“Tiendo
a ser tacaño”
El primer trabajo de Lizardo Sosa fue de mensajero, cuando tenía 13 años; actualmente tiene 59 y es presidente del Banco de Guatemala.
Por: Francisco Mauricio Martínez
Es uno de los pocos tecnócratas que ha logrado mantenerse vigente en la vida económica del país, pese a los constantes cambios de gobierno y la explosividad de la economía. Desde 2000 es presidente del Banco de Guatemala y de la Junta Monetaria, cargos que también ocupó en 1989, 1990 y 1993.

Lizardo Sosa
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Además, fue viceministro de Finanzas Públicas en 1985 y 1986 y ministro de Economía entre 1986 y 1988. Sosa dice que uno de sus secretos para mantenerse durante varios gobiernos es que siempre dice la verdad. “O por lo menos mi verdad”, subraya. A continuación, el resumen de una conversación sostenida con el funcionario.
¿Durante su secuestro, pensó que iba morir?
Yo creí que me iban a matar, independientemente de que mi familia pagara o no el rescate. Lo que pedía a Dios no era que no me mataran, sino que cuando llegara el momento no fuera a ser cobarde, y pudiera decirles: si me van a matar, okey, sólo quiero verlos de frente… ¡háganlo!, porque era un martirio pensar que podía aflojar y empezar a pedir clemencia y perdón: Decir ¡no, no me maten!... que horrible.
Esto lo pensó varias veces…
¡Hay Dios!, esto lo pensé casi todo el tiempo, porque me entraban grandes temores. Cuando me bajaron del carro, sólo esperaba oír los tiros por mi espalda. Pregunté: ¿cuándo... cuándo? Y cuando empecé a caminar dije: Que venga lo que sea y me fui… y no me dispararon.
¿Qué le preocupaba del mundo exterior?
Mi familia, porque ellos sufrieron más que yo. Cuando empezaba a pensar que podía morir y no verlos, mejor pensaba que iba a vivir y en qué haría cuando estuviera libre, y lo primero que se me ocurría era hacer todo lo que no había hecho anteriormente, como por ejemplo, corregir algunas relaciones en la familia.
¿Y lo ha cumplido?
Debo confesar que poco, debido a que rápidamente estoy, otra vez, en la vorágine del día a día, y porque en el seno de mi familia, este hecho dejó secuelas, y por eso del secuestro volvimos a hablar nuevamente dos años después, a raíz del juicio que se efectuó en estos días. Incluso, algunas notitas que mi hijo escribió en el transcurso de mi cautiverio, no las leí hasta hace unos días.
¿Y qué escribió él?
A tal hora, pasó tal cosa… a tal hora llamó tal, y en medio de las horas ponía sus comentarios.
¿Qué hacía en sus horas de cautiverio?
Cuando no hacía ejercicios o pensaba tonterías, rezaba. Digo tonterías, porque una vez que desperté, durante el segundo día de secuestro, escuché un ronquido en el cuarto de al lado y tuve el valor de ir a ver, y vi a un tipo acostado al cual sólo se le veía una parte de la cabeza. En ese momento vi el gran candado que me servía para poner la candela y leer, y pensé en darle un par de candadazos y luego a ver qué pasaba. No lo hice porque no tuve valor, y además, había otro en la puerta.
¿Qué recuerda de su niñez?
Yo soy hijo de una familia muy modesta. Mi padre tuvo un primer matrimonio con 6 hijos y después otro con 6, que somos hermanos de padre y madre. Mis hermanos mayores trabajaron desde pequeños, y yo a los 13 años tuve mi primer trabajo como mensajero y ayudante de una oficina de contabilidad.
Mi madre, con orgullo lo digo, lavaba ropa y hacía comida para vender. Cuando recibí mi primer quincena de Q13 llegué a mi casa y le dije a mi mamá: aquí están Q6 para el gasto. Vivíamos en un mundo de carencias, donde lo único que abundó fue el amor de mi papá y para lo demás había que trabajar. Esto fue en los años de 1950.
¿Y dónde llevó a cabo sus primeros estudios?
Yo hice mi educación primaria en escuelas públicas, sólo 6º grado hice en el Don Bosco, porque antes me fui a vivir con mi hermano mayor a Huehuetenango y estudié en la Escuela Tipo Federación de allá. Haber vivido en esa ciudad es lo más grato que recuerdo.
Lo que más le agradezco a mis padres es que me enseñaron a trabajar. Yo soy el único que sacó una carrera universitaria de mi casa, gracias a que la parte que yo debí haber dado de gasto lo pusieron los demás que estaban trabajando.
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“Moriré socialcristiano”
Sosa es un socialcristiano que considera que esta doctrina puede ilunimar en forma apropiada la acción política.
- “Yo soy socialcristiano desde 1967, cuando nací en la acción católica universitaria, y es seguro que voy a morir socialcristiano.”
- “Soy una persona que valora muchísimo la doctrina social de la Iglesia y considero que esta puede iluminar de una manera apropiada y profunda la acción política.”
