Semanario de Prensa Libre • No. 16 • 24 de Octubre de 2004    


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La ignorancia no es fortaleza
La capacidad política del gobierno de Bush para negar la realidad —vivir en un mundo inventado en el que todo es de la forma en la que los funcionarios quieren que sea— ha conducido a un desastre en curso en Irak, y otro que se avecina en otras partes.

Por Paul Crugman

Usé por primera vez la palabra “orwelliano” para describir al equipo Bush en octubre de 2000. Incluso en ese entonces era obvio que George W. Bush se rodea de personas que insisten en que arriba es abajo, y la ignorancia, fortaleza. Sin embargo, apenas ahora se están aclarando los costos totales de su negación de la realidad.

El presidente Bush y el vicepresidente Dick Cheney tienen una capacidad sin paralelo para aislarse de los hechos inconvenientes. Dirigen un partido que controla a las tres ramas del gobierno, y se enfrentan a unos medios de comunicación que en algunos casos son partidarios partidistas, y en otros, renuentes a plantear con claridad que los funcionarios no están diciendo la verdad. Incluso, también disfrutan de los residuos de la fe que se depositó en ellos después del 11 de septiembre.

Esto ha permitido que se involucren en lo que Orwell llamó “control de la realidad”. En el mundo, según el gobierno de Bush, nuestros líderes son infalibles, y sus políticas, siempre exitosas. Si los hechos no cuadran con ese supuesto, simplemente los niegan.

En tanto estrategia política, el control de la realidad ha funcionado muy bien. Sin embargo, en tanto estrategia para gobernar, ha conducido al desastre previsible. Cuando los líderes viven en una realidad inventada, hacen un pésimo trabajo en su manejo de la realidad real.

En los últimos días, hemos visto demostraciones impresionantes del funcionamiento del control de la realidad. Durante el debate del martes, Cheney insistió en que “yo no he sugerido que exista una conexión entre Irak y el 11 de septiembre”. Después de que se dio a conocer el informe Duelfer, que muestra que se estaban deteriorando las capacidades del armamento de Saddam y no que estaban mejorando al momento de la invasión, Cheney declaró que el informe demostró que “el retraso, la postergación, la espera no eran opciones”.

Desde un punto de vista político, tales ejercicios de negación han sido muy exitosos. Por ejemplo, el gobierno de Bush se las ha arreglado para convencer a muchas personas de que sus recortes tributarios, que van principalmente al reducido porcentaje de la población más rica, son medidas populistas que benefician a las familias de clase media y a la pequeña empresa. (Según la definición gubernamental, cualquiera que tiene un “ingreso por un negocio” —un grupo que incluye a Dick Cheney y George Bush— es un propietario de un pequeño negocio que es un luchador.)

El Gobierno también se las ha arreglado para convencer a por lo menos algunas personas de que su récord económico, que incluye el peor desempeño en cuanto al empleo en 70 años es un gran éxito, y que la economía es “fuerte y se está haciendo más fuerte”. (Los datos que serán dados a conocer, y que se espera que contengan cifras un poco mejores, no cambiarán el panorama básico de cuatro años funestos.)
Incluso, funcionarios se las han arreglado para convencer a muchas personas de que están avanzando en política ambiental. Hacen alarde de su plan “Cielos Despejados”, aun cuando el inspector general del EPA (por sus siglas en inglés, Organismo de Protección al Ambiente) declara que prácticamente ya no se hacen cumplir los reglamentos existentes sobre la calidad del aire.

Sin embargo, la capacidad política del gobierno de Bush para negar la realidad —vivir en un mundo inventado en el que todo es de la forma en que los funcionarios quieren que sea— ha conducido a un desastre en curso en Irak, y otro que se avecina en otras partes.

¿Cómo fue que la ocupación de Irak salió tan mal? (La situación de la seguridad se ha deteriorado al grado en que no hay lugares seguros: el martes se descubrió una bomba frente a un restaurante popular en la zona verde.)

El aislamiento de la realidad de los funcionarios es central en esta historia. Ellos quisieron creer en las promesas de Ahmad Chalabi, sobre que seríamos recibidos con flores; nadie podía decirles lo contrario. Quisieron creer —meses después de que todo mundo fuera del gobierno se diera cuenta de que nos enfrentábamos a una insurgencia enorme y peligrosa, y necesitábamos más tropas— que los atacantes eran un puñado de terroristas extranjeros y baathistas irreductibles; nadie podía decirles lo contrario.

¿Por qué la economía se desempeñó tan mal? Mucho después de que fuera obvio para todo mundo fuera del gobierno que la estrategia de la reducción tributaria no era una forma efectiva de generar empleos, funcionarios gubernamentales seguían prometiendo grandes cantidades de nuevos trabajos, cualquiera de estos días. Nadie podía decirles lo contrario.

¿Por qué la persecución de los terroristas no ha tenido ningún éxito? Ha sido obvio durante años que John Ashcroft no sólo está aterrado, sino que también es aterradoramente incompetente. Sin embargo, dentro del gobierno, está considerado como el hombre idóneo para el trabajo, y nadie puede decir lo contrario.

El punto es que en el mundo real, en contraposición con el mundo político, la ignorancia no es fortaleza. Un líder que tiene el poder político para aparentar que es infalible, y utiliza ese poder para evitar admitir alguna vez que cometió errores, finalmente los comete tan grandes que ya no es posible cubrirlos. Y eso es lo que le está sucediendo a Bush.

 
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