Semanario de Prensa Libre • No. 16 • 24 de Octubre de 2004    


   Portada
   Editorial
   Claroscuro
   Columna invitada
   D todo un poco
   D ingenieria
   D frente
   Opinión
   Cartas
   D portafolio
   D mundo
   D fondo
   D cultura
   D cine
   D viaje
   Punto final
   D archivo
   Directorio


D viaje

Colgados de un volcán
La adrenalina hace erupción al llegar a la laguna de Calderas, a 50 kilómetros de la ciudad, en las faldas del Pacaya

Por Jaime Bustamante

No tan lejos de la capital hay un lugar envuelto por montañas y a la sombra del volcán de Pacaya: el parque natural de Calderas, lugar ideal para convivir con familia, amigos y pasar un momento de aventura en contacto con la naturaleza.

Comienza el día con una caminata hacia la cumbre de la montaña, un recorrido repleto de vistas increíbles: de un lado la laguna de Calderas y del otro un paisaje verde coronado por el lago de Amatitlán que se nota a lo lejos, además de la agradable compañía de aves y otros animalillos del bosque. Basta con caminar unos 25 minutos para comenzar a ver algo extraño en los árboles, una serie de cuerdas que comunican árbol con árbol. Nuestro guía nos comenta “hemos llegado” y es que se trata de la actividad principal del parque: cannoping.

Es emocionante colocarse un arnés al cuerpo y lanzarse de árbol en árbol, de plataforma en plataforma, como si voláramos. En cada una hay guías que se aseguran de que todo salga bien. Cada tiro es más largo que el otro y en algunas ocasiones, más rápido que los anteriores: es un reto que no todos quieren tomar al principio, pero que luego los dejan con ganas de más.

Más tarde, los guías nos conducen por el bosque hacia el lugar que ellos llaman El Mirador, en donde la sorpresa se da cuando vemos los columpios gigantes que cuelgan de los árboles. ¿Me voy a subir allí? es lo primero que pienso. Y es que estos exóticos columpios nos elevan hasta a 10 metros sobre el suelo, lo que nos permite ver la laguna y el volcán de Pacaya como pocas ubicaciones lo permiten: prácticamente volando.

Aún con la adrenalina fluyendo en el cuerpo, descendemos de la montaña y la hora de almuerzo nos alcanza a la orilla de la cristalina laguna de Calderas. Luego de comer es hora de las balsas. Cada persona recibe una y a remar se ha dicho. Esta es una experiencia inolvidable, pues pueden verse los peces que viven en estas aguas cristalinas. Se mira incluso el fondo de la laguna.

La única pena es que este día de aventura se ha acabado: es hora de regresar a casa.

Para llegar

Se va por la ruta al Pacífico. A la altura del kilómetro 42 está el cruce al volcán de Pacaya.

Se recomienda llevar ropa fresca aunque también un impermeable por aquello de las lluvias repentinas.

Los zapatos de montaña son necesarios pues hay algunas partes abruptas o resbalosas en el recorrido.

Más información en www.expediciongt.com

Lea también
- Una tradición de altura
 
© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
revistad@prensalibre.com.gt
www.prensalibre.com