- “Mi entrada a la universidad Rafael Landívar, y el contacto con el grupo de acción católica universitaria, son los hechos más importantes de mi vida, porque soy católico de nacimiento, pero hasta ese entonces era más ateo que católico.”
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¿Cuáles son sus mejores recuerdos de esos años?
Las pandillas que armábamos en los barrios, que en aquellos tiempos eran muy sanas, para jugar fútbol, barranquear y jugar cincos. Jugué en las ligas del Campo de Marte, en la infantil, intermedia e, incluso, llegué a formar parte de un equipo de primera división que se llamaba Gold River. En este equipo creo que me aceptaron por amistad, porque yo tenía el concepto de jugar, pero los muchachos eran buenos.
¿En qué puesto jugaba?
Yo era volante…y no precisamente de contención, sino que con proyección al ataque.
Mi estadía en Huehuetenango también fue muy linda, y recuerdo las caminatas en los Cuchumatanes. Nos gustaba ir de Huehue a unos baños que se llamaban Los Regadillos, en Chiantla.
¿Qué es lo que más le gusta hacer en su tiempo libre?
Lo que voy a decir me va a generar críticas en mi casa, pero lo que más me gusta hacer es armar rompecabezas con mis nietos, esta es la delicia mayor que puedo vivir. Mi otro hobbie es correr, el cual he tenido desde muy patojo cuando estudié primero o segundo prevocacional.
Pero, en 2002, tuve una crisis de presión alta y el médico me dijo: O hace ejercicio y se mete a dieta o es un candidato al infarto, entonces me dediqué a hacerlo de manera más metódica. ¿Ha corrido alguna maratón?
Yo tengo un mi hijo que tiene como vicio correr y participa en todas las maratones, y yo era su único fanático. Nunca me imaginé que fuera tan interesante una maratón y en diciembre del año pasado corrí mi primera carrera oficial que fue la de G&T Continental y me gustó; después hice la de San Silvestre, (ambas de 10 km) luego la Max Tot y la de Cobán, de 21 km. También hice la de los Economistas y espero hacer la del Azúcar en pocos días y después otra vez la G&T, la de la Gallo en Escuintla e iniciar nuevamente el ciclo.
¿Le gusta su calva o le molesta?
Me la rasuro con maquinita de afeitar cada dos días y es una decisión que tomé en 2002, de la cual me alegro mucho, porque me siento muy bien. Aparte que tiene efectos muy positivos en el sexo opuesto, porque de repente y les gusta el coquito, ja,ja,ja… lamentablemente eso sólo es una suposición, porque no la puedo comprobar.
Yo padecía mucho de catarro, pero el año antepasado estuve en Nueva York y me fui a correr en el Central Park e increíblemente no me enfermé, aunque había mucho frío. Mi explicación es que cuando uno suda, el cabello se mantiene húmedo y el frío pega duro; en cambio sin cabello uno suda y el aire seca; entonces no hay constipado ni molestias.
¿Se ha cortado alguna vez?
Me he cortado algunas veces, pero una vez me hice una muy grande, porque lo hice a la carrera. Esto me lleva unos cinco minutos.
¿Se ha molestado alguna vez por las caricatura de usted que salen en los diarios?
No, ninguna. Tanto que cuando pasa mucho tiempo sin que salga una me empiezo a sentir jodido. Filóchofo me ha hecho muchas caricaturas. Recuerdo que una vez dije que el ministro de Economía no era Supermán y él hizo una caricatura donde me sacó de este personaje. También hay otros que han sacado buenas caricaturas, pero no hay una que haya despertado mi enojo… nunca.
¿Qué sobrenombres le han puesto?
Me han puesto varios. Cuando niño era muy chiquito, y a raíz de esto el esposo de mi hermana mayor me decía “Seco calambrijudo”. En la universidad me pusieron “Mosco de piña”, y también me decían “Miquillo” en algunos lados. También me dijeron alguna vez “Budita”.
¿Y su relación con la prensa cómo ha sido?
Mi gran dilema cuando fui ministro de Economía fue cómo enfrentar a la prensa. El primer día llegaron como 12 periodistas y cuando iba a comenzar la conferencia de prensa pensé: ¿qué les digo? Entonces, les pregunté qué quieren saber y en lugar de oír lo que me preguntaban me puse a rezar. Yo los veía y por dentro decía: Padre nuestro que estas en los cielos … En lo que hacían las preguntas yo recé como cinco Padres Nuestros. No oí las preguntas.
Luego empecé a hablar y a los 20 minutos se fueron tranquilos y cuando vi las publicaciones de prensa di gracias a Dios, porque todo estaba bien. Desde ese entonces rezo y empiezo a hablar, aunque parezca increíble.
¿Rojo o crema?
Rojo, pero no fanático. Me encanta la buena jugada y el buen gol, independiente de quien lo haga; siempre que no esté jugando la selección, porque ahí sí no me gusta que los metan los otros.
¿Qué sintió en el partido contra Costa Rica?
Un bochorno muy grande, porque creía que los ticos sí podían ganar en su cancha; pero no que la selección jugara tan mal. Creo que se pusieron muy nerviosos y por eso la defensa, el 60 por ciento de las veces, entregó mal el balón, y precisamente, el primer gol de Hernández se origina por una mala entrega. Bueno… pero ya pasó.
