Presto non troppo
Don Rafa Pineda
..(d 571)..
Maestro en el arte de la vida.
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
Aún no lo había tratado personalmente cuando, hará ya muchos años, lo comencé a conocer artísticamente. Un hombre grande, bastante más que en el sentido puramente anatómico, un tipazo, como se puede decir en un lenguaje fuerte, pero que utilizo con todo respeto, y con mucho cariño.
Don Rafael Pineda, el gran actor guatemalteco, igual sale a escena en una comedia de enredos –y casi inmediatamente enciende en humor a los espectadores–, que en un drama psicológico –y les arrebata el aliento, merced a su figura bien plantada, a su mirada profunda, a su voz potente y estremecedora. Con frecuencia he tenido el gusto de verlo en las tablas, como tantos asiduos al teatro, desde una butaca en el público. Mas, el tiempo y la coincidencia de propósitos artísticos me ha permitido un lujo reservado a menos personas: compartir el trabajo profesional, la música que va de la mano con el teatro, y algunos momentos de franca camaradería con don Rafa.
La satisfacción que infortunadamente no pude permitirme (en este caso, por otro tipo de coincidencias) fue participar en el tributo-agasajo que un grupo de amigos le brindó en el Teatro de Cámara del Centro Cultural, el pasado día 5. Eso sí, cuando digo grupo de amigos me refiero a varios... cientos de personas, que se dieron cita para homenajear al querido “Pinedón”, maestro en el arte de la actuación teatral, pero también en el arte de la convivencia, del trabajo bien hecho, del compromiso responsable, de la intensidad y la gallardía para salir adelante ante adversidades formidables que seguramente habrían cohibido a otros espíritus más pequeños. Amputado de una extremidad inferior a causa de una enfermedad, no se dejó vencer. Antes salió él a vencer a la calamidad y se sentó... a seguir actuando en una silla de ruedas; y luego, caminó...
Caminó, para seguir actuando por todo el escenario. Tanto caminó que llegó hasta Estrasburgo y, a su regreso por París, subió las setenta y tres gradas que hubo de remontar para visitarme y para que, en nuestro apartamento, mi familia y unos amigos compartiéramos un rato con él y su esposa Magnolia. Venía de representar “El Tigre” de Darío Fo y, así, con prótesis y todo, finalizaba la puesta en escena ¡bailando una cumbia!, este señor intérprete, amante del jazz, y de Schubert, y de Mozart.
Que estés bien, Rafa. Que estés muy bien.
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