Semanario de Prensa Libre • No. 13 • 3 de Octubre de 2004    


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D cultura

Presto non troppo
A propósito del “Quince”
¿No podremos hacer nada al respecto?

Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com

Es claro que el uso de redoblantes y cornetas no es, de suyo, desfavorable a la enseñanza de la música en el ámbito escolar. Lo que resulta poco conducente es que a través de ello muchos centros educativos pretendan cumplir con la obligación de instruir musicalmente a sus alumnos y, menos aún, inculcarles un sentido constructivo de lo que es la patria. Digámoslo claro y directo: salir cada septiembre a somatar tambores y a resoplar bronces en triste emulación de marchas soldadescas no cumple cometidos pedagógicos ni artísticos ni patrióticos. Lo que sí representa semejante despilfarro de energías es una pérdida de tiempo para los colegiales y una pantalla -muy conveniente y cómoda- para docentes mediocres e irresponsables.

No puede seguir siendo motivo de orgullo para las autoridades ministeriales, ni para los maestros, ni para los familiares, que los escolares malgasten las pocas oportunidades formativas que tienen, en actividad tan vacía y estéril. Entonces, ¿por qué insisten en perpetuar rutinas tan poco edificantes para la juventud guatemalteca? El principio del absurdo está en el origen mismo del pretexto: el 15 de septiembre de 1821. ¿Qué fue lo que ocurrió en esa fecha? ¿“Nació” Guatemala, como lo sugiere la lírica referencia al “cumpleaños de la patria”?

No. Eso no fue lo que sucedió. Para comenzar, “Guatemala” ya existía desde hacía casi trescientos años, un vasto territorio que hoy en día poseería un potencial económico y político apreciablemente mayor si al menos conservara la misma extensión.

En segundo lugar, la así llamada independencia no fue un movimiento que liberara de cadenas y cargas a una población despiadadamente sojuzgada. Las cadenas y las cargas continuaron; lo que cambió fue quiénes las impondrían de ahí en adelante. Para rematar, la separación tributaria de España también abrió paso a la desintegración política de toda la región.

Pasados apenas dos decenios, Guatemala se hallaba reducida a una sexta parte de lo que había sido por tres siglos y ya padecía una dictadura militar que duraría 25 años, de las tantas que han obstaculizado su progreso durante casi un siglo y medio y... ¡Eso es lo que reproducen y festejan las marchas del “Quince”!

Cabe preguntar, una vez más: ¿De veras no nos damos cuenta del sinsentido? ¿De veras no nos importa? ¿De veras no podremos hacer nada definitivo al respecto?

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