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Vida de un político
Lizardo Sosa es un democristiano que ha ocupado cargos durante los gobiernos de Humberto Mejía Víctores, DC, MAS, FRG y GANA.
- Ingresó a la Democracia Cristiana (DC) a finales de 1968 para participar en la campaña presidencial de Jorge Lucas Caballeros, cuando ganó Carlos Arana Osorio.
- En la Universidad Rafael Landívar formó en 1967 el grupo de acción católica universitaria.
- En 1975 obtuvo una beca para estudiar en Alemania y regresó en 1980.
- Entre 1985 y 1986 fue viceministro de Finanzas Públicas del gobierno de facto de Humberto Mejía Víctores y de ahí pasó a ministro de Economía de Vinicio Cerezo. También fue presidente del Banco de Guatemala durante el gobierno de Jorge Serrano Elías.
- En el 2000 fue nombrado para este mismo cargo, por el gobierno eferregista de Alfonso Portillo y actualmente lo hace para el presidente Óscar Berger, de la Gran Alianza Nacional.
- Sosa sigue siendo afiliado de la DC, pero se alejó del partido (1996) desde que lo tomó la familia Cerezo, porque nunca estuvo de acuerdo con que Vinicio se hiciera cargo de la secretaría del partido. |
¿Y contra Honduras?
Yo no lo vi completamente, ya que exprofesamente me fui a mi casa con trabajo de la oficina, y entonces me dediqué a trabajar en la computadora, con el pedido a mi familia de que cualquier acontecimiento importante del partido me avisaran.
Esto lo hice para no sufrir, y además a mi edad y la presión alta, para qué me voy a poner en riesgo. El gol lo observé en la repetición, y al final me fui a ver y sufrir los últimos 10 minutos.
¿Qué piensa del momento que vive la afición por los triunfos?
Creo que no hay que extralimitarse en las interpretaciones de lo que el fútbol puede significar, porque es más volátil que el tipo de cambio. Del juego contra Honduras en Tegucigalpa al de San José contra Costa Rica, y luego el de Honduras en Guatemala hay mucha volatilidad, en cuanto a la calidad del juego de la selección.
¿Y cómo puede incidir el fútbol en la vida nacional?
El país necesita que un hombre juegue el papel de líder, como lo hace “El Pescado Ruiz” en la selección. Y tenemos ese líder electo que es el presidente Óscar Berger, pero hay que apoyarlo y darle el espacio para que juegue ese papel, y él debe estar consciente de que es el representante de la unidad nacional, porque así lo dice la Constitución y lo consideró la mayoría de la población.
¿Cuál ha sido su momento más difícil al frente del Banguat?
Creo que fue entre 1989 y 1990, cuando se vino a pagar la cuenta de la política fiscal del gobierno de Romeo Lucas García, y ya no habían reservas. Me tocó hacer frente a los pagos de la deuda externa y de petróleo, y recuerdo que visité una exportadora de café, a la cual expliqué el dramatismo que estábamos viviendo y el dirigente me dijo: “Mire, licenciado, ¿cuánto necesita?”. Entonces, yo le respondí que eran como US$27 millones. Cuando expresé esto se escucharon terribles carcajadas. Y me cuestionó: “¿Por qué cree usted que se rieron todos?” Y yo le expliqué: No se, pero me encantaría saberlo, porque me molestó un poco.
Se rieron, subrayó, porque aquí nosotros podríamos decidir entregarle US$50, US$100, US$300 ó US$400 millones para mañana, pero el problema es el precio, porque teníamos un tipo de cambio fijo.
¿Y la decisión más difícil que ha hecho como funcionario?
Una que tomé y tuvo efectos en la vida económica y política del país, fue cuando decidí que los precios debían liberarse. Esto porque, antes de ser ministro, yo era intervensionista de Estado y me había formado aquí y en Alemania en economías con enorme participación del Estado, y el planteamiento de la DC en la campaña en cuanto a los precios era que debíamos actualizar los precios tope, pero no eliminarlos.
En pocos días de ministro de Economía me di cuenta que esa cosa no pegaba y el partido había ganado con el discurso de que había que controlar y someter a los especuladores. Fui tres veces al Congreso y los convencí. ¿Cuántas veces le han movido la silla?
Cuando liberé los precios del azúcar se me vino encima el mundo de los sindicatos y me sacaron de ministro de Economía. El presidente Vinicio Cerezo me dijo: “Antes de que armen una huelga general te voy a pasar a Planificación Económica”.
En su vida personal, ¿gasta mucho?
Tiendo a ser tacaño, pero con mis recursos personales. Con los otros estoy totalmente consciente de que no son míos y por tanto los veo con mucho respeto. A mí me tienen una caja chica de Q500 que la cambiamos cada tres o cuatro semanas, porque no la gastamos. Este dinero es para gastos de papelería. Mi secretaria tiene una caja chica de Q1 mil de mi dinero personal para manejar mis compras, como por ejemplo medicina.
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