El dinero no lo es todo
Contar con un gran presupuesto y un par de estrellas no es garantía para tener un éxito de taquilla.
Por Francisco Mauricio Martínez
En el mundo del cine, el dinero no es sinónimo de triunfo, ya que constantemente encontramos ejemplos de películas que tuvieron un gran presupuesto para su realización, y al final resultaron siendo un fiasco para el público, un festín para los críticos y una pérdida para sus productores.
Se estima que de cada 10 películas producidas y estrenadas en Estados Unidos, sólo tres reportan beneficios. Esto se debe, en gran parte, al coste en la realización, cuyo importe suele ser no menor de 40 millones de dólares. Esta cantidad es para una película media, sin incluir a las grandes estrellas ni los costes de los efectos especiales o de la parafernalia mercadotécnica.

El Señor de los Anillos es el ejemplo de una cinta que recupera con amplio margen lo invertido en la producción. |
La película más taquillera de la historia, Titanic (1997, director James Cameron), obtuvo en taquilla más de mil 800 millones de dólares, y además se vendieron, durante las primeras semanas, 56 millones de copias en vídeo, mientras que su presupuesto de realización fue de unos US$200 millones.
La segunda película más taquillera ha sido Harry Potter y la piedra filosofal (2001, Chris Columbus), con un resultado en taquilla de más de US$900 millones, mientras que la primera de la serie El señor de los anillos: la comunidad del anillo (2001, Peter Jackson), obtuvo una recaudación de US$860 millones.
Tampoco se puede dejar de lado el éxito apoteósico que obtuvo La pasión de Cristo (2004, Mel Gibson), que, con un presupuesto de US$30 millones, aportados en gran parte por el propio director, sólo en su primera semana de proyección ya había recuperado y triplicado su inversión. Sus ganancias se siguen contando por millones de dólares, y resultó un auténtico fenómeno internacional, cuya polémica en cuanto al contenido brutal de sus imágenes sobre el tormento de Cristo no hizo más que atraer al público hacia las salas de cine.
Una historia triste
Sin embargo, la otra cara de la moneda muestra las superproducciones que han resultado en fracaso. En este sentido, se considera, por cuestiones publicitarias, a la película Cleopatra (1963, Joseph L. Mankiewicz), protagonizada por Elizabeth Taylor, como uno de los mayores fracasos de la industria cinematográfica. Sin embargo, con el paso de los años, ha proporcionado beneficios a su productora, gracias a los derechos televisivos y las ventas en vídeo.
Quizá el primer gran fracaso en la historia de la cinematografía fue la superproducción Intolerancia (1916, D.W. Griffith). Esta película tuvo un coste, en aquella época, de US$2 millones. Se dice que, como consecuencia del descalabro, Griffith, estuvo pagando hasta su muerte las deudas que le ocasionó esta película. Paradójicamente, hoy es considerada un clásico del cine mudo.
Otras superproducciones que fracasaron fueron Rebelión a bordo (1962, Lewis Milestone), cuyo presupuesto original se elevó, por culpa de los continuos retrasos y la actitud de su estrella Marlon Brando. También 55 días en Pekín (1963, Nicholas Ray), que supuso la caída del imperio del productor Samuel Bronston.
Durante la década pasada, el actor Kevin Costner fue partícipe en dos de los fracasos más sonados: WaterWorld (1995, Kevin Reynolds), que fue anunciada como la película más cara de la historia, y Mensajero del futuro (The Postman, 1997, dirigida por él mismo.
¿Estrella es igual a éxito?
En la actualidad, para que una película sea comercial, parece necesario que contenga ciertos elementos: estrellas jóvenes o consolidadas, mucha acción y unos grandes efectos especiales. Parece la fórmula en la que los productores americanos confían para obtener beneficios seguros.
