Semanario de Prensa Libre • No. 16 • 24 de Octubre de 2004    


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Una tradición de altura
Los pobladores de Santiago y Sumpango, en Sacatepéquez, se preparan para conmemorar el Día de los Difuntos, elevan sus mensajes de paz hasta las nubes y brindan una nueva muestra de arte y folclor con sus barriletes gigantes.

Por Lili Beteta
Foto Darío Morales

Cansados de las malas cosechas, enfermedades y otras desgracias que les acontecían, los habitantes de Santiago Sacatepéquez consultaron al guía espiritual del pueblo quien pudo desvelar el misterio. Espíritus perversos perturbaban la paz, no sólo de los muertos enterrados en el cementerio local, sino también de los vivos que no encontraban explicación a su ruina.

Los pobladores de Santiago Sacatepéquez efectúan la exhibición y vuelo de barriletes en el cementerio local.

“Si fabrican barriletes y los elevan hasta el cielo, el sonido que ocasionará el choque del viento con el papel hará que los malos espíritus se alejen”, aconsejó el guía. Así lo hicieron y el panorama cambió para los santiagueros. La leyenda que se transmite de generación a generación cuenta que, a partir de aquel día, los difuntos descansaron en paz y los pobladores vivieron tranquilos.

Una historia similar se repite a sólo ocho kilómetros de distancia, en Sumpango. Para asegurarse de estar libres de influencias negativas, cada 1 de noviembre, los pobladores de ambos municipios elevan sus oraciones al cielo mediante cometas de grandes dimensiones, cuyos motivos y técnicas han evolucionado con el transcurrir de los años.

De acuerdo con Mynor Antonio Choxin, gestor cultural de Santiago, no existen registros del inicio de la tradición de los barriletes gigantes, pero sus orígenes se remontan al siglo antepasado. Los datos existentes indican que ya en 1945 se fabricaban ligeras estructuras de papel y caña, de un metro de diámetro. El barrilete más grande que se ha fabricado hasta hoy midió 16 metros de diámetro.

Desde hace más de 15 años, la Asociación Santiaguense para el Desarrollo Cultural (ASODEC) y la Municipalidad de Sumpango efectúan anualmente concursos que estimulan la creatividad y empeño de los “barrileteros”. En Santiago la exhibición y vuelo de cometas se hace en el cementerio, mientras que en Sumpango el escenario es el campo de fútbol.

Espíritu joven

Un factor que ha permitido conservar la tradición es la participación de los jóvenes en la tarea de fabricar los llamados “mensajeros de paz”. Tanto en Santiago como en Sumpango, adolescentes y jóvenes comienzan a trabajar en agosto o septiembre y sacrifican muchas horas de sueño en aras de este arte que consiste en crear elaborados mosaicos con papel de china.

Los grupos eligen un tema distinto cada año y lo revelan el día de la presentación. Los motivos pueden ser de carácter cultural, social y ecológico. Además de cientos de pliegos de papel de china, los cometas gigantes requieren una estructura de caña de castilla o caña de bambú. Esta estructura se arma la noche del 31 de octubre en el lugar de la exhibición y el inmenso lienzo de papel se ajusta a ella con cáñamo y alambre de amarre.

Se ha calculado que el costo de un barrilete de más de 12 metros se aproxima a los Q40 mil considerando la mano de obra. La mayoría de los grupos aportan sus propios recursos para adquirir los materiales.

Limpieza total

La tradición de los barriletes es acompañada por otra práctica conocida como b’ojoy nayé que en kaqchikel significa “la olla de la anciana”. Los miembros de la cofradía visitan las casas de los habitantes que profesan la fe católica y en cada vivienda reciben elotes, güisquiles o güicoy cocido.

Los cofrades solicitan que les sea entregada la olla más vieja de la casa y, al tiempo que gritan en coro “¡b’ojoy nayé!”, la estrellan en el suelo con el propósito de limpiar cada casa de influencias negativas. El recorrido de la cofradía concluye en horas de la madrugada. Los encargados de esta “limpia” asisten a la misa de las 6 de la mañana y al terminar comparten los alimentos recibidos durante la noche.

Variedad y seguridad

Santiago Sacatepéquez está situado a 34 kilómetros de la capital de Guatemala. El acceso más directo es por la carretera que entra a San Lucas Sacatepéquez en el kilómetro 32, donde se ubica el área de mercado y restaurantes. Para llegar a Sumpango tome la ruta Interamericana y cruce hacia la izquierda en el kilómetro 42.

Además del tradicional fiambre, el 1 de noviembre, en Santiago puede degustarse el pulique. En Sumpango el sabor lo aportan el pepián y el estofado de gallina.

Tanto en áreas cercanas al cementerio de Santiago como al campo de fútbol de Sumpango, se habilitan áreas de parqueo. Se recomienda tomar precauciones, pues en esa fecha acuden miles de visitantes a contemplar el espectáculo.

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