para llevar a cabo algunas de sus operaciones. El año pasado, las fuerzas de seguridad localizaron un lote de motos acuáticas en la residencia de Alfredo Acevedo, padre del presunto capo Mariano Acevedo, ubicada en la aldea Izabalito, Los Amates, Izabal.
La ubicación se dio luego de que un grupo de 60 hombres con uniforme militar, chalecos antibalas, gorros pasamontañas y fusiles AK-47, M-16 y AR-15 atacaron el lugar. Los pobladores aseguran que estas escaramuzas son parte de la guerra que libran los narcotraficantes.
La afición por este tipo de vehículos acuáticos parece ser algo común entre estos grupos, ya que el 29 abril de este año fue localizada una guarida de narcos en el kilómetro 37 de la ruta Interamericana, en la lotificación El Manzanal, donde se encontraron motores marinos, armas de alto poder, mercadería y vehículos. La mansión aparece a nombre de César Gil Castellanos, quien en su pasaporte registra ingresos a Colombia, Ecuador, Panamá y El Salvador.
Las sumas que se manejan dentro del negocio del narcotráfico permiten a los involucrados vivir a cuerpo de rey, y darse lujos y caprichos que sólo el mundo de la droga puede dar. Una muestra de las grandes cantidades que se manejan del narcotráfico se dio cuando en otra residencia, alquilada por Otto Herrera, ubicada en la zona 14, se encontraron US$14 millones —Q112 millones.
Sin embargo, estos lujos parecen durarle poco a los narcotraficantes, ya que casi siempre sus días están contados. Algunas veces son detenidos y enviados a la cárcel, como le ocurrió a Herrera, que fue capturado en México hace pocos meses y la semana anterior fue extraditado a EEUU. Y en otras, son víctimas de sus propias rivalidades, como sucede con los integrantes de los cárteles de El Gallito, donde se están exterminando entre ellos mismos. |