Semanario de Prensa Libre • No. 13 • 3 de Octubre de 2004    


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D cultura

Justicia para Monteforte
Se han escrito errores garrafales sobre su vida y su principal novela, Una manera de morir. Es tiempo de aclararlo.

Por: Seymour Menton*
Fotos: Daniel Chauche

La novela Una manera de morir, publicada en 1957 por el Fondo de Cultura Económica, en México, murió al nacer y cuando Monteforte murió el 4 de septiembre de 2003, todavía no había resucitado.

Aunque las más de 300 columnas y notas necrológicas encontradas en Internet gracias a Google, elogian a Monteforte, tanto por su obra literaria como por sus libros de ciencias sociales y su activismo político, hacen caso omiso de Una manera de morir o la distorsionan. Pero antes de profundizar, aclaremos dos errores garrafales, uno, por descuido, y el otro intencionado.

Monteforte no salió al exilio en 1954, como muchos afirman falsamente. Ese año él regresó a Guatemala.

En la nota necrológica del 6 de septiembre de 2003 en Los Angeles Times llaman “Rafael” al primer presidente revolucionario, Juan José Arévalo, confundiéndolo seguramente con el poeta modernista Rafael Arévalo Martínez. Antes de burlarse del desprecio que tienen los medios de comunicación de los EE UU para la cultura latinoamericana, hay que constatar que en el Internet, La Prensa Literaria, Unión Radio y otras agencias europeas hablan del presidente “Rafael Arévalo”.

Y lo que es aún más incomprensible, lo llaman “Rafael” en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica (número 394, octubre de 2003, pág. 5).

Mucho más grave, por mal intencionada, es la afirmación en Guatemala Hoy del 5 de septiembre: “(En 1954) Después de la caída del gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán (Monteforte) partió al exilio”. En La Gaceta, se repite la misma distorsión para ligar a Monteforte con todos los intelectuales guatemaltecos que se refugiaron en la embajada de México en Guatemala a la caída de Árbenz: “En su larga vida, ocupó importantes cargos públicos durante los gobiernos de Rafael (sic) Arévalo y Jacobo Árbenz. Sin embargo, al igual que Augusto Monterroso, a la caída de Árbenz, Monteforte Toledo partió al exilio, del que no regresó sino hasta 1986”.

La mentira brilla...

En ninguna de las 300 notas de Google que he consultado se revela la verdad. Si Monteforte partió al exilio en 1954, cuando las fuerzas de Carlos Castillo Armas, entrenadas por EEUU, derrocaron al gobierno de Árbenz y “no regresó sino hasta 1986”, ¿cómo pude conocerlo en Guatemala en el verano de 1955 y charlar con él casi a diario, mientras recopilaba material para mi Historia crítica de la novela guatemalteca?

La verdad es que Monteforte partió al exilio en 1950, cuatro años antes de la caída de Árbenz, porque según él mismo me contó, se oponía a la infiltración comunista en el gobierno de Arévalo y se lo había dicho. Monteforte creía que Arévalo, sin ser comunista, utilizaba a los comunistas para disminuir su dependencia del Partido de Acción Revolucionaria (PAR), del cual Monteforte fue secretario general.

El PAR estaba dividido entre los radicales, dirigidos por el comunista José Manuel Fortuny y los moderados, dirigidos por Monteforte. Cuando éste fue a Nueva York para representar a Guatemala en las Naciones Unidas en 1946 y 1947, triunfaron los radicales y Fortuny llegó a ser secretario general del PAR. En una carta fechada 30 de marzo de 1971, Monteforte dice que salió de Guatemala en 1950 porque “no me gustaba el gobierno de Árbenz”.

Según Arturo Arias, en su libro Ideologías, literatura y sociedad durante la revolución guatemalteca de 1944-54 (1979), Monteforte dijo que en 1950 con el asesinato de (Francisco Javier) Arana, Árbenz tomó control del ejército, comprometido con el grupo comunista. Según el esquema biográfico de J.L.Perdomo Orellana, publicado en el Diccionario privado (2002) de Monteforte, “a los 39 años (1950), invicto, da la espalda, menos mal para la literatura viva, al ejercicio de la política activa”.