Pero esto no siempre sucede, como con la epopeya americana Cold Mountain (2004, Anthony Minghella), con dos superestrellas como Jude Law y Nicole Kidman. Dentro de los últimos estrenos, El Rey Arturo (2004, Antoine Fuqua), tampoco cumplió con las expectativas creadas por sus productores, pese a tener los “ingredientes”.
El cine independiente
Los éxitos, sin embargo, no les caen siempre a las grandes productoras. El cine independiente, que es el que se realiza fuera de los parámetros marcados por las grandes productoras, también ha tenido cintas taquilleras, pese a no contar con un gran engranaje promocional. El éxito quizá se haya debido a que los directores tienen mayor libertad creativa, y a que la promoción se hace de voz en voz, por rumores y la polémica en los medios. El mejor ejemplo de estas cintas es La pasión de Cristo.
Los hermanos Joel y Ethan Coen son los abanderados de varias generaciones de cineastas independientes. Su primera película, Sangre fácil (Blood Simple, 1983, Joel Coen), realizada con un limitado y pequeño presupuesto, resultó un sorprendente éxito. Sus siguientes proyectos fueron, Muerte entre las flores (Miller's Crossing, 1990, Joel Coen) o Fargo (1995, Joel Coen).
Una de las últimas sorpresas fue Mi gran boda griega (My Big Fat Greek Wedding, 2002, Joel Zwick) que resultó ser una auténtica sorpresa. Obtuvo un considerable éxito, sobre todo en Estados Unidos, donde durante ocho meses fue una las películas más vistas. Recaudó US$200 millones. También destacan los éxitos Lost in Translation (2003, Sofia Coppola) y Open Water (Chris Kentis, 2004), que se dio a conocer en el Festival de cine independiente de Sundance de este año, y que parece seguir el gran éxito de El proyecto de la bruja de Blair, aquella historia disfrazada de documental de estudiantes que recaudó millones, sin una sola superestrella, sin ningún efecto digital, sólo una linterna y una cámara de mano que no paraba de moverse.
Todo por el dinero
Para realizar películas, es necesario el dinero, y es así como surgen los productores o empresas que invierten su capital en este arte. Sin embargo, muchas veces intervienen en la dirección de la cinta, con el ánimo de obtener mayores beneficios económicos.
Cuando un productor decide intervenir en una película y se implica en ella, poco pueden hacer los directores, creadores de la obra. Son conocidos infinidad de casos de auténtica mutilación artística, en pro de obtener los mayores beneficios.
Uno de estos ejemplos es el de la cinta El Exorcista IV, en la que contrataron a un director, pero a los productores no les gustó el resultado. Lo consideraron poco comercial, y contrataron a otro (Renny Harlin) para que la filmara de nuevo. Al final, resultó siendo un nuevo fracaso.
Otro caso es la película El cuarto mandamiento (The Magnificent Ambersons, 1942, Orson Welles), de la que quedó excluido el director en el montaje final, incluyendo cortes y añadidos no previstos que modificaron la obra original. Segundas partes
Cuando una película tiene éxito, los productores quieren hacer una segunda partes. A veces resulta, pero...
Algunas sagas esperadas también han decepcionado, tal como ocurrió con Superman III y IV.
Matrix Recargado y Matrix Revoluciones no obtuvieron la misma recepción que Matrix (1999) por su sobrecarga de efectos especiales y vacíos en el guión.
Algo similar ocurrió con un superhéroe: Batman, cuya adaptación a cargo de Tim Burton en 1986 fue un éxito. Sin embargo, la segunda parte fue rechazada, por oscura y tétrica. Los productores decidieron contratar a otro director para la tercera.
Sonado fracaso fue la cinta El Ultimo Superhéroe de Acción (1993, de Arnold Schwarzenneger). A Arnold tampoco le fue muy bien con sus últimas películas Fin de los Días y Daño Colateral. Quizá por eso se hizo gobernador.
Otro actor de acción, Sylvester Stallone, tuvo una fallida incursión en la comedia con Óscar y Para o mi mamá dispara.
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