Semanario de Prensa Libre • No. 16 • 24 de Octubre de 2004    


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D mundo

Nace una potencia
Con 25 países miembros y una moneda más fuerte que el dólar, la Unión Europea podría convertirse en un importante actor mundial.

Por Liliana Pellicer

1945: una Europa devastada por la guerra enfrenta un futuro incierto controlado por Estados Unidos. Años más tarde, de las cenizas del conflicto surge la idea de la unificación del continente, pero no por las armas, sino mediante la economía: nace la Comunidad Económica Europea. Hoy, 49 años después, el proyecto ha superado las expectativas y, de lo que se consideró una forma de evitar el conflicto bélico, surge la idea de una unión política.

Durante el siglo XX el concepto de una Europa unida se forjaba en la mente de algunos, pero mediante el dominio de los pueblos y no el de la convivencia en común. Tras la Segunda Guerra Mundial se toma conciencia clara de la necesidad de una unión política y económica para recuperar su estatus de gran potencia. Sin embargo, esto no se llevará a cabo hasta 1957, cuando se firma el Tratado de Roma.

Fruto de este acuerdo surgió la Comunidad Económica Europea (CEE) o Mercado Común Europeo que, formado por la República Federal Alemana, Bélgica, Francia, Holanda, Italia y Luxemburgo, consistía en una organización económica de carácter supranacional. Su objetivo era promover el desarrollo armonioso de las actividades económicas en la Comunidad, una expansión continua y equilibrada, una estabilidad creciente, un aumento del nivel de vida y unas relaciones más estrechas entre los Estados que reunía.

Con los años, otros países se adhirieron a este tratado: Gran Bretaña, Dinamarca e Irlanda, en 1973; Grecia, en 1981;, España y Portugal, en 1986; y Austria, Finlandia y Suecia, en 1995.

El nacimiento de la Unión

El proyecto no podía parar ahí. La Comunidad cambia de concepción eliminando las connotaciones económicas de su nombre, pasando a denominarse Unión Europea.

Asimismo, en 1992, el Tratado de Maastricht aumenta sus objetivos e incluye la intención de crear una política exterior común, la ciudadanía europea, la ampliación de las competencias de las instituciones y la unión monetaria.

La existencia de numerosas monedas nacionales seguía constituyendo un obstáculo a la plena integración de los mercados. Por ello, a finales de los 80 se decidió establecer una moneda común que permitiera hacer realidad el mercado único.

Finalmente, en diciembre de 1995, en la Cumbre de Madrid se aprobó el nombre de la nueva moneda: el euro; así como la fecha de su adopción: el 1 de enero de 1999.

Sin embargo, esta moneda no circula por todos los países de la Unión ya que se consideró que el éxito de esta empresa dependería de que los países participantes se comprometieran con la estabilidad económica. Así, sólo aquellos países que han demostrado tener una economía saneada, cumpliendo los criterios establecidos al respecto, tienen el euro como moneda. Son: Bélgica, Alemania, Grecia, España, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Holanda, Austria, Portugal y
Finlandia.

El euro, una moneda estable y fuerte (1 euro vale casi 1.25 dólares) cuya implantación internacional es creciente, aportó a los europeos estabilidad de precios, tipos de interés históricamente bajos y cierta protección contra los embates externos. Al mismo tiempo, se convierte en una de las herramientas más significativas para que la Unión compita con los poderosos Estados Unidos.

Antes del 1 de mayo de este año, Europa estaba preparada para convertirse en una potencia mundial: un mercado de 455 millones de personas con un PIB combinado de 10 billones de dólares, que la convirtió en la segunda potencia política y económica, después de la Unión Americana.

Sin embargo, este poder económico puede verse afectado tras la inclusión de 10 nuevos países, 74 millones de personas y 725 mil kilómetros cuadrados en la UE, en particular porque a los recién llegados se les consideraba, no hace mucho, los vecinos débiles por su pobreza, corrupción, falta de desarrollo y lo permeable de sus fronteras. República Checa, Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta y Polonia son estos nuevos miembros que, al estar muy rezagados, con respecto del resto de la UE, en áreas como la productividad, el ingreso per cápita, la expectativa de vida y la salud, podrían necesitar décadas para emparejarse con los 15 miembros más antiguos.

Desde su creación, la UE ha crecido a 25 miembros y sus necesidades han cambiado. Por ello, en los últimos meses se ha trabajado en una Constitución que, además de adaptarse a las nuevas necesidades de la población europea, dé coherencia a la Europa del futuro. En junio se llegó a un acuerdo en el seno de la Unión en este tema, sin embargo, deberá ser ratificado por cada uno de los 25 países miembros. Quién sabe si este será el primer paso para una progresiva creación de un Estado federal europeo y para la conformación de una potencia mundial que plante cara a Estados Unidos.

 
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