Monteforte vivió en México entre 1951 y 1954 enseñando literatura en la facultad de Filosofía y Letras y trabajando en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

Tiempo de resistencia

Aún más importante para desmentir a los autores de las notas halladas por Google es afirmar que Monteforte volvió a Guatemala antes de junio de 1954 y no salió al exilio sino hasta 1956. Durante ese bienio fundó y dirigió el semanario de oposición Lunes, que criticaba fuertemente al dictador Carlos Castillo Armas por su entreguismo al capital norteamericano. La circulación de Lunes aumentó tanto que Monteforte lo convirtió en un diario titulado Hoy. En ninguna de las notas necrológicas, se menciona la labor heroica de Monteforte en esos días nefastamente reaccionarios para Guatemala. Los nombres Lunes y Hoy tampoco figuran.

Cuando volví a Guatemala, en junio de 1956, para seguir con mis investigaciones sobre la novela guatemalteca, lo primero que hice fue buscar a Monteforte en las antiguas oficinas de Lunes en la 6a. avenida, cerca del Parque Gómez Carrillo. Al encontrarlas cerradas fui a su casa.

Su esposa mexicana, la pianista Aurelia Sánchez Mesa, me contó que el gobierno había destruido la imprenta y habían sacado a Monteforte de la casa. Lo habían llevado vendado y esposado, junto con 43 estudiantes y profesores universitarios, a la frontera con Honduras, sin pasaporte, sin dinero, sin nada. Con mucha dificultad, él había logrado llegar a San José, Costa Rica donde se encontraba en ese momento.

Ella me preguntó si pudiera hacerle un gran favor: llevarle el manuscrito de Una manera de morir a Costa Rica. Me explicó que era el único ejemplar que existía y tenía miedo de que los oficiales en el aeropuerto se lo quitaran porque en dos ocasiones le habían registrado tanto el equipaje que perdió el vuelo a México. Le dije que con mucho gusto . Lo había leído en julio de 1955 después de que él me la había comentado en una carta del 14 de octubre de 1954, antes de que nos conociéramos personalmente. Monteforte describía así su novela:

“Esta última obra es lo más serio (en) que me he metido. Sin ubicación y en cierto sentido intemporal, aborda uno de los problemas humanos que considero más graves de nuestro tiempo : la gradual destrucción que ejerce el partido político ortodoxo (el comunismo, por ejemplo; pero también cualquier ortodoxia) sobre el hombre y su circunstancia, como dirían los existencialistas. Se llama Una manera de morir y es bastante doloroso de leer. Creo que interesará en cualquier idioma y que me traerá violentos ataques de todas las extremas”.

La muerte de Una manera de morir

Le entregué a Monteforte el manuscrito en agosto de 1956 en San José, Costa Rica. Gracias al presidente José Figueres, Monteforte pudo viajar a México y el 28 de junio de 1957, en plena Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, Una manera de morir salió publicada por el Fondo de Cultura Económica con un tiraje de 2 mil ejemplares.

Aunque había obtenido en 1955 el primer premio del Concurso Interamericano de Novelas, auspiciado por la Unión Latinoamericana de Universidades, en México y el resto del mundo fue ninguneada. Que yo sepa, no se publicaron más que tres reseñas y aunque en la de Emmanuel Carballo (1929), cuentista y crítico que colaboró mucho en la revista Siempre!, se dice que la novela “puede convertirse en inflamable texto polémico” , no hubo nada de debate. En la única reseña positiva, Margarita Michelena (1917), poeta y periodista mexicana, lo considera, desde su título: “Un libro necesario”.

Lo peor es que el mismo autor no hizo nada para promover la divulgación de la novela. ¿Por qué? Porque al llegar a México, Monteforte seguramente se dio cuenta de que para sobrevivir en el mundo literario de México no podía ofender a la izquierda, de manera que el suicidio moral del protagonista Peralta prefiguraba el suyo propio.

