Semanario de Prensa Libre • No. 13 • 3 de Octubre de 2004    


   Portada
   Editorial
   Claroscuro
   Columna invitada
   D todo un poco
   D frente
   Opinión
   Cartas
   D portafolio
   D mundo
   D fondo
   D cultura
   D famosos
   D viaje
   Punto final
   D archivo
   Directorio


D fondo

Negocio de película
Bill Gates, Mel Gibson y Celia Cruz no han sido los únicos que se han enriquecido con su producción; muchos guatemaltecos también lo han logrado, a través de la piratería.

Por: Francisco Mauricio Martínez
Fotos: Carlos Sebastián

La pareja de turistas regresaba de Puerto Barrios después de haber visitado Livingston durante el fin de semana. Se acomodaron en los sillones del segundo piso del lujoso autobús y se disponían a descansar cuando en el televisor empezaron a ver las imágenes de la película Shrek 2. Lo primero que llamó la atención de los extranjeros fueron las risas y siluetas que se escuchaban y veían en la cinta. “Esa fue grabada con cámara de vídeo en una sala cine”, expresó el turista español.

Una de las soluciones más fáciles que los responsables de la piratería del cine han encontrado para lograr sus propósitos es filmar, con una pequeña cámara, las películas de estreno. Para lograr esto ingresan al cine como cualquier persona, y al iniciar la película, comienzan a grabar. “Esta es la forma más burda de este tipo de comercio durante los últimos tiempos”, dice Fernando Paiz, gerente de World Vídeo.

En los laboratorios clandestinos se han encontrado aparatos con capacidad para reproducir hasta 10 copias en tres minutos.

La lucha en el mundo de la piratería no se detiene, pero los cabecillas de estas redes constantemente encuentran mecanismos para obtener las películas, música, software o literatura que está en estreno en el mundo, para luego reproducir miles de copias y obtener millonarias ganancias con sus ventas.

No sólo Mel Gibson

El mundo del cine no ha enriquecido solamente a Mel Gibson o a Julia Roberts, ni sólo a los estudios Universal o Columbia Pictures, entre otros. Los capos de la piratería también se han enriquecido en su mismo país, sin necesidad de viajar a los Estados Unidos. Para lograrlo, solamente necesitan comprar algunos quemadores de discos, que en Guatemala tienen un precio que oscila entre Q3 mil 500 y Q5 mil.

Los empresarios del vídeo y el cine y el Ministerio Público no tienen una cifra exacta de las sumas que se mueven en este submundo; sin embargo, el gerente de Word Vídeo, que es representante de varios estudios cinematográficos, estima que anualmente se habla de un mercado de Q18 millones, producto de la venta de unos cinco millones de películas durante un año, de las cuales únicamente 300 mil han pagado todos los derechos.

Las investigaciones efectuadas por los propios empresarios del cine también han llevado a determinar que gran cantidad de películas ingresan al país en forma anómala de países asiáticos como Hong Kong, Singapur y Tailandia. “Éstas se caracterizan porque traen inscripciones con letras chinas”, explica Paiz.

Para los piratas son abundantes las fuentes que alimentan su negocio. De esta cuenta, la Internet se ha convertido en una de sus mejores aliadas, ya que de algunos sitios bajan las películas que están en cartelera, para luego venderlas en todos los mercados del país, pero, sobre todo, en la 6a. avenida de la zona 1, que bien podría llamarse la calle de la piratería. Allí, los vídeos se venden como DVD (con menú al inicio de la película) y tienen un precio de Q50, mientras que las VCD (sin menú) cuestan Q20.

A toda máquina

Para el mercado que opera legalmente, resulta imposible competir con la piratería, ya que los precios y la capacidad de producción marcan una diferencia abismal. Durante algunos allanamientos efectuados por el Ministerio Público, los investigadores han encontrado fábricas clandestinas con aparatos capaces de reproducir 10 discos a la vez, cada tres minutos.

