Semanario de Prensa Libre • No. 13 • 3 de Octubre de 2004    


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D cultura

Más que la hija del Bolo
Alejandra Flores es autora de Transparencia del mal, libro que será presentado esta semana.

Por: Gustavo Adolfo Montenegro

“Me ha costado trabajo que la gente me perciba como alguien diferente, con una personalidad, intereses y creatividad totalmente diferentes a los de mi papá”, dice la escritora. No pocas veces ha vivido este diálogo: ¡Ah, usted es hija del Bolo Flores! Ella responde: “No, yo soy Alejandra”.

¿Qué tanto le afecta ser hija de Marco Antonio “Bolo” Flores?

Mi papá es un tipo inteligente, ético, con una cultura general increíble. Pero también nos dio una sobreprotección extrema que es la raíz de muchos de mis miedos. Me dio la posibilidad de tener acceso a una apertura ideológica, filosófica, literaria, existencial. Todo eso me hizo una persona distinta, no una copia de él. Tengo mi propio nombre.

“Me gustaria morir leyendo”: Alejandra Flores.

¿Qué tanto de siquiatra hay en la escritora?

En mis poemas hay muchos temas sicológicos, porque uso el lenguaje que tengo a mano. De alguna forma, he plagiado palabras de gente que me hicieron sentido. Sin embargo, lo básico es el deseo existencial de plasmar mis angustias y mis miedos y mis demonios.

¿Alguna vez te has arrepentido de ser siquiatra?

Jamás. Es algo que fue muy claro para mí, al vivir la represión de mis papás y haber necesitado de esa atención. Al conocer a víctimas de la represión, exiliados en México, pensé en la necesidad de transformar el dolor de la gente.

¿Cuánto tiempo abarca este libro?

No tenía ninguna prisa por publicar. Desde Ternura Derrotada (publicado en 1999) empecé a escribir textos para éste. Escribir, para mí, no es un continuo, ni una obligación. Escribo cuando lo necesito y lo hago para mí.

¿Entonces para qué publicar?

Me han dicho que mi poesía es intimista, pero creo que es la voz de muchas mujeres a través de mí. Por mi trabajo como siquiatra (con víctimas del conflicto armado, con ancianos y actualmente en el ejercicio clínico) sé del sufrimiento de la gente. Por mis oídos y ojos, todo ese dolor se transforma en poesía y hay que compartirla.

Hay un poema dedicado a mujeres, en el cual las invita a descuartizarse...

Ese texto fue porque me di cuenta que en el ámbito de izquierda, donde supuestamente las feministas son solidarias, hay un montón de hipocresía y chismes. Hay misóginas que no dudan en despedazar a otra mujer.

Siquiatra, escritora y madre

Alejandra es madre desde hace varios meses. Antonio juega en su araña durante la entrevista. Es un bebé juguetón que al terminar esta conversación estará profundamente dormido.

¿Qué tanto ha cambiado su vida con la maternidad?

Hace algunos años, decía: mi vida es tan intensa que daría lo mismo morirme hoy que en treinta años. Cuando se dio el hecho de ser mamá de Antonio, mi forma de ver la vida cambió: cada día descubro una sonrisa diferente, un grito, me siento llena, me invade toda la ternura que te podás imaginar. Además, a los 40 años, como dijo una amiga, se viven las cosas con otra intensidad.

A los 40, o antes, muchas mujeres ya no dicen su edad...

Ocultar la edad es una ridiculez. Tengo 39 y en unas semanas cumpliré 40. Me siento bien con lo que he vivido, sufrido y enfrentado.

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