Mario Monteforte Toledo nació en Guatemala el 15 de septiembre de 1911. Falleció el 3 de septiembre de 2003.

En el prólogo a la edición de la Biblioteca Ayacucho en 1993, Monteforte admite que fue atacado por la publicación de Una manera de morir y admite que no se defendió porque “la lucha se hace contra los enemigos y no contra los que sin serlo no piensan como uno”. En su autobiografía, en la misma edición da otra razón por no haberse defendido: “Desde entonces (1950) se le considera como uno de los ideólogos de la izquierda latinoamericana”.

Al volver a México en 1956, Monteforte asumió otra vez su puesto de investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM que le permitió escribir y publicar libros como Guatemala. Monografía sociológica (1959) y Partidos políticos latinoamericanos (1961). En 1961, inició su colaboración semanal en la revista izquierdista Siempre!, que le permitió viajar por todo el mundo y que duró hasta 1978.

Una manera de morir no volvió a publicarse hasta 1986, año en que Monteforte volvió a Guatemala, a la edad de 75, y no se publicó en México ni en Guatemala sino en Barcelona, en la editorial Plaza&Janes; y todavía no se ha publicado en Guatemala. Pese al ninguneo y al autoninguneo de Una manera de morir, resulta ser, tanto por el tema como por la estructura y el estilo, la obra cumbre de Monteforte digna de colocarse al lado de las novelas insignes de Guatemala, Centroamérica e Hispanoamérica.

Otros errores

Para rematar mi denuncia de los distorsionadores y ninguneadores, quisiera comprobarles que la campaña izquierdista de incorporar a Monteforte dentro de su equipo, sin oposición de él, lo ha acompañado desde 1957 hasta el otoño de 2003.

En julio de 1982, Dante Liano, novelista y crítico guatemalteco radicado en Italia, publicó un estudio titulado Las dos caras del mundo: un relato de Monteforte Toledo en la revista Studi Latinoamericani.

Aunque lo principal del estudio es el análisis del cuento Un hombre y un muro, más o menos la primera mitad se refiere al redescubrimiento de Monteforte hacia 1975, después de unos 20 años en que no circulaban sus obras en Guatemala y “las posibilidades editoriales para novelas como Entre la piedra y la cruz eran prácticamente nulas”.

Liano generaliza sobre las novelas de Monteforte, dando la impresión de que se conocía sólo por indigenista y jamás menciona Una manera de morir. También distorsiona la verdad diciendo que Monteforte fue a México junto con Asturias, Cardoza y Aragón, Manuel Galich y otros, a la caída de Arbenz, lo cual, como se anotó antes, es falso.

En 1987 la editorial guatemalteca Piedra Santa contrató la edición de sus obras completas, pero hasta la fecha no han publicado Una manera de morir, dando preferencia a Los desencontrados (1990), Donde acaban los caminos (1991), Llegaron del mar (1992), Entre la piedra y la cruz (1992) y Anaité (2000).

En un mensaje electrónico fechado 31 de enero de 2004, Julio Piedra Santa me confirmó que “la decisión de no imprimir ese libro (Una manera de morir) fue del Dr. Monteforte”.

En 1990, John Beverley y Marc Zimmerman, dos marxistas doctorados de la Universidad de California, San Diego, publicaron Literature and Politics in the Central American Revolutions.

Aunque el libro contiene muchos datos fidedignos, lo que dice sobre Monteforte es falso: “autor de un influyente grupo de novelistas de realismo social de la vida indígena de Guatemala, aparecido durante la revolución de Octubre”.

En la última edición del Diccionario de Escritores Mexicanos (1998), en el artículo sobre Monteforte, firmado PMJ, se menciona Una manera de morir, pero se distorsiona totalmente su contenido diciendo que trata “el conflicto de un hombre que fracasa en su lucha contra la sociedad”.