En algunos de estos laboratorios se han decomisado hasta 40 quemadores con diversas funciones. “A estos aparatos se les cambia programa y son capaces de reproducir películas y música”, indica Mynor Melgar, responsable de la Fiscalía contra Delitos a la Propiedad Intelectual.

Una película original, que se caracteriza por su nitidez de imagen y fidelidad de sonido, tiene un valor agregado que consiste en entrevistas con los personajes, la historia de cómo se filmó la película, e incluso algunos videojuegos. Su precio aproximado es de Q180. Con esa cantidad, cualquier persona puede comprar seis películas piratas.

Piratas de altura

La piratería también ha alcanzado a un sector que podría considerarse menos vulnerable a estos ilícitos, como el de los programas de software. Sin embargo, se considera que durante 2003 las empresas del país perdieron Q16 millones debido a los programas vendidos en forma ilegal, sin pagar los derechos.

“De cada 10 programas, ocho son instalados en las computadoras de Guatemala sin la autorización del autor”, indica Hugo González, representante en el país de Business Software Alliance (BSA, en inglés).

Para las empresas que se dedican a la venta de software original, resulta frustrante conocer los precios con que se venden las copias de sus productos, ya que éstas se consiguen hasta en Q10, mientras que el promedio de las originales es de US$200 (Q1 mil 600). “El precio del software original es variable, ya que hay programas con precios de US$50 (Q400), mientras algunos pueden costar hasta US$100 mil (Q800 mil)”, indica González.

Las películas originales se diferencian de las copias piratas por la calidad de imagen y sonido.

Según el representante de BSA, algunos casos específicos de precios son, por ejemplo, los de Windows XP, que cuesta entre US$150 (Q1 mil 200) y US$225 (Q1 mil 800). “Pero el que da más cólera es el AUTOCAD (programa de aplicación para la arquitectura), el cual permite diseñar edificios o puentes, y tiene un precio de US$3 mil 500 (Q28 mil), mientras que pirateado se vende a Q10”, comenta.

Una de las formas más comunes de piratear estos programas, según González, es cuando alguna persona compra una licencia y luego la presta o vende a otras. “Esto es ilegal, porque no están pagando licencia para instalarla en varias computadoras”, apunta.

Otra forma de adquirir estos programas se registra por medio de anuncios que aparecen en los clasificados de los periódicos. En éstos se anuncian sitios de la Internet donde se pueden comprar los programas. Para comunicarse, los encargados de estos negocios dan números de celulares que funcionan con tarjetas. “Esto, para que no puedan ser rastreados”, indica González.

La Internet también ofrece oportunidades a los piratas, ya que existen sitios de donde se pueden bajar los programas, y son los mismos donde se encuentra música, películas y otro tipo de documentos. “Entre estos sitios está kazaa, que crea una red de computadoras que comparten documentos electrónicos”, agrega.

Negocio redondo

Para los piratas, la reproducción de música es juego de niños, ya que resulta demasiado sencillo. Para lograrlo, únicamente compran un CD original, que tiene un precio de entre Q120 y Q160, y luego, por medio de un programa, logran decodificar la música, para convertirla a un formato MP3, y así es más fácil distribuirla”, dice González.

Según el representante de BSA, una canción de 4 a 5 minutos tiene un espacio en disco de 50 megabites, y cuando se convierte en MP3, generalmente ocupa entre cuatro y cinco megabites. “Esto quiere decir que reduce en un 10 por ciento el espacio de memoria, y mantiene en buena calidad la música”, explica.

Tampoco se libran

Los libros no escapan a este problema, ya que las casas editoras están sometidas a empresas fantasma que se dedican a copiar sus libros, y también a las fotocopias. “No existen estadísticas, pero basta con observar cuántos estudiantes compran un libro en una clase y cuántos lo fotocopian”, expresa Rodolfo Bolaños, presidente de la Gremial de Editores de Libros de Guatemala.

“La piratería más fuerte que afecta los libros se da cuando se edita una serie de tomos de texto, porque cuando salen a la venta los libros, otra empresa los copia íntegramente y vende el mismo texto. Algunas veces, en forma descarada, hasta le pone el mismo logo”, afirma.

