Semanario de Prensa Libre • No. 21 • 28 de Noviembre de 2004    


   Portada
   Editorial
   Opinión
   Cartas
   D todo un poco
   D frente
   Claroscuro
   Columna invitada
   D portafolio
   D mundo
   D fondo
   D ciencia
   D cultura
   D famosos
   D viaje
   Punto final
   D archivo
   Directorio


Columna invitada

Voces
Visiones del futuro

Por Pablo Ceballos*

Las aves vuelan alrededor de mi cabeza, los gritos del cielo se funden con el contraste de las montañas y los peces del lago rojo mueren con el silbido de la noche.

Ayer me desperté en este paraje desconocido; estaba acostado boca arriba viendo los círculos azules y rojos que diviso al dormir, y poco a poco me sumergí en la realidad frente a mis ojos. Mi cuerpo lo puedo sentir aún frío y pesados los párpados.

Despierto aquí, en este lúgubre lugar, donde los zapatos tienen alas y las mariposas tienen pies; los escarabajos tienen dientes y garras. Es una noche feroz, donde los cuerpos colgados de las nubes claman por la herencia de mi semilla, pero no les basta con verme de rodillas, arrastrándome en este lugar… ellos quieren más.

La sangre cae desde el cielo, los cuerpos están bañados por ese líquido espeso que da vida y yo, con la boca abierta, succiono una esencia de muerte.

Y así desperté en este paraje desconocido que tiene un aroma peculiar, no sé si será el olor a calcetín viejo o será el olor a misericordia que inunda mi pensar, que me recuerda que un día viajé al pasado tratando de encontrar la cura para un mal que destruía toda clase de vida y que mutaba con cada mordisco de carne que daba. Es ese aroma putrefacto que corroe la tinta de esta escena, ¿lo puedes sentir?

Me arrastro bajo los palos y piedras de este paraje; hay templos en ruinas que reclaman la caída de los pájaros sin ojos, que les fueron arrancados de las paginas de un libro que leí cuando el sol estaba en el cenit. Y es en este momento cuando recobro mis fuerzas, me pongo de pie y camino a la orilla del lago rojo, me hinco para contemplar la vida que nace del fango, es ahora cuando el silbido de la noche regresa como látigo de justicia y vuelvo al lugar donde empecé.

Hay círculos rojos y azules que diviso al dormir, poco a poco me sumerjo mas en la realidad frente a mis ojos.

* Estudiante universitario.

 
© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
revistad@prensalibre.com.gt
www.prensalibre.com