Por fin, en una columna publicada en La Jornada y reproducida en La Gaceta de octubre de 2003, Carlos Montemayor (1947), intelectual mexicano, señala “lo remoto” como una de las constantes en la novelística de Monteforte para luego distorsionar el tema de Una manera de morir: “lo remoto para Peralta es su incorporación al mundo de la burguesía”, sin decir absolutamente nada de la desilusión de Peralta con el Partido Comunista y su suicidio moral al reingresar en el Partido al final de la novela.

El Partido Comunista ha dejado de ser tema candente a partir de 1989, pero el conflicto entre la libertad del individuo y la disciplina o la presión de cualquier ortodoxia, política o religiosa, sigue muy vigente hoy día.

Por eso, afirmo que por difícil que sea alcanzar la objetividad absoluta, es la responsabilidad de cada investigador y de cada profesor tratar de alcanzar esa objetividad, repudiando las mentiras y las distorsiones. Espero que esta ponencia y mi futura traducción al inglés de Una manera de morir sirvan para resucitar esta novela tan injustamente asesinada.

*Seymour Menton (1932) es crítico literario estadounidense, autor de numerosos estudios y antologías de literatura hispanoamericana. Este artículo fue originalmente publicado en la revista Alba América de la Universidad de California.

¿Ha leído Una manera de morir?
Síntesis de la novela

El título se refiere a los individuos que en los años de la posguerra se han visto obligados a sacrificar sus ideales para someterse a un pensamiento ortodoxo, como el comunismo o la religión.

Se han escrito errores garrafales sobre su vida y su principal novela, Una manera de morir.

Peralta es un comunista que se da cuenta de la hipocresía del Partido durante una misión a un pueblo para destituir a un buen líder campesino. Cuando Peralta se ha permitido el lujo de pensar por su propia cuenta, se siente tan atormentado que acaba por salir del Partido. Al principio, se encuentra solo en el mundo. Hasta su hermano lo desprecia por haber abandonado la lucha en la cual había creído tan fervorosamente.

El novio de su hermana le consigue empleo en un banco, donde, valiéndose de su inteligencia y de su aplicación, comienza a ascender. Conoce a una joven adinerada y simpática que llega a ser su novia. En el fondo, Peralta sabe que tampoco pertenece a esta nueva sociedad. Ni él puede aceptar su insipidez, ni ellos perdonarle sus ideas radicales.

A pesar de eso, llega al punto de querer casarse con su novia, pero se interpone la Iglesia. Peralta no puede transigir con los ideales que lo ayudaron a librarse de la ortodoxia del Partido y el cura no puede librarse de la ortodoxia de su dogma. Completamente deshumanizado, Peralta reingresa al Partido. Ya no se atreverá a pensar por su propia cuenta: esa es una manera de morir.

Peralta dialoga con otros individuos: el secretario del partido, su madre, su novia comunista, el líder de los campesinos y grupos de compañeros comunistas, empleados del banco, banqueros y huelguistas. Aunque en las conversaciones se siente la angustia existencialista, la escena más dramática ocurre en el último capítulo, en la plataforma del tren que lleva a Peralta y a otros dos compañeros al próximo pueblo después de darse cuenta de que el entusiasmo de los campesinos por los “ídolos capitalinos” se ha disipado. Sacudidos por vibraciones del tren y ensordecidos por el viento y los ruidos metálicos, el compañero Lamberto le exige a Peralta una explicación por su reingreso en el Partido.

Cuando Peralta, completamente disciplinado, o sea “muerto”, le repite la cantaleta de que se había desviado pero que ha reconocido su error, Lamberto se exaspera y le dice a Peralta que él y otros compañeros tampoco estaban conformes con la política comunista y que esperaban que él les enseñara la manera de vivir fuera del Partido.
Sintiéndose defraudado por su amigo, Lamberto se vuelve ciego de ira y por poco mata a Peralta empujándolo por encima del barandal. La última página de la novela tiene una angustia insuperable: el tren se detiene salvando a Peralta y ambos vuelven a entrar en el carro para bajar en la próxima estación.

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