A propósito
Deleites efímeros
Las botellas de whisky, etiqueta verde, azul o negra, nunca faltan en los bares de los capos de la droga y el crimen organizado. Muestran la prosperidad lograda a la sombra del narcotráfico o el secuestro.
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Gerardo Jiménez
Editor |
Pero estas finas bebidas no son la única característica, ya que algunas veces los bienes de lujo, como televisores de más de 50 pulgadas y camionetas agrícolas en residencias que antes fueron casas comunes y corrientes, también reflejan la bonanza económica del momento.
Las ganancias que los narcotraficantes obtienen cada año, producto de la venta de estupefacientes, son millonarias, y estos fondos se convierten en un incómodo bien, que resulta dificultoso movilizar.
Es imposible trasladar tanto dinero en efectivo, al punto que hay ocasiones en las que, tras un golpe de las fuerzas de seguridad, las escenas son increíbles, como sucedió hace varios meses, cuando en una residencia de la zona 14 fueron incautados 14 millones de dólares (unos 112 millones de quetzales).
Tanto dinero en las manos, producto de actividades ilícitas, no puede tener otro destino que el derroche a manos llenas. Cientos de miles de quetzales se quedan en las barras show y casas de citas. La lujuria es tanta que algunos se dan el lujo de pagar para que los antros les presten servicio exclusivo hasta por una semana, por lo cual ordenan cerrarlos.
Por eso no es extraño observar que, tras los allanamientos a las residencias de algunos de estos capos, las autoridades exhiban cantidades exorbitantes de dinero, vehículos o carros de lujo, motos acuáticas, bienes inmuebles y últimamente pequeños aviones de lujo.
De los gustos exóticos y excentricidades que se compran con el dinero del crimen organizado, escribe Francisco Mauricio Martínez en el tema central de esta edición.
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