Mario
Roberto Morales:
“Todo está
mercantilizado”
“El concepto del intelectual en el tercer mundo es el intelectual de Flacso, de Asies, es decir, mercenarios del intelecto”
Por Juan Carlos Lemus
Lleva 35 años de hacer literatura, incluidos 12 de periodismo. Sus columnas y ensayos tienen que ver con temas tan variados como la crítica de la izquierda, la cuestión étnica, el terrorismo y la política exterior estadounidense. Actualmente tiene a su cargo, por parte de la Universidad de Iowa, el Programa Internacional de Posgrado que funciona en Santiago de Compostela, España y en Querétaro, México. En esta entrevista, el escritor Mario Roberto Morales habla acerca del papel de los medios de comunicación en la difusión de la cultura.

Mario Roberto Morales
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¿Cuál es su opinión acerca del periodismo literario actual?
“Eso depende, creo que dentro del periodismo literario en todo el mundo hay mucha palabra que sobra. Eso se debe a que la literatura y la cultura en general se prestan a mucha especulación impresionista, es decir, a un opinionismo impresionista que a veces se disfraza de análisis. Sin embargo, me parece que el periodismo literario en el sentido de la crítica literaria, la crítica cinematográfica, crítica de arte, la reseña de libros, en fin, es utilísimo y debería tener un espacio privilegiado en los diarios. Pero en general, esto tiende a mezclarse con todo tipo de materiales como la farándula, la música ligera, el espectáculo. Se ha unido el criterio del espectáculo de masa con lo que se llama cultura, y naturalmente esto se hace por razones de mercado”.
¿A qué cree que se deba tal pobreza (obviamente) cualitativa?
“Una de las razones es el mercado. Se ha ido educando al lector a que lea menos y vea más gráficas, más imágenes. La lectura es mínima; son píldoras, son líneas de autoayuda; las columnas de opinión son cada vez más pequeñas porque el lector cada vez lee menos. Entonces, se trata de un lector que gusta de los diarios gruesos para hojearlos, pero no necesariamente para leer. La lect ura, como ejercicio de conocimiento, ha disminuido muchísimo con el auge de los medios audiovisuales. Los medios escritos han tenido que hacerle concesiones a lo visual y a lo ligth, es decir, reducir el tamaño de los textos, hacer crecer el diseño gráfico de la página y escribir menos.
Esta es una razón de mercado, y naturalmente esto lleva aparejada la razón ideológica, en el sentido de que para lograr un consumo más fluido por parte de las masas, el mundo se le presenta desproblematizado al consumidor. Por ejemplo, en el canal Biography uno puede ver anunciada la biografía de Churchill, la de Madonna, la de Gandhi y la de Michael Jackson sin que el emisor del mensaje haga una diferenciación cualitativa. Entonces, para el lector que tenía 10 años hace diez años, y que ahora tiene 20, para él, Madonna y Churchill tienen la misma importancia mediática y se lo traga todo de una manera pareja.
Ahora, si se le pregunta a un joven de 15 años qué es un suplemento literario o cultural, él no lo puede concebir sin la propaganda de que liberaron a Gloria Trevi. Y si le presentan un ensayo muy largo dirá que es un aburrimiento mortal. Entonces, ha habido esta desproblematización del mundo; además, se ha hecho consumible a Gandhi, pero naturalmente se trata de un Gandhi light, de un Churchill light, reducidos a pequeñas frases célebres y eso es lo que la gente sabe de la historia del mundo. “La preeminencia del audiovisual ha venido a hacer que el cerebro funcione también de otra manera, porque la lectura requiere un esfuerzo mental que antes era natural. Actualmente, los niños con el Internet o el video- juego tienen un procesamiento pasivo, distinto al de la lectura, que requiere de un procesamiento activo. En general, la palabra impresa ha perdido su centralidad”.
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Perfil
Mario Roberto Morales (Guatemala, 1947)
Es doctor en Literatura y Cultura Latinoamericana por la Universidad de
Pittsburgh. Novelas: Los demonios salvajes (1977). El esplendor de la pirámide (1985).
Señores bajo los árboles (1994). El ángel de la retaguardia ( 1997). Los que se fueron por la libre ( 1998). Obraje (1971).
Relatos cortos: La debacle (1969). Ensayos: La ideología y la lírica de la lucha armada (1994). La articulación de las diferencias o el síndrome de Maximón (1999).
Poesía: Epigramas para interrogar a Patricia (1982).
Epigramas (1990), y Epigramas de seducción y rituales para purificarse (2004).
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Si ha perdido su centralidad, ¿cómo cree que funciona actualmente? “El mercado va hacia allí. Incluso, los libros, las enciclopedias; las grandes editoriales españolas promueven certámenes con determinadas temáticas que son el resultado del estudio de mercado. ¿Qué le interesa leer este verano a los españoles? Bueno, pues una historia de gays con un personaje ex guerrillero que tenga conexiones con los narcos y que se lleve a cabo en lugar exótico como Marruecos o La Antigua. Entonces, las editoriales le dicen a los agentes literarios que convoquen a sus representados y éstos le mandan a los escritores las temáticas para que las escriban: así funciona ahora el mercado editorial”.
Visto así, todo eso parece que está hecho una porquería. ¿A dónde irá a parar?
“La hegemonía del mercado ya creó una o dos generaciones adictas a las imágenes, alérgicas a la lectura y a cualquier tipo de profundización. Me parece que el intelectual, el escritor como individuo pensante que propone soluciones es una especie en extinción, absolutamente en extinción. El concepto de intelectual que se tiene es que éste esté metido en un Think Tank y que le dé ideas a las transnacionales sobre mercadeo. El concepto del intelectual en el tercer mundo es el intelectual de Flacso, de Asies, es decir, mercenarios del intelecto; son intelectuales a sueldo que investigan líneas impuestas por los organismos de cooperación internacional.
“Yo veo sombrío el panorama, porque el gran proyecto estratégico de mercado es convertir a la humanidad en una gran cantidad de consumidores disciplinados en el consumo, y para lograr esto la cultura es un obstáculo. Cortaron lo que conocíamos como alta cultura; todo está mercantilizado”.
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