Semanario de Prensa Libre • No. 13 • 3 de Octubre de 2004    


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Majestuosidad tolteca
Escenarios del juego de pelota, esculturas y variedad de bajorrelieves son los vestigios de la cultura prehispánica en la zona arqueológica de Tula, México.

Texto y fotos: María Li Castillo

Al llegar a la ciudad de Tula, es fácil distinguir cuatro figuras verticales, conocidas como Atlantes. Las imágenes se imponen sobre el territorio, invitando a recorrer lo que en su tiempo fue la capital tolteca. Plantas de maguey, cactus y nopales dan la bienvenida al turista, pero desaparacen al toparse con lo que fue una de las canchas del juego de pelota.

El espacio tiene forma de “I” y probablemente estuvo decorado con tableros esculpidos y frisos, de los cuales únicamente queda una pequeña lápida en la que se ven los pies de algún jugador.

Tula fue el único centro fuera de la cuenca de México que formó y controló un importante imperio pan-mesoamericano.

La visita continúa por el Palacio Quemado, construcción que debe su nombre a un incendio que lo destruyó casi por completo. Este conjunto administrativo de tres patios está rodeado de columnas, banquetas y altares, entre los cuales aún se observan restos decorativos con representaciones gráficas de reyes o guerreros.

Tres series de columnas conforman la antesala del edificio de los Atlantes. Frente a esta edificación, se ubica una banca esculpida con figuras policromas que se remata con una especie de cornisa decorada con los mismos motivos.

Dioses del pasado

Al subir la escalinata frontal del edificio se contemplan las estatuas de 4.60 metros que, se cree, representan a Quetzalcóatl en su función de “estrella de la mañana” o Tlahuizcalpantecutli. Aquí también se ubican pilastras de la misma altura que las figuras externas sólo que cuentan con grabados en la piedra. Atlantes y pilastras cumplían la misma función: sostener las vigas del techo.

Por el lado este de la plaza, se encuentra un edificio que se supone fue el principal, pero que por haber sido objeto de una destrucción deliberada en la época prehispánica no se aprecia en su totalidad.

Otro espacio dedicado al juego de pelota cierra la plaza por su lado oeste, el cual destaca por su gran parecido arquitectónico al ubicado en Chichén Itzá. Frente a éste se ubica el Tzompantli o Lugar de Calaveras, donde al momento de la excavación se encontró gran cantidad de dientes y huesos de cráneo. El adoratorio está en el centro de la plaza y en él se pueden apreciar dos etapas constructivas y también una gran semejanza con el “templo de las águilas” en Chichén Itzá.

Finalizado el recorrido, la impresión es, más que de admiración, de asombro al contemplar las colosales obras arquitectónicas que, con inimaginable maquinaria, lograron construir culturas pasadas.

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