Bolaños señala que los libros más copiados son los técnicos, de colegios y universidades, y los diccionarios. “La piratería se está arraigando cada vez más, debido a que los diccionarios y enciclopedias vienen en CD, y en este formato es más fácil copiarlos”, se lamenta.

Un ejemplo es el Diccionario Jurídico, de Guillermo Cabanellas, que tiene un costo de Q600, pero en la Universidad de San Carlos se puede conseguir a Q10, refiere Bolaños.

La brecha legal

Copiar música y películas no es delito. La ilegalidad se comete cuando este producto se hace al por mayor, con la intención de venderlo.

Hacer copias del software, música y películas de lo que legalmente se tiene no es ilegal, según la Ley de Derechos de autor. Esto quiere decir que un disco se puede legalmente ripear a una computadora y utilizarlo. Lo que es penado es que este archivo se pase a otras personas.

El Código Penal dice que cualquier instrumento que se utilice para violar o romper la protección de una obra especial constituye delito. En el país, a diferencia de otros, el simple hecho de tener ese software para romper esas codificaciones es ilegal.

En San Lucas Sacatepéquez venden copias casi exactas, que tienen menús donde se puede escoger el idioma en que se quiere ver la película, porque son copias que se han hecho directamente desde un DVD, con programas ilegales.

Copias falsificadas de reproductores de DVD se venden en la 6a. avenida de la zona 1, a precios de Q300 y Q400.

Se extiende

El mundo de la piratería se extiende más cada día, lo cual conduce a la falsificación de otros productos.

Uno de ellos es la venta de la tinta para impresora EPSON, la cual es falsificada por algunos guatemaltecos que la traen de China, según la entidad Business Software Alliance.

Hugo González, representante de esa firma en el país, opina que este producto es exportado desde aquí a toda Centroamérica, Colombia, Ecuador y Bolivia.

Pero eso no es todo. González indica que aquí también se falsifican lentes de marca para el sol, que traen desde China y Colombia. “Aquí hay máquinas que sellan e imprimen las marcas, y luego sólo mandan a hacer los estuches”, agrega.

“Si algo es demasiado barato para creerlo, no lo crea, porque, definitivamente, lo están estafando”, sentencia el representante de BSA.

“Sólo en agosto decomisamos 70 mil”;
Un monstruo de mil cabezas

Pese a las investigaciones y capturas que efectúa el Ministerio Público, la producción de discos con música y películas no se detiene. A continuación el resumen de una entrevista con Mynor Melgar, fiscal de Delitos contra la Propiedad Intelectual.

¿Qué hace el MP para combatir la piratería?

Mantenemos operativos permanentes con un ritmo de casi dos por semana; sin embargo, actualmente los hemos reducido, debido a que nos hemos dedicado un poco más a combatir los laboratorios clandestinos de medicinas.

¿Cuáles han sido los alcances de estas acciones?

No tenemos estadísticas de las personas que han sido detenidas; sin embargo, seis de ellas han sido condenadas a dos años de prisión conmutables. Sólo durante el mes de agosto decomisamos aproximadamente 70 mil discos de películas y música.

¿Son suficientes estas penas para disuadir a los culpables de ese delito?

Las penas no son suficientes, pero, lamentablemente, las fianzas son aún peores, ya que la más alta que se ha aplicado es de Q3 mil. Lo que sucede es que pagan la fianza y vuelven al mismo trabajo.

¿Dónde se encuentran los principales centros de producción pirata?

Los principales laboratorios clandestinos están ubicados en los alrededores del mercado El Guarda y en La Terminal de Autobuses de la zona 4. Últimamente, hemos descubierto que a lo largo de la avenida Santa Cecilia se encuentran algunas de estas casas ilegales.

¿Quiénes intervienen en esta cadena delictiva?

Aparte de los que reproducen los discos, también intervienen dueños de imprentas, de fotocopiadoras y los vendedores de CD en blanco.

 
© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
revistad@prensalibre.com.gt
www.prensalibre.com