Arbol de la vida
Cada 8 o 10 años se sustituye el tronco usado en la danza de Monos y Venados, en San Andrés Xecul, Totonicapán: los devotos van a la montaña a pedir permiso para cortar un árbol. Ese es el comienzo de un nuevo ciclo vital, de un esfuerzo coordinado para llevarlo a la plaza del pueblo.
"Queremos llevar este palo para pilar de nuestra casa, contestaron los 400 muchachos, a Zipacná, el hijo mayor de Vucub Caquix". (Popol Vuh, libro sagrado de los mayas k’iché’s).
Todo el día hay oraciones fervientes para que la empresa sea exitosa y para que el ritual atraiga bendiciones del cielo. Con lazos que miden más de 100 metros se dará el último tirón al madero. Fotos: Edwin Castro

Los devotos van a la montaña a pedir permiso para cortar un árbol. |

Los bailadores son los encargados de preparar las sogas. |

Sones antiguos para los espíritus del bosque. |

El chuch Kajaw, Juan Mux, se comunica con los nahuales. |

Hay que pedir perdón a la Madre Tierra por arrancar el árbol. |

El árbol va cediendo ante la fuerza de los cofrades. |

El tronco debe medir 24 metros.
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Antes de mover el madero es purificado con incienso y aguardiente. |

Pedro Cox y otros aseguran las cadenas y cordeles para jalar el tronco.
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Antes que la luz del día se agote el madero es arrastrado entre veredas. |

Es medianoche, los guías espirituales también oran en el agujero de 1.5m. X 2.5m.
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24 horas después de iniciada la ceremonia, el tronco está en su lugar custodiado por los bailadores monos. |

Todos estos días hasta el 30 de noviembre, los monos, venados y tigres, se deslizarán desde el tronco hacia el templo de San Andrés, a una altura de 20 metros. |

Los danzantes se preparan durante 40 días con abstinencia sexual y constantes oraciones. |
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