Presto non troppo
Otra Oh-limpiada
Cuatro años hace que, con el inicio de la primavera austral, culminaron los juegos olímpicos de Sydney 2000.
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
Hoy, con el final del verano septentrional, son dos semanas las que han transcurrido desde que concluyó Atenas 2004.
Reviso lo escrito y lo publicado por aquel entonces. Me enfrento a las diversas opiniones y a mis propios comentarios sobre tan conspicuo acontecimiento. Lo cotejo con lo que se afirma y se consigna ahora. Para muchos países participantes se repite el cuadro de tantas competencias anteriores: ganan unas, pierden otras. Sus atletas regresan tranquilos a casa, o con una medalla, o sabedores de que fueron vencidos por contrincantes superiores a ellos.
Más allá del enfrentamiento desquiciado y de rivalidades poco constructivas, queda la satisfacción de una misión cumplida. No sólo en pruebas individuales, sino en las de equipo, los resultados reflejan años de tradición deportiva, entrenamiento riguroso y respaldo material, hasta en poblaciones alejadas de los grandes centros urbanos.
Para Guatemala, también se repite lo de siempre: “casi” lo logramos, “poco” faltó, “a un paso” estuvimos... Nuestros pundonorosos atletas dan todo lo que pueden, pero sólo les queda el desinfle de falsas expectativas.
Apenas en alguna que otra disciplina individual (que las de equipo se nos escapan por completo) se trasluce el denodado sacrificio de los familiares de los deportistas, escasamente apoyados a última hora por instituciones y empresas oportunistas. Basados en absurdas campañas publicitarias y una exagerada cobertura en medios de difusión (cuando ya es demasiado tarde), todos cargamos a nuestros exiguos delegados con la responsabilidad de conseguir “aunque sea una de bronce”.
¡Cuán distinta no fuera la cosa si, en vez de consolar con patrocinios de ocasión a dos o tres compatriotas, las millonadas y los arrebatos estuvieran dirigidos con harta anticipación a la educación de todo joven guatemalteco! Más aún: adiestramiento profundo en las artes y las ciencias, no sólo en educación física.
De hecho, en la antigüedad, las olimpiadas comprendían encuentros musicales y literarios, a más de competencias atléticas, hasta que fueron suprimidas en 394 por Teodosio I (el mismo que impuso el cristianismo como religión oficial), en su delirio por combatir toda expresión “pagana”. Con ello abrió la puerta a la era medieval —una era de la que pareciera no poder salir Guatemala, ni en el arte, ni en la ciencia, ni en el deporte.
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